Allá por marzo de 2001, estando de vacaciones en San Martín de los Andes decidí hacer una excursión lacustre al paso internacional Hua Hum, que une la Argentina con Chile. Era un día lluvioso y frío. Fue en ese lugar, que en lengua mapuche significa «charco de nieve», donde conocí a los que hoy son dos de mis mejores amigos. Fuimos cinco en total los que nos unimos en un grupo para hacer excursiones. Como a todos nos restaban pocos días para emprender el viaje de regreso a Buenos Aires, decidimos hacer al día siguiente una expedición por nuestra cuenta y conocer Villa Traful. Nos habían dicho que no podíamos irnos de los Siete Lagos sin ver ese lugar. Salimos temprano bajo una lluvia constante. Fue entonces cuando «mis dos nuevos amigos» (Andrea y Augusto) confesaron que el problema del tiempo se debía en realidad a que, a todo lugar donde ellos habían decidido ir de vacaciones juntos, la lluvia los acompañaba. Y claro... ésta no fue la excepción. Pero los perdoné... y no me equivoqué. Pese a que nuestras casas no quedaban muy lejos, nunca logramos vernos en Buenos Aires. Y nuestro reencuentro fue en Chile, donde actualmente resido. Desde entonces, y gracias a la tecnología, nos hemos mantenido en contacto. Aquel vínculo que se formó en la Patagonia se ha ido haciendo cada día más intenso. Hoy, luego de muchos años, sé que ese día marcó para mí dos hechos importantes: conocí el lugar más maravilloso que he visto en mi vida, mi lugar preferido en este mundo, y comenzó una hermosa amistad. Claro, hasta ahora no me atreví a que salgamos otra vez de vacaciones juntos... ¡es lluvia asegurada!
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Laura Fernández Junciel, 32 años, gerenta de Recursos Humanos
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