26 de febrero 2026 - 15:09

¿Es la competencia una respuesta frente al bajo crecimiento en Uruguay?

Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) apuntó a la "falta de competencia" como un obstáculo para la innovación y las oportunidades.

¿Es la competencia una respuesta frente al bajo crecimiento en Uruguay?

¿Es la competencia una respuesta frente al bajo crecimiento en Uruguay?

Foto: Freepik

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) realizó un informe que apunta a la falta de competencia en los mercados como uno de los grandes obstáculos para el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de los países de América Latina y, entre ellos, para de Uruguay, ¿cuáles son las recomendaciones para superar la meseta?

El estudio Mercados para el desarrollo: mejorando vidas a través de la competencia del BID parte de la premisa de que la competencia limitada y la alta concentración de mercado en las economías de la región debilitan el crecimiento, reducen los salarios y mantienen a las empresas pequeñas e informales; y lo demuestra a través de un extenso documento que analiza datos comparativos con economías más avanzadas. En ese sentido, según el organismo, América Latina y el Caribe podría aumentar el PIB per cápita un 11% y reducir la desigualdad un 6% si lograra que sus mercados sean más competitivos.

La competitividad y el crecimiento son dos conceptos muy presentes en la coyuntura uruguaya, con serios problemas respecto del primero —y múltiples sectores reclamando mejoras en las condiciones internas— y sendos desafíos respecto del segundo, ante la necesidad de superar una meseta de crecimiento que ya se extiende por más de una década. ¿La mejora de la competencia en determinados sectores del mercado interno puede ser un camino a seguir?

Las consecuencias de la falta de competencia

Cuando la competencia funciona, el sector privado puede hacer lo que mejor sabe: crear empleos, impulsar la innovación y ofrecer mejores resultados para trabajadores y consumidores. Mercados más sólidos y equitativos son clave para liberar todo el potencial de América Latina y el Caribe”, consideró el presidente del Grupo BID, Ilan Goldfajn, a partir de los resultados del informe, entre los cuales se destacan que la concentración de mercado en la región es cuatro veces mayor que en las economías avanzada y que los trabajadores reciben solo el 50% del valor que generan, frente al 65% en Estados Unidos y el 81% en otros países.

Entre otros efectos, la falta de competencia tiene impactos negativos en los precios, en tanto una alta concentración de mercado permite a las empresas establecidas que mantengan márgenes de ganancia más altos que se traducen, inevitablemente, en precios más elevados tanto para los consumidores finales como para otros segmentos de la cadena de producción. Además, pueden darse escenarios de menor alternativa en el mercado y una menor calidad de los productos y servicios.

A nivel más amplio, esta situación está asociada con un crecimiento más lento de la productividad y una disminución de la participación laboral, en tanto las empresas pueden operar sin la presión de innovar o de mejorar sus servicios.

En Uruguay hay varios ejemplos de esto que, habitualmente, son señalados por el sector empresarial dentro de reclamos más generalizados por mejoras en las condiciones de competitividad: entre ellos, el debate reciente en torno a la compra de la brasileña Marfrig por parte de Minerva en la industria frigorífica —que finalmente fue rechazada por la Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia (Coprodec), aunque la concentración en dicho mercado sigue siendo alta—; la situación de cuasi monopolio en la terminal de contenedores del Puerto de Montevideo; o segmentos de la economía como la energía o los combustibles.

La competencia en Uruguay

Uruguay es mencionado en varios capítulos del informe del BID, incluso como ejemplos positivos de políticas que contribuyeron a mejorar la competencia en determinados mercados como el de pagos digitales minoristas —con el sistema de adquisición múltiple— o de telecomunicaciones —con la portabilidad numérica. En estos casos, los "beneficios no se derivaron de la aplicación directa de las leyes antimonopolio, sino del rediseño de la infraestructura del mercado para eliminar los silos artificiales".

Este comentario es un gran resumen de las conclusiones en torno al mercado uruguayo: si bien el país se destaca por ser uno de los que más ha reducido sus markups —la diferencia entre los precios y los costos de producción, un indicador que utiliza el BID para dar cuenta del poder de fijación de precios del mercado— en las últimas dos décadas, acercándose a los estándares promedio de las economías avanzadas —"el punto de referencia competitivo"—; esto no se debe a políticas amplias y generalizadas, sino a un accionar individual de las empresas.

“Uruguay destaca por una fuerte caída de los markups”, señala al respecto el informe, lo que deriva del “efecto combinado de las reducciones dentro de las empresas y la reasignación negativa: las empresas están reduciendo individualmente sus markups y la participación de mercado se está desplazando hacia las empresas con markups más bajos, lo que amplifica la disminución general”.

De todos modos, este proceso no está siendo acompañado de mejoras en la creación de empleo, ya que, al contrario, la misma ha "disminuido de forma constante a lo largo del tiempo". Por lo tanto, los investigadores del BID apuntan a que los markups bajos no conducen, necesariamente, a un mayor crecimiento de los puestos de trabajo.

Lo cierto es que Uruguay, pese a los buenos resultados en la medición realizada por el organismo internacional, todavía tiene trabajo por hacer: fortalecer la competencia en los mercados a través de reformas regulatorias que identifiquen, aborden y eliminen las barreras actuales —como regulaciones que distorsionan el mercado y eviten entornos favorables a nuevos actores en el mercado—, y el fortalecimiento de las agencias antimonopolio son los principales ejes de acción recomendados por el BID para lograr un mayor crecimiento económico.

La inversión en infraestructura, la integración regional y la promoción de la innovación son otras estrategias que el país debe tener en cuenta para superar la actual meseta de expansión en su PIB.

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