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La Argentina está insolvente e ilíquida, sin embargo. No paga sus cuentas con los organismos internacionales, los acreedores privados, las empresas de servicios públicos, los ahorristas, los funcionarios públicos y los jubilados, entre otros.
La deuda externa supera 150% del producto bruto y 600% de las exportaciones.
Los vencimientos anuales bajo el endeudamiento superan los u$s 20.000 millones, duplicando, aproximadamente, las reservas del Banco Central.
Las empresas de servicios públicos sufren la devaluación y la inflación, cobrando sus ingresos en pesos sin ajustar.
Los ahorristas tienen todo tipo de restricciones para cobrar sus depósitos.
Los funcionarios públicos y jubilados ven reducidos sus ingresos.
El actual respiro y supuesta felicidad se basa en el no cumplimiento de las obligaciones. Como un insolvente que un día decide no pagar más lo que debía, ni los intereses ni las distintas cuentas mensuales.
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