Lo aseguró el vicepresidente desde EEUU, donde se encuentra con unos 30 empresarios argentinos. Scioli le comentó sus intenciones a la alcalde de la ciudad de Atlanta, Shirley Franklin.
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Scioli visitó a la funcionaria, de extracción demócrata y la primera de raza negra que gobierna esta ciudad con duro pasado segregacionista, y se interesó por un programa que tiene Atlanta con el auspicio de las Naciones Unidas para entrenar a intendentes de todo el continente. Ese programa tiene previsto realizar en los próximos meses un seminario con intendentes de la Argentina que debió formalizar Julio Pereyra, que gobierna Florencio Varela en nombre del peronismo pero que canceló su viaje junto a Scioli y el senador José Zavalía por "razones familiares", según se explicó con sorna en la delegación. Pereyra es uno de los principales soportes de Néstor Kirchner entre los caciques del conurbano y preside la Federación Argentina de Municipios, un lobby gubernamental que desde hace algunos años el peronismo domina con la intención de enfilarlo detrás de sus proyectos.
Claro que los problemas familiares de Pereyra son los que se discuten entre los Kirchner y los Duhalde, que deben cerrar o un divorcio o una renovación de votos de fidelidad en la provincia de Buenos Aires.
La alcalde Franklin le expuso a Scioli detalles de cómo está organizada en Atlanta la explotación del aeropuerto, hoy el de mayor tráfico de pasajeros de los Estados Unidos, con intervención del estado municipal y la actividad privada. Ese aeropuerto le brinda una renta a la ciudad de Atlanta que duplica su presupuesto anual de U$S 4.000 millones. Con esa renta la ciudad coloca títulos con respaldo de recaudación a futuro en Wall Street y financia nuevas obras.
Cuando Franklin preguntó a Scioli cuál era el interés por esos entuertos comunales, el vicepresidente respondió que "entre mis proyectos figura alguna vez gobernar la ciudad de Buenos Aires". Contó que en viajes anteriores a Rusia y a Bogotá se había interesado en el funcionamiento de sus administraciones locales con el mismo propósito.
Ahí mismo la interesó a Franklin en participar de una previa del programa de entrenamiento de las Naciones Unidas para intendentes que se hará un día antes de que comience la cumbre de presidentes en Mar del Plata en noviembre próximo. En esa oportunidad intendentes de toda América participarán de un taller con los cancilleres de todos los países que participarán de la cumbre. Claro que Scioli debió dedicar tiempo el resto del día a darle contexto a esa frase como una expresión de deseos pero no como un proyecto con fecha ni, aun menos aclaró, como un lanzamiento de candidatura. Cualquier desliz en este sentido golpearía, como golpeará, en la piel sensible de la política porteña, castigada por la crisis pos Cromagnon que vive la administración de Aníbal Ibarra.
Esa crisis hizo correr versiones de renuncias, procesamientos, juicios políticos, intervenciones, todo lo cual se sumó a la pelea por el control del peronismo porteño, que ha dividido a todas las tribus del oficialismo.
Pocos minutos después de la entrevista con Frankin, Scioli fue recibido por el gobernador republicano Sonny Perdue, un veterinario y empresario que está dedicado a promover la elección de Atlanta como sede del ALCA frente a las pretensiones de Miami y de Panamá. En una charla privada y más tarde en una reunión más amplia con funcionarios y periodistas, Perdue destacó el interés de Atlanta de disputarle el lugar a otras ciudades que quieren ser el portal para el ingreso de América Latina en Estados Unidos.
Scioli repitió su lema como la nueva misión del Senado que preside de promover, según un mandato constitucional, las economías regionales y aprovechó la final de la NBA para proclamar: "Argentina es Maradona, pero también Ginóbili". Perdue fue acosado en esa oportunidad por los periodistas para que comentase el fallo de la Suprema Corte de su país que el jueves sancionó un histórico recorte al derecho de propiedad. Esa jurisprudencia, anunció Perdue, no se aplicará en este estado de Georgia porque la base de la economía de los Estados Unidos, dijo, es el respeto al derecho de propiedad. Según la Corte un ciudadano puede ser forzado a vender su propiedad si el comprador propone llevar a cabo un emprendimiento de "interés público", como por caso aumentar significativamente la producción, crear nuevos empleos, etc. Esta suerte de "confiscación privada" es el centro de las polémica aquí y tapó en pocas horas el debate sobre las lindezas de la vida privada de Hillary Clinton que deschavó uno de sus biógrafos.