«No hay ninguna fiesta, aunque alguna por definición sea triste, que no
incluya al menos un principio
de exceso y jarana», aseguró el
escritor francés Roger
Caillois.
Escribe Silvia Montenegro
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Vestimentas, artesanías, danza, gastronomía, rituales, las fiestas populares ponen en escena la cultura de un pueblo, presentan una síntesis de su memoria e idiosincrasia y, de esta forma, la mantienen viva. Los indígenas creían en la condición mágica de sus fiestas, que aseguraban por anticipado mujeres fecundas, ricas cosechas, guerreros valientes, caza abundante y una pesca fructífera. Roger Caillois, escritor y sociólogo francés que vivió en la Argentina durante la ocupación alemana de su patria, calificó a las fiestas populares como una renovación profunda del mundo, como un rito sagrado en las culturas: «No hay ninguna fiesta, aunque alguna por definición sea triste, que no incluya al menos un principio de exceso y jarana. Ayer u hoy, la fiesta se caracteriza siempre por la danza, el canto, la agitación, la abundancia de comida y de bebida. Hay que darse el gusto, hasta agotarse, hasta caer enfermo. Es la ley misma de la fiesta». Según ese ensayista -admirado por Jorge Luis Borges y ayudado en su exilio por Victoria Ocampo, que reconocía su enorme talento-, en las civilizaciones llamadas primitivas, las fiestas duraban varias semanas o meses. Podían invertir años en reunir la cantidad suficiente de víveres y riquezas que se verían no sólo consumidos con ostentación, sino también derrochados pura y simplemente porque el exceso es la esencia de la fiesta.
Brasil, alegria del sincretismo
Cuarenta días antes de Pascua comienza uno de los carnavales más fascinantes del mundo, el brasileño. El primer desfile oficial de escolas de samba de Rio de Janeiro sucedió en 1935. Desde entonces, la fiesta se profesionalizó al punto de convertirse en un millonario espectáculo de lujo y belleza. Actualmente se celebra en casi todo el territorio, pero la alegría y el despliegue cariocas lo convirtieron en la mayor manifestación popular del mundo. La ciudad entera es decorada para la ocasión, desfilan exuberantes escolas de samba con espectaculares carrozas, se hace la elección del rey Momo, la reina, y sus princesas. Las entradas para ver los desfiles se venden con meses de anticipación y los derechos de transmisión televisiva se cotizan como los grandes partidos de fútbol o los juegos olímpicos. Además de los desfiles oficiales, la ciudad ofrece bailes, concursos, shows, gastronomía y, durante el día, atractivas playas. El carnaval de Bahía también es una fiesta plural que muestra al mundo cómo es posible convivir en paz, armonía y, sobre todo, divertirse mucho. Los escenarios musicales ambulantes son seguidos por más de dos millones de personas, que recorren 25 kilómetros de calles y avenidas. En Recife y Olinda, en el estado de Pernambuco, la danza típica llamada frevo es la que comanda la fiesta. El sábado que antecede al carnaval, cerca de un millón de personas invade las calles de Recife para bailar con el Gallo de Madrugada, el mayor símbolo del carnaval multicultural pernambucano. Todas las culturas, generaciones, creencias y etnias se mezclan en el carnaval callejero más importante del mundo. Tiene frevo, pero también maracatu, caboclinho, ciranda, coco, samba, rock, reggae, manguebeat, y shows con más de 180 artistas nacionales y regionales. Hay un espectáculo diferente en cada esquina. Muy cerca de Recife, en Olinda, ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO, famosa por su arquitectura colonial, desfilan los muñecos gigantes, que son tan famosos como los de Rio de Janeiro y los de Venecia. Pero en Brasil no todo es carnaval. El Festival de Parintins, que se realiza en junio, es la manifestación folklórica y religiosa más importante, y la fiesta popular más grande después del carnaval. Parintinenses y turistas se mezclan con seguidores disfrazados de indios o de animales, que integran las carrozas adornadas. Alrededor de 40 mil personas por noche llenan el «bumbódromo», especie de estadio construido para la fiesta.
