La producción industrial ha tenido un arranque del año con signos positivos, acumulando un avance de 3,9% en el primer cuatrimestre, respecto a igual período de 2025. Con este avance, al considerar la producción en el año móvil (acumulado de 12 meses) la producción de la industria uruguaya alcanzó un máximo histórico en abril, aumentando 1,7%respecto al año móvil a abril 2025, y del 18% respecto a los niveles prepandemia.
La industria resiste entre avances y desafíos
La producción industrial del Uruguay está en un máximo histórico, mientras enfrenta retos comerciales y dificultades de costos.
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La producción industrial uruguaya está en un máximo histórico en medio de desafíos comerciales y dificultades de costos.
Al analizar la tendencia que se observa en la gráfica, es claro el impulso que a partir del año 2023 le dio la puesta en marcha de la nueva planta de UPM, que además tracciona sobre la producción de la industria química asociada a la producción de celulosa, así como en otras actividades.
La producción de celulosa sumó así su tercera planta en Uruguay; dichas plantas han sido verdaderos mojones en el aumento de la capacidad industrial del país, con localización en régimen de zona franca y con la particularidad de ser autosustentables en términos energéticos. Utilizan derivados del procesamiento de la madera para generar la energía necesaria para el propio proceso de producción de celulosa, incluso dejando un saldo energético para vender a la red nacional. Ya con esta tercera planta, el 15% del consumo total de energía eléctrica del país es cubierto por las plantas de celulosa.
En los últimos meses se han dado avances interesantes en algunas otras ramas industriales, caso de la industria farmacéutica, varias industrias asociadas a insumos agropecuarios —particularmente producción de raciones, con el avance de la producción ganadera y lechera— y también alguna mejora en la industria automotriz.
También crece firme la producción de concentrados de bebida de Pepsico en la zona franca de Colonia, que ha acumulado nuevas inversiones y mayor capacidad de producción.
Una trayectoria diferente para el núcleo industrial
Cuando se analizan los números dejando aparte los mencionados grandes emprendimientos en zonas francas y la refinería de Ancap, lo que se denomina el “Núcleo Industrial”, la trayectoria es algo diferente, tal como se ve en la gráfica adjunta. En efecto, allí hubo un pico importante de actividad en la recuperación post—pandemia (2022-23) y luego una caída, para retomar un crecimiento lento y modesto en los últimos meses.
El referido pico de producción en este núcleo industrial estuvo asociado, en buena medida, a la recomposición de demanda y stocks post pandemia y también a la fabricación de componentes para las obras de UPM 2 y sus proyectos adjuntos por parte de industrias vinculadas a la construcción (el contrato lo firmó la administración de Tabaré Vázquez en 2019 y resultó providencial para generar actividad luego, en plena pandemia).
Culminados esos trabajos, el núcleo industrial volvió a una dinámica más acotada, con las restricciones que imponen los altos costos locales y restricciones de mercado conocidas, si bien va avanzando con una resiliencia destacable. La producción de este núcleo industrial subió 1,6% en el año móvil a abril 2026 respecto al anterior (abril 2025) y está 5,3% por arriba de su nivel pre pandemia.
Desafíos de competitividad
Más allá de los vaivenes y ciclos, la industria muestra avances, con una característica insoslayable: el empleo industrial va ajustando paulatinamente a la baja, lo que puede leerse como un avance en productividad, pero también como un desafío para integrar más empleo y no reducirlo.
En efecto, la relación producción/empleo subió casi 30% entre 2019 y 2026. El desafío es que esa trayectoria se haga manteniendo el empleo y —si es posible— aumentándolo. Sin embargo, buena parte de la dinámica de la industria en varios sectores se basa en nuevas inversiones que conllevan más escala, más automatización y —en general— menos personal, que además tiene que ser más calificado (y no es sencillo encontrarlo); muchas empresas hacen procesos propios de calificación, lo que resulta muy positivo desde el punto de vista de la integración organizacional, pero también puede ser más lento y costoso.
En esta situación, la industria tiene dos grandes desafíos: por un lado, el tema energético: Uruguay sigue teniendo costos relativamente altos respecto a la región, tanto en energía fósil como eléctrica (casi 150 U$S/MWh, frente a 130 U$S/MWh en Brasil y Argentina); la diferencia es mayor si se consideran regímenes especiales en los países vecinos (no en vano la discusión clave para el gran proyecto de HIF Global es energética).
El hecho de haber incorporado energías renovables en casi un 100% de la generación eléctrica —en lo cual la mencionada industria celulósica tiene un rol clave, porque además es energía firme— no quita que los costos siguen siendo muy altos. Además, esa sostenibilidad energética renovable —muy valorada en la UE y otros países desarrollados— no ha logrado capitalizarse lo suficiente en mayor acceso a mercados; esperemos que esto cambie con el acuerdo Mercosur-UE. Más allá de esto, es preciso configurar una mayor apertura para la generación y la transmisión, de manera de aumentar la oferta en términos más económicos.
El otro desafío es laboral. La industria paga salarios en promedio mayores que el resto de la economía. Sostener eso implica altos niveles de productividad que no se logran en todas las empresas, porque en la mayoría de los casos implican aumentos de escala y automatización, como comentamos. Por eso es particularmente relevante habilitar negociaciones por empresa y —como reclamaron las cámaras empresariales y fue aceptado por la OIT— hacer negociaciones bipartitas, de manera que en cada firma se pueda articular una negociación equilibrada, con los mejores salarios posibles, empleo, más productividad y mayor producción.



