El Gobierno deberá transitar un año con problemas evidentes, muchos objetivos y pocos instrumentos.
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De cara a 2020 el Gobierno asume con una economía que tiene problemas muy evidentes, y si bien presenta algunas oportunidades, lo cierto es que el Gobierno parece tener muchos objetivos y pocos instrumentos. A su vez, debe atacar, problemas de corto plazo como la deuda, el financiamiento del Estado y la cuestión monetaria, así como temas más duros de roer, como la inflación, el estancamiento crónico, la altísima presión tributaria y la caída de la productividad. En este contexto de muchos y disímiles desafíos es necesario tener un plan integral que no sólo apunte a recuperar la economía a corto plazo, sino a sentar las bases para atraer inversiones y generar empleo a largo plazo.
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En 2020, el nuevo Gobierno se va a encontrar con un panorama de fuertes restricciones presupuestaria y financieras. Los pagos por los servicios de la deuda ascienden a más de u$s60 mil millones y el Estado argentino no logra atraer nuevos acreedores para renovar la deuda. Por ello es que se espera una renegociación. En estas condiciones se busca lograr una postergación de los pagos de la deuda, pero naturalmente no se podrá hacer por el total, por diversas razones, en parte porque hay que ver qué condiciones aceptan los tenedores internacionales y, en segundo lugar, habrá que ver qué condiciones pueden sostener los tenedores locales.
En los últimos 4 años el déficit primario del sector público se redujo de 3,8% del PIB en 2015 a un esperado 0,5% en 2019. El déficit primario es la porción del gasto primario (el gasto que no incluye intereses, o sea, jubilaciones, salarios, subsidios, obra pública, universidades, etc.). Si el Gobierno quiere subir este gasto, por ejemplo, con un bono a jubilados, programas de sociales, etc., se encontrará que no tiene recursos para cubrirlo, de hecho, no tiene recursos para cubrir el déficit primario actual. Esos recursos se podrán obtener de más impuestos o de emisión monetaria, porque será difícil conseguir un préstamo en medio de una reestructuración de la deuda. En el primer caso, se verá un efecto contractivo de la actividad económica; y en el segundo, se verá una presión inflacionaria.
A ello se le suma el objetivo de bajar la tasa de interés. Hoy la economía argentina no genera altos niveles de confianza, claramente. Por ello, es difícil que aparezca nuevo ahorro en el sistema financiero que permita bajar las tasas de interés de los préstamos. Si el banco central quiere forzar esa baja, deberá emitir nuevos pesos para que crezca la oferta de crédito.
Finalmente, está el control de cambios que posiblemente sufra alguna modificación. El control de cambios actual tiene un esquema diseñado por un gobierno que terminaba y con el objetivo de calmar las aguas hasta el final. Pero claramente, no le sirve muy bien a un gobierno que recién comienza y que necesita traer inversiones (que claramente no serán atraídas si no se pueden cobrar los dividendos) y fomentar las exportaciones. En el corto plazo, sin embargo, el control de cambios puede permitirle al Gobierno adquirir reservas, que para ser adquiridas necesitarán una nueva emisión monetaria.
Como consecuencia, 2020 tendrá varias fuentes de emisión monetaria: el financiamiento del déficit primario, la baja de la tasa de interés, los pagos de deuda en pesos que queden después de la reestructuración y la compra de reservas. De esta manera, la emisión monetaria y, por lo tanto, será la caja de resonancia y la gran restricción del Gobierno. Si se emite en exceso la inflación se podría acelerar, sobre todo teniendo en cuenta que la demanda de dinero viene muy débil, y si bien, por ahora, se recompuso artificialmente por el control cambiario, no deja de ser una variable fuertemente anclada en las expectativas. Lograr cierto equilibrio será vital para que el programa no falle a corto plazo, pero no garantiza un éxito.
Para logra un éxito será necesario de una buena vez enfrentar los problemas estructurales como el estancamiento crónico, la caída de la productividad y la inflación, entre otras cosas. Sin embargo, al parecer 2020 estará signado por los desafíos de corto plazo, que es lo que hoy se vislumbra más claramente.
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