ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

31 de julio 2006 - 00:00

Alimentar memorias y perpetuarlas, almacenar momentos y difundirlos

ver más
Horacio Coppola, «Calle Corrientes», 1936-2006. Impresión en gelatina de plata sobre papel.
Escribe Melina Berkenwald

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Desde hace ya tiempo, la cámara de fotos se convirtió en un bien necesario, en un acompañante fácil de llevar y utilizar, en un objeto que gracias a la llegada de las tecnologías digitales puede dar origen a material eterno o efímero, según el destino que le toque. Decía el teórico canadiense Harold Innis que cada tecnología podía estudiarse tomando en consideración la relación de desequilibrio (dado que difícilmente se logra el equilibrio) que contiene con respecto a las variables de tiempo y espacio. Un análisis semejante, de lo eterno y lo efímero, informaría sobre cuánto beneficio brinda cada medio a lo «durable» en el tiempo o a lo «expansible» en el territorio que abarca.
Es más, este criterio de análisis permitiría incluso entender el contexto histórico al cual dicha tecnología pertenece, como si el desequilibrio de una tecnología pudiese ser eco del desequilibrio del ámbito social que le dio origen y lo contiene.
Es obvio que desde sus inicios, la fotografía tuvo como objetivo capturar una partícula de lo visible para dar así durabilidad a ese nuevo fragmento casi robado del entorno. Por otra parte, la creciente facilidad de copiado a escala proporcional, con su cada vez más bajo costo, le dio a la imagen fotográfica la posibilidad de su gran difusión, hoy ya sin límites imaginables.
Bajo esta lupa, cabe pensar que la fotografía es una tecnología que pudo ir de un extremo a otro de la ecuación propuesta por el pensador Innis. Hasta es posible inferir que hoy, más que nunca, podemos inclinar la fotografía para uno u otro lado de la balanza -haciéndose durable o diseminándose velozmente de un lado a otro- según nuestra conveniencia o problemática momentánea.
A estas imágenes que toman vida gracias a la luz y a procesos que no dejan de tener la magia del aparecer y el revelarse, se les rinde especial homenaje durante los meses de agosto y setiembre.

HOY COPPOLA
CUMPLE 100 AÑOS

Una cantidad de exhibiciones en distintos y variados espacios culturales del país, ya sea en paralelo o formando parte de la nueva edición del Festival de la Luz, dan cuenta del largo camino recorrido y alcanzado por este medio democrático y necesario por excelencia.
Con una muestra de fotografías titulada «Horacio Coppola. 100 años», el MALBA Colección Costantini, en colaboración con Galería Jorge Mara La Ruche, rinde homenaje a este fotógrafo y cineasta de excelencia que hoy mismo, 31 de julio, cumple 100 años.
La exhibición, que se inaugura el 4 de agosto y se extiende hasta el 11 de setiembre en la Sala 3 del MALBA, reúne fotografías tomadas entre los años 20 y 40, abarcando así momentos y trabajos emblemáticos como la serie «Buenos Aires», que fue hecha por encargo de la Municipalidad en 1936 para conmemorar los 400 años de la primera fundación de la ciudad.
Si las fotos de Coppola hablasen, sus encuadres de perfección milimétrica tendrían la fuerza de una quietud que aturde. No por nada muchas de sus tomas denotan un paisaje urbano silencioso y vacío, casi de siesta, como si la presencia de la cámara y de su dueño fueran ya suficiente muchedumbre dentro de la vida propia de la ciudad y de sus arterias. En todas la imágenes se percibe una pureza compositiva, casi fría, entendible en la consigna estética de quien obtura el gatillo de la cámara y da en el blanco. La muestra también abarca los años en los que Coppola viajó y vivió en Europa, especialmente durante su estadía en Berlín, e incluye, entre otros trabajos, sus homenajes al cubismo o sus juegos con muñecas. Fueron los tiempos en los que él inicia su relación con quien sería su mujer, Grete Stern, quien le permite contactarse con el entonces director del Departamento de Fotografía de la Bauhaus, el fotógrafo y matemático Walter Peterhans.
En el contexto de esta exhibición, y gracias a un importante proyecto de restauración a cargo de Fernando Martín Peña, responsable de malba. cine, se podrán ver por primera vez en formato digital tres films realizados en 16 mm entre 1933 y 1936, que desde hace décadas no tienen exposición pública: «Traum» (1933), «Un dique en el Sena» (1934) y «Así nació el Obelisco» (1936). De esta forma, la muestra da voz a una época y promete ser un registro histórico filtrado por el buen ojo de un maestro.

