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Al margen de lo que se publicó en la revista «Soldados», a Balza le molestan estas asociaciones de Bendini. Más, inclusive, que a otros retirados a quienes se les pretende endilgar una campaña contra el jefe del Ejército. Pero Balza, curiosamente, no logró adhesiones a su ira en medios generalmente proclives a sus posiciones anteriores, con lo cual se demuestra que éstos se encuentran más cerca del ahora prudente Presidente que del futuro embajador. Sí, en cambio, logró respaldos por parte de Estela de Carlo-tto (Abuelas de Plaza de Mayo), con quien lo une una obvia comunicación, y del historiador Robert Potash, hombre que accedió a ciertos archivos gracias a Balza y también a otros hombres más vinculados a la historiografía, como el marino Perren.
¿Podrá decirse que Bendini hablaba sin la venia oficial? Es posible, pero a su lado estaba el ministro Julio De Vido, hombre de máxima confianza del Ejecutivo. También estaba el secretario de Turismo, Enrique Meyer, quien por su intimidad fue elegido para suplantar al díscolo -en su momento-Daniel Scioli. Por no hablar del intendente y de otros funcionarios allegados a la actual administración. Tampoco parece casual la referencia del responsable oficial de Medios, el vocero Miguel Núñez, quien habló de «anteriores conducciones» como fogoneros de las críticas a Bendini, hoy puesto en la superficie como torpe e impolítico. El jefe del Ejército -al margen de excentricidades políticas o geopolíticas-ha interpretado lo que piensa Kirchner en relación con incrementar el poder de las guarniciones patagónicas (en rigor, el plan de un general que el Presidente pasó a retiro, Daniel Reimundes).
Hay otros dos hombres que aparecen en el aire, como atrapados en esta cuestión. Uno es el general Mario Crethien, segundo de Bendini y antes vinculado a Balza (hasta le han colgado apelativos en ese sentido). Otro es el retirado general Julio Hang, hoy asesor del ministro José Pampuro, más antiguo que Bendini, ambos de la misma arma inclusive. Todos saben en lo que están, incluyendo al propio Bendini, que no puede alegar ignorancia al levantar propuestas o ideas que pare-cen del estilo Mohamed Alí Seineldín. Es, en suma, quizás el viejo antagonismo de «liberales» contra «nacionalistas» en el Ejército -donde, casi siempre perdieron los «nacionalistas» tipo Bendini-, aunque justo es admitir que Balza siempre se salió de esa norma: cuando era capitán, mantenía buenas relaciones con los «33 orientales» (grupo nacionalista), luego consintió el liberalismo de la época menemista y, por último, se afilió al kirchnerismo. Sin olvidar, claro, su actividad en la fuerza en los «años de plomo» y su reconversión posterior en defensa de los derechos humanos.
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