Juergas exóticas
En Portugal, de Norte a Sur hay innumerables celebraciones religiosas que tienen lugar sobre todo en verano, o sea de junio a setiembre. Como manda la tradición, las ciudades se adornan de colores que invitan a la fiesta de Nuestra Señora de la Agonía, en Viana do Costelo, o Nuestra Señora de los Remedios, en Lamego. La ocasión es ideal para conocer las romerías antiguas y probar platos tradicionales. Las ferias árabes y medievales recuerdan los pueblos que pasaron por el suelo portugués. En el Norte, en Santa María da Feira, o en el Algarve, en Castro Marim y Cacela Velha, se realizan los festivales de la Cerveza y del Marisco. También en el verano europeo se desarrollan las Sanjoaninas, fiestas paganas de las Azores, especiales para los turistas que buscan la isla Terceira para vivir las costumbres y tradiciones portuguesas. Las Sanjoaninas, que se remontan al siglo XVI, comienzan con el cortejo de inauguración y desfile de la reina, y siguen por varios días con actos culturales, recreativos, etnográficos y deportivos. Un punto alto de las fiestas es la feria taurina, que incluye corridas en la plaza y sueltas de toros. Las fiestas religiosas son una excelente oportunidad para entrar en contacto con la cultura y las tradiciones de las gentes del Minho. En la bellísima ciudad de Viana do Castelo, del 19 al 22 de agosto se realizan las Fiestas de la Señora de la Agonía. Desde el siglo XVIII, los pescadores ruegan a la virgen que los proteja en el mar. Cortejos de chicos, vestidos con trajes tradicionales, bailan al son de los bombos de los Zabumbas, mientras desfilan los Gigantones. En Sudáfrica, país de clima agradable y fauna salvaje, las fiestas populares también son muy pintorescas y una real atracción turística. Muchas nacieron a partir de las elecciones de 1994, cuando Nelson Mandela asumió la presidencia. Así, hoy el Día de la Promesa, que conmemora la masacre de los zulúes ocurrida un 16 de diciembre, ha pasado a denominarse Día de la Reconciliación; y el Día de Soweto, que conmemora las revueltas estudiantiles que condujeron a la liberación, ha pasado a ser el Día de la Juventud. En julio Grahamstown, en el Cabo Oriental, organiza el Festival Nacional de las Artes. El gran Festival Arts Alive se celebra en Johannesburgo en setiembre y octubre. En Pretoria se celebra el Festival del Jacarandá durante la tercera semana de octubre, cuando esas flores están en su esplendor. El popular Pretoria Show se hace en la tercera semana de agosto. En Sudáfrica existen diversas religiones, etnias y se hablan más de 10 lenguas.
De verbenas y romerías
Devotas procesiones y llamativas verbenas se suceden durante todo el verano en los rincones más hermosos de Madrid. Los mantones de Manila y claveles surgen, como en los poemas de García Lorca, en las celebraciones de los distintos patronos, que se realizan entre julio y agosto. Los barrios de Chamberí y Puente de Vallecas son protagonistas de las Fiestas del Carmen. Se desarrollan del 16 al 25 de julio y durante una jornada se efectúa la Batalla del Agua, en la que vallecanos y visitantes se lanzan baldes de agua durante toda la tarde. San Cayetano se celebra el 7 de agosto en las zonas de Cascorro y el Rastro. Los fieles deben conseguir una de las flores que adornan la carroza donde se exhibe el santo para tener trabajo y comida asegurada durante todo el año. El 10 de agosto, el barrio del Lavapiés celebra la festividad de San Lorenzo con una procesión que recorre las calles que antaño formaron la judería madrileña. La verbena de San Lorenzo se celebra el 14 de agosto con distintos concursos y carreras. Del 6 al 15 del mismo mes, llegan las fiestas dedicadas a la Virgen de la Paloma, patrona de los madrileños. La procesión se celebra el 15, el momento más esperado para los fieles. Y para despedir el verano, se realiza la Fiesta de la Melonera o la Natividad de la Virgen del Puerto cerca del