9 de octubre 2025 - 09:32

El nuevo recorte de tasas del Banco Central del Uruguay abre las puertas a una meta de inflación más exigente

Los economistas coinciden en que las condiciones para anunciar un recorte gradual del objetivo hasta el 3% están dadas, aunque será un desafío para el banco.

El nuevo recorte de tasas del Banco Central del Uruguay abre las puertas a una meta de inflación más exigente.

El nuevo recorte de tasas del Banco Central del Uruguay abre las puertas a una meta de inflación más exigente.

Foto: Freepik

El Banco Central del Uruguay (BCU) resolvió un nuevo recorte en la Tasa de Política Monetaria (TPM), el tercero consecutivo, y da un paso más hacia una política neutral que, a su vez, abre las puertas a la posibilidad de una meta de inflación más ambiciosa, ¿es posible visualizar un objetivo del 3% en la actual administración?

El rumbo de política monetaria, que inició durante la gestión del gobierno anterior y continúa en la actual, bajo el mando de Guillermo Tolosa en el Banco Central, viene dando muestras de su efectividad: la inflación no solo lleva dos meses por debajo de la meta del 4,5% —y otros dos apenas décimas por encima—, sino que las expectativas empresariales —las más rígidas—, comienzan a converger también hacia el objetivo del BCU.

En ese contexto, la reducción de 50 puntos básicos que se decidió en la última reunión del Comité de Política Monetaria (Copom) del martes no fue una sorpresa, pero abre las puertas a nuevas instancias dentro del accionar de las autoridades monetarias, sobre las que Ámbito conversó con especialistas.

Una baja esperada que avanza hacia el terreno neutral

“La política monetaria continúa reduciendo la intensidad de su fase contractiva y converge hacia un terreno neutral”, resumió el secretario ejecutivo del Consejo Fiscal Asesor (CFA), Ignacio Umpiérrez, en diálogo con Ámbito; y en coincidencia con lo señalado por el mismo BCU en el comunicado posterior a la decisión sobre las tasas de interés de referencia.

Según el economista, “esto podría darse a fin de año con dos nuevas rebajas de la TPM en 50 y 25 puntos básicos, respectivamente, incluso mayor si las expectativas empresariales bajan aún más”, señaló, en referencia a los dos próximas reuniones del Copom, que tendrán lugar el 18 de noviembre y el 23 de diciembre.

El recorte de 50 pb, "mayor al estándar de 25 pb aplicado en ocasiones anteriores, respondió a que la inflación continuó evolucionando por debajo de lo previsto y a que las expectativas inflacionarias siguieron ajustándose a la baja", sumó al análisis el economista de CPA Ferrere, Nazareno Sánchez. Asimismo, agregó que "la decisión se enmarca en un proceso de normalización gradual de la política monetaria, a medida que la economía consolida un escenario de menor inflación y las expectativas comienzan a converger hacia la meta".

En ese sentido, también para el economista y analista José Licandro, la reducción de las tasas “era esperable, pues las nuevas autoridades han generado una suerte de continuidad con la política de Metas de Inflación que inauguró el gobierno anterior, en 2020”.

La acción “transparente y predecible” del Banco Central, “que se encamina hacia una instancia monetaria de neutralidad desde la contractiva actual” —entre otros aspectos a nivel de comunicación y confianza—, fue clave para llegar a este punto, señaló.

Umpiérrez coincidió: “Ha quedado demostrado que Uruguay no es una excepción en la materia, como se decía antes, se podía bajar la inflación, las expectativas no son rígidas a la baja si las acciones y la comunicación del BCU son oportunas, aún con una economía parcialmente dolarizada y con mecanismos de indexación. Llevamos más de 2 años con la inflación en la meta. Hoy parece la norma pero antes era la excepción, por lo que hay que darle el valor que merece”.

¿Hacia una nueva meta de inflación?