CENTRO CULTURAL RECOLETA
Dentro de la sintonía de este mes de carácter lumínico, el Centro Cultural Recoleta será una de las sedes principales del Festival de la Luz, coordinado por Elda Harrington y Alejandro Montes de Oca. El Recoleta presenta 19 exposiciones argentinas y extranjeras que muestran el amplio y variado uso del arte fotográfico.
La extensa programación incluye la mu-estra titulada «Paisajes», del argentino Eduardo Gil. Este fotógrafo de gran trayectoria presenta una serie de retratos en donde la persona fotografiada posa con los ojos cerrados. Se elige no ya el paisaje ciudadano, sino aquella topografía escondida en cada rostro en una mínima expresión.
Cada foto de esta muestra indefectiblemente nos convoca frente a frente con el retratado, cuyo rostro de párpados bajos, sumados a la simpleza de cada encuadre, provoca en nuestro ojo una sensación de extrañamiento producida justamente por la imposibilidad de hacer «contacto visual» con lo habitualmente acostumbrado.
La muestra no puede dejar de convocar a la memoria esa famosa foto de Jorge Luis Borges con sus ojos cerrados tomada por Eduardo Comesaña en 1969, «Los ojos ciegos bien abiertos de Borges» (1969). Otro fotógrafo argentino convocado es Cayetano Arcidiacono, que también presenta obra reciente en otra muestra de título «Quiénes eran». En sus fotos los protagonistas son como retazos humanos, a veces rostros o fragmentos vistos ya desde un lugar de drama y penumbra que se metaforiza en máscaras o vendajes que parecen esconder o dar pruebas de heridas o accidentes, en donde el blanco y el negro clásicos de la fotografía se realzan en contrastes. (Ambas muestras se exhiben en la Sala C.)
De los artistas del exterior, Jean Baptiste Huynh, francés de origen chino, presenta un trabajo sobre Japón que transmite desde un refinamiento austero las particularidades y excentricidades de dicha cultura tan distinta y lejana (Sala 10). Durante estos meses también se presenta una instalación multimedia del artista Colombiano Rodrigo Facundo, bajo la curaduría de la colombiana María Iovino, quien explica que para esta muestra el artista «realiza un paralelo entre memoria y fotografía, a partir del cual deniega el papel estático y documental de la fotografía y de la memoria». En dicha instalación, el título, «La punta de la lengua», sustenta el concepto del artista y hace de soporte de la muestra.
No se trata ya de la fotografía impresa o detenida, sino, y por sobre todo, de su proyección o reflejo, que nos acercan a la levedad y la transparencia siempre presentes en la luz y en la operación fotográfica.

EXTRANJEROS
A la vez, el artista se remite a la pintura como punto de partida para cuestionar problemáticas centrales de ambos medios, como ser el peso de la imagen, su bidimensionalidad, la horizontalidad del plano (Sala 8).
Otras muestras que prometen interés son la colectiva «Foto arte» de artistas alemanes que incluye obras de Dieter Appelt, Anna Blume, Astrid Klein y Sigmar Polke entre otros (Sala J), la exposición colectiva de fotógrafos contemporáneos peruanos con la curaduría de Roberto Huarcaya (Sala 12) y una exhibición de jóvenes fotógrafos de Curitiba, Brasil (Sala 3).
La lista sigue y sigue, tanto en otras salas del Centro Recoleta como en muchísimas salas y espacios culturales de todo el país. El festival y sus muestras aledañas celebran así a la cámara oscura, a las partículas de plata, al portarretratos, al cine, a los píxeles y al ya inimaginable futuro de este medio que es incluso parte de la telefonía celular.
No cabe ninguna duda: la fotografía sigue balanceándose en forma intermitente en nuestro aquí y ahora.
Si las fotos de Coppola hablasen, sus encuadres de perfección milimétrica tendrían la fuerza de una quietud que aturde.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Otras noticias