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28 de octubre 2002 - 00:00

Una canallada

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La Fundación Felices Los Niños no es una obra asistencial más. No es un «calma conciencia» cercano al domicilio al que se concurre -y se disputa con celo- para llenar las horas que sobran: abarca desde Formosa hasta Santa Cruz; desde Hurlingham hasta Chacarita, en la Capital.

No hablo sin conocimiento: desde hace 2 años y pico entre 25 y 30 de esos niños de 10 a 14 años -mínima parte del inmenso conjunto- concurren sábado por medio, cuando está a mi cargo, a jugar fútbol, almorzar y merendar hasta las 18 horas con mi propio hijo de 11 años a mi ex casa en Castelar. Así le enseño a conocer el otro lado de la vida a mi hijo. A esos almuerzos alegres de los sábados concurre siempre, salvo excepciones, el padre Grassi, que inclusive le impartió la primera comunión a mi hijo allí, en la modesta capilla de la Fundación en Hurlingham.

Conozco, entonces, al padre Grassi y estando circunstancialmente en Estados Unidos me impactó la noticia de su detención. Aprendí a valorarlo. Más de 40 años de periodismo, a su vez, conociendo miles de personajes de la vida pública de toda calaña, buenos, muy buenos y miserables me han curtido, hasta en exceso, para saber juzgarlos. Las acusaciones contra el padre Grassi son una canallada infame y lo hemos hablado mucho por los recelos que su obra despertaba. Enormes recelos, me consta.

Por empezar el que vomita el ataque vil es una empresa delictiva. ¿O no lo es quien como «Clarín» ha sido capaz de cohesionar al Congreso Nacional degradando legisladores para que le aprueben leyes a su gusto como la de quiebras. O la «cultural» o la de radiodifusión ahogando, para silenciar la competencia, a 7.000 radios en todo el país a las que obliga a mantener sin autorización, presionando también a un organismo público desvirtuado y propicio a arbitrariedades como es hoy el COMFER?

Si es delictiva la empresa madre no pueden ser menos que miserables sus ediciones y programas como el llamado «Telenoche Investiga» que lanzó la diatriba. Lo venden sus antecedentes. Hace dos ediciones engañó a la gente mostrando una argentina «nazi» en los años '30 con tanques de combustibles en la Patagonia con una cruz esvástica. Pero tan burdo fue el engaño y tan torpes los productores del programa -los mismos que ahora agreden al fundador de Felices Los Niños- que no se dieron cuenta de que las cruces del signo de los tanques estaban al revés de la esvástica nazi (correspondían esos tanques y esos signos identificatorios a una marca que comercializaba la empresa de la inglesa Shell descargados en la Patagonia argentina a comienzos de 1910, años antes de que el Partido Nazi alemán fuera fundado por Adolfo Hitler.





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