Portugal es una nación marinera. Por ende, el turista encuentra el legado de los navegantes en todas partes. En las ciudades construidas gracias a la riqueza de los descubrimientos, en la vistosa arquitectura manuelina «e incluso en la actitud receptiva de su pueblo hacia otras culturas», dice el flamante embajador de ese país en la Argentina, Joaquim José Lemos Ferreira Marques, en un pasaje de la charla que mantuvo con Ambito del Placer. «Tengo amigos argentinos, pero la verdad, nunca soñé que un día vendría a trabajar a Buenos Aires.»
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Periodista: ¿Qué Buenos Aires imaginaba encontrar? Joaquim José Lemos Ferreira Marques: Sabía que era una ciudad fantástica, pero sólo por el comentario de gente que había venido. Personalmente, estoy como en casa. P.: ¿Es la Argentina un destino turístico para los portugueses? J.J.L.F.M.: Es relativo. Podría decir que sí, pero lo sería aun más si hubiera vuelos directos. Antes de la crisis (de 2001) había un vuelo de Lisboa a Buenos Aires. Hay que recuperarlo cuanto antes, ya que para venir tenemos que hacer dos o tres escalas. Por suerte, hay negociaciones para firmar un acuerdo aéreo. La idea es volar Lisboa-San Pablo-Buenos Aires. INTEGRACION P.: ¿Está bien promocionada la Argentina en Portugal? J.J.L.F.M.: Yo diría que se vende fundamentalmente con el boca a boca más que por las agencias de turismo. Tal vez al no tener vuelos directos es que no se puede desarrollar más el producto. La desaparición de Air Madrid nos perjudicó también. Pero ahora hay una nueva compañía (Air Europa) que puede ayudar a cambiar la historia. P.: Portugal fue el primer país en reconocer la independencia de la Argentina. J.J.L.F.M.: Y el primer país en enviar un embajador residente a Buenos Aires, que desgraciadamente murió aquí. Está sepultado en el mismo lugar que Manuel Belgrano, en la iglesia Santo Domingo. En aquel tiempo, el rey de Portugal vivía en Brasil. P.: ¿Cuánto influyó en el pueblo portugués la entrada a la Unión Europea? J.J.L.F.M.: Muchísimo. En 1986, por ejemplo, 36% de la población estaba empleada en la agricultura. Hoy en día ese porcentaje se redujo a 4%. Hace quince años, el objetivo de un portugués era comprar un departamento y tener un coche. Hoy en día es tener un departamento, comprar una casa de vacaciones y tener tres o cuatro coches. Por otro lado, recuerdo que cuando entré al Ministerio de Relaciones Exteriores teníamos un período de almuerzo muy largo, de dos horas. En verano todos nos íbamos a la playa. Pedíamos comida a un pequeño restorán y volvíamos llenos de arena (risas). P.: ¿Perdieron esa identidad? J.J.L.F.M.: No se crea. Subsiste, por ejemplo, cuando tenemos un feriado un jueves. El viernes no se trabaja; ¡se van todos! P.: Portugal tiene cerca de un millón de inmigrantes. ¿Es bueno o malo para un país cuya población no supera los 10 millones? J.J.L.F.M.: Durante el período de integración necesitamos mucho de ellos. Los inmigrantes son necesarios, sobre todo porque nos ayudan a mantener la seguridad social del Estado. En España, por ejemplo, 30% de su economía creció gracias a la inmigración. P.: ¿Qué es el turismo para Portugal? J.J.L.F.M.: Es, sin duda, uno de los puntos más fuertes de nuestra economía. Cerca de un millón de personas está involucrado en el turismo. El año pasado recibimos dos millones de turistas. Antes el turismo era sólo de playa, y nos dábamos cuenta de que los hoteles quedaban vacíos en invierno. Entonces empezamos a desarrollar otro tipo de productos. Por ejemplo, el golf es un verdadero fenómeno en Europa. Hay programas especiales para golfistas. La mayoría son empresarios de alto poder adquisitivo. P.: ¿Entonces es un producto bien cuidado? J.J.L.F.M.: Totalmente. Los dueños de los viejos castillos, por ejemplo, no pagan impuestos al Estado y así pueden mantener sus palacios en condiciones. Pero a cambio tienen la obligación de abrirlos al público. P.: ¿Otra modalidad de turismo en auge? J.J.L.F.M.: El residencial. Son los jubilados ingleses que compran casas en Portugal. Pasan ahí seis meses al año y luego, en verano, se van a Inglaterra y alquilan esa propiedad. Es un turismo altamente rentable. P.: ¿Encuentra alguna similitud entre la Argentina y Portugal? J.J.L.F.M.: Somos iguales. Sobre todo porque somos muy acogedores. Además, el fútbol. Yo tengo dos hijas. Una es periodista y otra, abogada. Esta última me dijo: 'Papá, qué suerte tienes que vas a un país futbolero'. Somos fanáticos, como ustedes. También nos une la idiosincrasia. Por último, voy a contar una anécdota que también nos identifica, aunque no sé si es conveniente (piensa y se lanza). Creo que en los países organizados, a los latinos no les va bien. Recuerdo cuando estuvimos la primera vez en Suiza... Estaba todo demasiado limpio. Tenía un amigo que decía: 'Vamos a escupir y a tirar papeles porque esto está muy limpio'. Viví en París y he viajado mucho. Recuerdo que un día fuimos con mi familia de vacaciones. Pasamos por Francia, por Suiza y cuando llegamos a la parte italiana, si bien no había señales de que estábamos ahí, dijimos: 'Ya estamos en Italia', porque las ventanas estaban llenas de ropa colgada... En Lisboa hay barrios como en Nápoles. Y es así; uno cuelga la ropa en la ventana. P.: ¿Un lugar preferido en el mundo? J.J.L.F.M.: Pasé los mejores años de mi vida en Ciudad del Cabo. P.: ¿Un destino pendiente? J.J.L.F.M.: Canadá... (piensa otra vez) y sin duda ¡Ushuaia!
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