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Historias de amor, diferencias de aprendizaje lingüístico entre los ejecutivos extranjeros y sus esposas, visitantes que ahora van a «zonas de pueblos originarios» y antes venían a observar a los piqueteros o las villas, precios dolarizados del alquiler temporario de departamentos amueblados en San Telmo, Floresta, Villa Crespo, Palermo o «el Down Town», están entre otros tantos indicadores del boom turístico de la Argentina, que saltan a la vista en plena City porteña con sólo atravesar un histórico portón de 25 de Mayo 221 donde una nota, entre muchas de una poblada cartelera, indica a los visitantes que se está en The Faculty of Philosophy and Letters of the Buenos Aires University (o sea en la facultad donde Jorge Luis Borges supo enseñar literatura inglesa) en el área de The Laboratory of Languages. Esa cartelera registra de entrada interesantes datos y testimonios que muestran la convocatoria turística de nuestro país y confirman el tan mentado «Buenos Aires está de moda en el mundo». «Soy inglés, farmacéutico, tengo 32 años, estudio español y quisiera hacer intercambio con native speakers», anota Cristian y deja un teléfono y una dirección de e-mail. «Soy una estudiante de Alemania, me llamo Anne, tengo 23 años y estudio español acá. Me gustaría hacer un intercambio para hablar/practicar ambas lenguas con estudiantes argentinos.» Si uno se lanza a imaginar hasta dónde pueden llegar esos «intercambios culturales» seguramente no se equivocará. La gente relacionada con el Program of Spanish for Foreigns, con el exitoso Programa de Español para Extranjeros, archiva en su mente historias de pasiones instantáneas, fogosas y angustiadas entre foráneos y aborígenes, y entre extranjeros. Por caso, el de un sueco y una japonesa que usaron el español como puente de encuentro. El de la inglesa desesperada que necesitaba aprender argentino en dos días no sabía si para echar a un porteño de su departamento o llevárselo a vivir con ella en Chelsea. O el muchacho de Boedo que necesitaba chapurrear algo de danés «porque la flaca se me va y ya no me habla en castellano ni que me arrodille».
Ventajas de estudiar acA
«Desde hace ya varios años hay un pronunciado crecimiento, año a año, de gente que viene del extranjero a estudiar español en la Universidad de Buenos Aires. A fines de los 90 venían algunos europeos y norteamericanos. Ahora vienen de todo el mundo, de países que la gente no se imagina. Tenemos alumnos daneses, noruegos, fineses, irlandeses, japoneses, chinos, coreanos, estadounidenses, canadienses, ingleses, franceses, brasileños. La variedad es impresionante. En los cursos se junta gente de distintos orígenes y, por lo tanto, con distintos idiomas, y uno se emociona al ver que utilizan el español como lengua franca, que un noruego se entiende con una nipona usando nuestro idioma. La primera explicación es que a ellos los cursos les resultan baratos; uno intensivo, durante ocho semanas, les cuesta unos 250 dólares o 200 euros. Pero lo económico de estudiar en la Argentina no es la gran razón de que vengan acá», comenta Elizabeth Daghlian. Daghlian, profesora de castellano, literatura y latín con un posgrado en la Universidad de Maryland, coordina junto con la profesora Vera Cerqueiras el Programa de Español para Extranjeros de la UBA, y el panorama de alumnos que ofrece es admirablemente amplio y estimulante. «Hay quienes vienen por Buenos Aires, usan la ciudad como punto de partida para recorrer el país, y quieren de paso aprender el idioma. Están los que vienen por el tango. Los que a la mitad de su vida deciden tomarse un año sabático y eligen la Argentina y estudiar acá. Están los que vienen a hacer cine, a trabajar en algún sector de esa industria o a estudiar cine, por ejemplo una renana que cursaba en la universidad que dirige Antín y sólo hablaba alemán. Están los jubilados que vienen de paseo y deciden quedarse porque les gustó o porque tienen parientes y necesitan aprender a comunicarse con nosotros. Y están los que son mayoría, los estudiantes. No sólo los que vienen a estudiar el español donde se lo habla, sino también a cursar un cuatrimestre en alguna facultad de la UBA. Hay muchos que van a Arquitectura o Filosofía y Letras. Les suma créditos el haber estudiado en una universidad del extranjero, y la Universidad de Buenos Aires mantiene su prestigio internacional. Tenemos acuerdos con distintas universidades de los Estados Unidos que toman cursos de un cuatrimestre según el área de su interés. En los últimos años hemos tenido un incremento notable de esos contingentes. Y esos estudiantes luego nos recomiendan a otros, que tiempo después vienen. Nos recomiendan porque los argentinos los tratamos bien, somos cordiales, afables y Buenos Aires tiene una vida cultural que ellos no tienen en sus países». Cuando Elizabeth Daghlian comenta todo esto la interrumpe una mujer de unos cincuenta años, que explica: «Soy brasileña, no sé nada de español, voy a estar dos meses, quiero aprender». Elizabeth sonríe: «Usted algo sabe». «No sé nada, quiero aprender», insiste la carioca. «Bueno, le voy a tomar un test». «No quiero test, quiero aprender». Elizabeth le pide que llene un pedido de inscripción y que la espere un momento. «Están viniendo muchos brasileños a estudiar en nuestras universidades lo que es directamente de grado, posgrado o maestrías. Hay un saber específico que manejan las facultades acá que en los países de origen de esos alumnos no conocen hasta prácticamente el final de la carrera o sólo haciendo un posgrado». El panorama parece excesivamente bueno, casi milagroso. Mas aún cuando la coordinadora del Programa de Español para Extranjeros señala al pasar que tienen unos 25 cursos con entre 10 y 20 alumnos, lo que no es común a esta altura del año. Y que a eso hay que sumarles los que van a las universidades privadas y a las escuelas o institutos particulares de idiomas. «Todo indica que está viniendo mucha gente que suma cultura, paisajes, historia, estilo y aprender el idioma.» ¿Nada malo? ¿Nada que se haya caído? «En los años 90 teníamos en los cursos a muchos ejecutivos extranjeros que venían a trabajar por un tiempo determinado, había cursos after office, de 18 a 20, ya no. Creo que es porque a los corporativos ahora les dan estos cursos directamente en sus empresas. Lo que tenemos en nuestros cursos son las esposas de los ejecutivos, que suelen venir en los horarios de la tarde.»
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