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21 de abril 2006 - 00:00

''Intento capturar los destellos del glamour''

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La tradición familiar indicaba que Jorge Ibáñez fuera médico, pero él decidió entregarse a su vocación y dedicarse a diseñar ropa.
Escribe Andrea Fernández

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Tenía 22 años y hacía poco que había abierto mi local. Una señora muy distinguida vio mis creaciones en la vidriera, le gustaron, se probó un vestido y se lo llevó. Desde ese momento no dejé de trabajar para ella. El día que Mirtha Legrand, esa señora de la que hablaba, entró a mi local, me temblaban las piernas», confiesa Jorge Ibáñez, el reconocido diseñador de modas que, luego de esquivar un destino como médico, que parecía casi inevitable por tradición familiar, y sumar a su lista de seguidoras a varias estrellas del espectáculo (Susana Giménez y Moria Casán, entre otras), logró -a través de sus diseños-marcar su impronta en las más importantes ciudades del mundo.

MUY PERSONAL

Hace 14 años (ahora tiene 36) que Jorge Ibáñez se dedica profesionalmente a la moda, aunque ya sabía desde pequeño cuál era su vocación. Cuando viajaba con su familia solía entrar en los locales de ropa para investigar cómo estaban confeccionados los modelos y comparar texturas de telas, aprendiendo a diferenciar una organza de un terciopelo.
También observaba detenidamente cómo se vestían las mujeres, cómo combinaban los colores y los zapatos, un sesgo de la profesión que aún hoy mantiene, aunque sostiene a ultranza que «el modo de vestir es muy personal, entonces es muy difícil de criticar».
Su inspiración, afirma el conocido diseñador, surge de la mujer. «A la argentina la veo como a una de las más elegantes, a la que le interesa mucho la moda. Es muy coqueta, algo que no ocurre en todas partes del mundo.Además, tiene esa rara mezcla de lo latino con lo europeo. Y es muy europea en el vestir. La mujer argentina es muy distinta de sus pares latinoamericanas hasta en la forma de maquillarse.»
Algunas de esas apreciaciones surgen de los diversos viajes que Jorge Ibáñez realizó por Miami, Ecuador, Colombia, Venezuela, México y República Dominicana, todos países en los que llevó a cabo desfiles, y que aprovechó a recorrer, siempre «con una valija repleta de vestidos como acompañante -comenta-porque uno nunca se puede despojar de su trabajo». También la moda lo llevó desde su amada Buenos Aires a los más diversos rincones de la Argentina, de norte a sur, por Jujuy, Chaco y Tierra del Fuego, sólo por nombrar algunos. Pero en el momento de elegir un lugar para el descanso -que desde que abrió su local se limita a viajes de una semana o menos-, prefiere la playa, ya sea el Caribe, la costa argentina, y, en contraste, Nueva York en invierno. Algún día, cuando decida tomarse un mes sabático, sostiene que seguramente llegará «hasta esos lugares extraños a los que uno puede ir, como Marruecos».

FIELES CLIENTAS

Como embelesada, una mujer se desliza entre probadores con varios vestidos, buscando entre sedas y organzas el que la convierta en una de las protagonistas de un cuento de hadas. Luego de mirar, se despide y dice «gracias» en un raro español. Hoy esta turista fue una visitante ocasional, pero mañana puede convertirse en una de las fieles clientas de Jorge Ibáñez que viven en Venezuela, Colombia, Perú o Estados Unidos y cada seis meses o un año vienen a la Argentina para renovar su vestuario en su local, entre las que se cuentan hasta embajadoras. «Son mujeres que siempre vuelven a Buenos Aires por asuntos familiares, por negocios o simplemente porque les gusta, y por suerte vuelven a mí.»
Sorprenden las historias de las jóvenes novias extranjeras que eligen un diseño argentino para lucir en su boda, como el caso de una norteamericana que llegó para sumarse a la amplia lista de clientas a las que Ibáñez cuida personalmente. «Mi trabajo ha viajado por el mundo y lo sigue haciendo -afirma-. Hay muchas chicas argentinas que viven en el extranjero y confeccionan su vestido acá, o argentinas que asisten a fiestas en otras partes del mundo y lucen mis dise-ños. También hay turistas que arriban por este auge que se dio del país. Mis vestidos están llegando así a todo el mundo.»

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