El Banco Central del Uruguay (BCU) continúa observando el devenir de la situación económica en Argentina y cómo ésta podría impactar en el escenario local, tal y como señala en el último Informe de Política Monetaria (IPoM), donde apunta particularmente a la coyuntura del país vecino tras el ballotage que definirá quién será el próximo presidente y quien deberá hacerse cargo de las correcciones macroeconómicas urgentes.
Que Uruguay mira hacia Argentina no es una novedad, sobre todo considerando la cercanía de ambas economías y el impacto que pueden tener las medidas tomadas del otro lado del Río de la Plata —y, que de hecho, ya tienen en la actualidad. En ese sentido, el BCU dedicó varios párrafos de análisis del contexto internacional y regional al país vecino.
“Argentina se encamina hacia la segunda vuelta de las elecciones generales”, señaló la autoridad monetaria, y apuntó cuáles serán los desafíos del gobierno que asuma el 10 de diciembre: “El gobierno que asuma el nuevo período enfrentará unas condiciones iniciales con limitados márgenes de maniobra e impondrán la necesidad de estabilizar las variables macroeconómicas en los primeros meses de la gestión, como condición necesaria y previa a la introducción de la agenda de reformas estructurales que pretenda implementar”.
Esta situación se dará en un escenario de alta inflación —los últimos dos meses presentaron cifras de dos dígitos—; un déficit fiscal por encima de la meta pactada con el Fondo Monetario Internacional (FMI); la devaluación intensificada en los mercados de cambio paralelos; el consecuente impacto en la actividad económica; y los menores recursos para afrontar estos desafíos.
¿Por qué el BCU alerta sobre la situación argentina?
Así como la crisis económica en Argentina ya no sorprende de este lado de la frontera, tampoco es noticia nueva los impactos que la situación en el país vecino tienen en la economía local. Por un lado, de forma histórica —con el recuerdo reciente del estallido del 2001 y 2002, si bien las autoridades políticas y económicas del país insisten en el “desacople” logrado en los últimos años—; y, por el otro, por los acontecimientos que se vienen observando desde hace meses.
El de mayor relevancia para la economía nacional es la caída de la recaudación fiscal, que en el año logró apenas dos meses positivos —enero y mayo—, y en agosto volvió a caer, acumulando un retroceso del 2,1% en este 2023.
La explicación detrás de la menor recaudación de la Dirección General Impositiva (DGI) se encuentra, principalmente, en la caída de los impuestos al consumo: IVA e Imesi. Esto, a su vez, se debe al desvío del consumo interno que experimenta el país, con cientos de uruguayos cruzando la frontera para adquirir bienes y servicios más baratos en Argentina, a partir de la diferencia cambiaria que profundiza la brecha de precios estructural entre ambos países.
A su vez, el tipo de cambio real en Uruguay alcanzó sus niveles más bajos de los últimos 23 años, según un estudio de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), lo que perjudica directamente la competitividad empresarial e industrial del país. En cuanto a Argentina, el tipo de cambio estuvo un 14% por debajo respecto del dólar oficial y un 58% si se compara con el dólar blue. Esta situación se mantendría estable, aunque con un avance menos acelerado del que se viene observando, tal y como señaló el Banco Central en el IPoM.
Por estas razones, para el BCU no solo es importante analizar qué es lo que pasa actualmente en Argentina, sino también considerar cuál será el escenario más probable una vez que se supere el clima electoral que ahonda la incertidumbre en el país vecino. Sobre todo porque, según cómo el próximo gobierno argentino aborde las problemáticas que atraviesa su economía, Uruguay sufrirá más o menos los efectos consecuentes.
En el mejor de los casos, el futuro gobierno logrará encauzar rápidamente la economía en términos de equilibrio —posiblemente a costa de un ajuste para la población argentina—, lo que sería beneficioso para Uruguay en cuanto a la diferencia cambiaria y el menor desvío del consumo interno hacia el país vecino. En todo caso, el escenario de devaluación no será fácil de esquivar, y sus consecuencias se sentirán de este lado de la frontera.
Dejá tu comentario