castizo Parque de la Arganzuela. Se celebra en la primera quincena de setiembre y tiene como día cumbre el 12, con misa y procesión. Pasar Semana Santa en la ciudad de Zamora es una experiencia que excede lo religioso para sumar tradición, sentimientos, vistosidad y divertimentos que han hecho que sea reconocida como la «Semana grande» de Zamora y considerada de interés turístico internacional desde principio de los años 80. Ubicada al noroeste de la península, la medieval urbe quintuplica su población durante esos días. El origen de la Semana Santa de Zamora se remonta al siglo XIV, en el que se crea la más antigua de sus cofradías, la de la Santa Vera Cruz, y hasta hoy se realizan imponentes desfiles procesionales y se representa de modo espectacular la Pasión de Cristo. Las fiestas populares de Valencia son famosas por la pluralidad y por sus rasgos mediterráneos. De todas, se destacan especialmente las Fallas. Dedicadas a San José, estas fiestas hacen de Valencia una ciudad peatonal. El ambiente festivo comienza con la instalación en plazas y esquinas de más de 700 monumentos o muñecos, algunos de los cuales alcanzan los 25 metros de altura. El acto más multitudinario es la Ofrenda de las flores a la Virgen de los Desamparados, con el desfile de las vistosas falleras. También hay concursos y exhibiciones de paellas y de buñuelos con chocolate.
De guateque en América
Cada año en Costa Rica se celebra la Fiesta de la Virgen del Mar. Dice la historia que en 1913, en la pequeña ciudad de Puntarenas, una especie de lengua de tierra de varios kilómetros de largo y unos 400 metros de ancho, corrió una terrible noticia: el Galileo, con toda su tripulación de pescadores a bordo, había naufragado cerca de la Isla del Caño. El pueblo entero oró por días, y el milagro sucedió. Los tripulantes, que fueron trasladados a Puntarenas por un barco que los rescató, no dejaban de mencionar a una bella mujer que, en medio de la horrible tempestad y la tragedia, los alimentó, acompañó y dio fuerza para mantenerse vivos hasta que fueron rescatados. A partir de allí en julio todos los pescadores, grandes y pequeños, como una sola familia, salen por el Golfo de Nicoya a rendirle honor. Un mes antes, en junio, los pueblos indígenas de Ecuador recuerdan a los dioses cósmicos: al Intiyaya, el dios sol, a la Pachamama, la madre tierra, a la Killamama, la luna, a los Urcus, los cerros y montes, y otros fenómenos naturales, agradeciéndoles por una rica cosecha. Como en la antigüedad, se trata de la Fiesta del Sol, una ceremonia sagrada que comienza con el baño ritual de purificación en los lagos, los ríos, cascadas y vertientes para cargar de energía y fortaleza. Actualmente, se mantiene la tradición de este ritual, que está considerado el único que sigue vigente entre los pueblos indígenas, y especialmente de los quichuas del Ecuador. En México, en el estado de Oaxaca, cada julio se celebra la fiesta folklórica Guelaquetza, una de las más importantes del continente, con bandas y orques-tas regionales, bailarines de coloridos trajes, actividades deportivas, gastronomía, teatro, cine, mesas redondas, conferencias, muestras folklóricas. Cerca, hacia el centro del país, los habitantes del estado de Puebla dicen que su ciudad es tan bella que fue trazada por los ángeles, y su belleza arquitectónica resplandece los primeros días de octubre en la Feria Nacional del Café y el Huipil, que conjuga alegría popular, música, danza y show pirotécnico. También es reconocida la Procesión del Silencio, representación del Vía Crucis en la ciudad de San Luis Potosí. Cada país tiene sus fiestas populares de envergadura. En Perú se celebran cerca de 3 mil al año. Lúdicas, religiosas o ambas cosas a la vez, siguen siendo la mejor manera de realizar ofrendas a los dioses, celebrar las buenas cosechas, mantener vivas las creencias y reunir a la familia.
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