Ahora bien, este escenario de estabilidad dentro del rango meta y de convergencia de las expectativas de los agentes económicos habilitan la posibilidad de reducir la actual meta de inflación “hacia valores más alineados con las prácticas internacionales” que, para países en desarrollo, son cercanos al 3%.

“Las condiciones objetivas para ir hacia una meta más exigente (y beneficiosa para la estabilidad de la moneda) están dadas”, apuntó Licandro al respecto. “Perfectamente podría planificarse —y hasta es deseable— una reducción paulatina orientada a reducir la meta a 3% a partir de mediados de 2027 y hasta fines de 2029. De hecho, más de una vez Tolosa ha mencionado esa aspiración”, recordó.

“Uruguay se beneficiaría ampliamente de tener una meta menor, que podría ser del 3% o del 3,5%”, expresó en la misma línea la economista e investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), Deborah Eilender; para quien también “hay espacio” para un ajuste “más exigente” en el objetivo en tanto, si bien se trata de “un proceso que, obviamente, no es de un día para el otro”, “el Banco Central cada vez gana más crédito”.

"Pese a que no hay una condición necesaria para que los bancos centrales ajusten su meta de inflación, sería esperable que el BCU logre anclar las expectativas a la meta de inflación actual para poder dar el siguiente paso en un contexto de mayor credibilidad", sostuvo, por su parte, Sánchez. "Anclar las expectativas implica que, frente a shocks transitorios sobre el nivel de precios, la inflación esperada por los agentes no se modifique de manera significativa (en particular para el mediano plazo), reflejando la confianza de estos en la capacidad del BCU para cumplir su objetivo de estabilidad de precios", explicó el economista de CPA Ferrere para quien, de todos modos, "la reciente convergencia de las expectativas constituye un paso necesario hacia ese anclaje".

Para Umpiérrez —que coincidió con la visión más optimista respecto de las oportunidades que abre la coyuntura “para anunciar bajas escalonadas de la meta de inflación”—, un modelo a seguir podría ser Brasil, “con metas paulatinamente más ambiciosas a partir de 2027 que converjan en 3%, primero manteniendo la amplitud del rango de tolerancia y luego reduciéndolo”. El escenario planteado contempla la finalización de los convenios salariales, en tanto las actuales pautas consideran la meta del 4,5%.

El momento para avanzar en el cambio

Más allá de la eventual implementación futura, para los economistas consultados, el momento de hacer el anuncio y avanzar hacia una meta más exigente es el presente.

“Es un buen momento para anunciarlo porque el BCU ha ganado credibilidad, se cree que va a cumplir su meta de inflación y no está cuestionado el uso de su instrumento para llegar a ese objetivo porque tiene un historial de cumplimiento”, señaló Umpiérrez. “Hay un tema de timing que es relevante, y estamos en un buen momento en ese sentido”, insistió.

Sin embargo, un punto a considerar es que las proyecciones económicas del gobierno incluidas en el proyecto de ley de Presupuesto consideran una inflación en torno al 4,5% de la meta actual, lo que parece no darle impulso a la idea de avanzar hacia una segunda etapa en la política monetaria.

“Si bien es cierto que en futuras Rendiciones de Cuentas eso se podría modificar, esa decisión parece haberse postergado. Todavía se está a tiempo de hacerlo y cuanto antes se anuncie, mejor sería para no incurrir luego en costos innecesarios de convergencia”, consideró Licandro sobre ese aspecto; un punto que también fue señalado oportunamente por Sánchez, que agregó la posibilidad de una corrección por parte del Comité de Coordinación Macroeconómica —integrado por el BCU y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).

En ese sentido, “el BCU debe convencer al Poder Ejecutivo de que el camino de bajas en la meta es positivo y, más importante, de que pueden lograrse los resultados”, sostuvo, por su parte, Umpiérrez. “Y creo que hay buenos fundamentos para que ello ocurra en los próximos meses”, agregó.

Eilender coincidió: “Se puede dar, y Uruguay tiene la capacidad de hacerlo”.

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