Entre 2006 y 2023, la cantidad de productores familiares agrícolas en Uruguay se desplomó 47,5%, según revela un informe del anuario de la Oficina de Programación y Políticas Agropecuarias (Opypa) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).
La producción familiar agrícola cayó 48% en los últimos 17 años y enfrenta riesgo de desaparición
La edad promedio de los productores familiares aumentó de 51 a 54 años, mientras disminuyó drásticamente la cantidad de menores de 40 años en la actividad.
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Los ingresos de productores ganaderos con empleados cayeron de 71.731 pesos a 59.817 pesos mensuales entre 2006 y 2023, ajustados por inflación.
El documento, señala que la producción familiar "enfrenta condiciones que amenazan su sostenibilidad y su reproducción intergeneracional", a pesar de que "mantiene un papel relevante en varios rubros agropecuarios" y generó un valor de producción cercano a los 22.700 millones de pesos corrientes en 2022.
La caída fue "más pronunciada entre quienes emplean asalariados": 43,5% en el caso de los productores agrícolas y 63,3% en los ganaderos, lo que refleja una crisis estructural que golpea especialmente a las explotaciones de mayor escala dentro del segmento familiar.
Ingresos estancados o en retroceso
Durante el período analizado, los ingresos promedio de los productores ganaderos familiares que contratan trabajadores asalariados se ubicaron en torno a los 60.000 pesos mensuales (a precios de 2023), lo cual supone un descenso con respecto a 2006: se pasó de 71.731 pesos a 59.817 pesos en 2023. La caída "sugiere la intervención de factores adicionales, como restricciones para aumentar o diversificar la producción y cambios en estrategias productivas y de mercado", señala el informe.
Los ingresos promedio de los productores ganaderos familiares que no contratan asalariados, en tanto, rondaron los 40.000 pesos mensuales, sin mayores variaciones durante todo el período. Por su parte, los asalariados ganaderos experimentaron "una recuperación significativa de su ingreso promedio hasta 2012 y un posterior estancamiento": su promedio de ingresos creció de 23.834 pesos a 38.313 pesos entre 2006 y 2023.
En cuanto a los productores familiares agrícolas, el reporte de Opypa señala que el nivel promedio de aquellos que contratan trabajadores asalariados fue superior al de las demás categorías, mientras que los productores familiares sin asalariados se situaron "ligeramente por debajo del salario promedio del conjunto de asalariados agrícolas".
No obstante, todos los grupos experimentaron un aumento en sus ingresos al comparar 2006 con 2023: el promedio de ingreso mensual de los asalariados agrícolas pasó de 20.126 pesos a 30.649 pesos; el de los productores con asalariados de 47.732 pesos a 50.320 pesos; y el de los productores sin asalariados de 22.031 pesos a 27.099 pesos.
Menos contrataciones y trabajo familiar
El estudio también marca que durante el período analizado disminuyó la proporción de productores familiares que contrataron trabajadores agrícolas y ganaderos, de 29% a 20% y de 27% a 12%, respectivamente, lo que refleja una reducción en la escala productiva de las explotaciones.
A su vez, se evidenció "una clara tendencia a la disminución del trabajo no remunerado vinculado a la producción familiar", que, con relación al total de productores familiares, "pasó de casi 50% a alrededor de 20% entre 2006 y 2023, lo que indica una pérdida relativa de trabajo doméstico y no remunerado en las explotaciones familiares".
Al mismo tiempo, "la participación de la producción familiar en el ingreso total del hogar" pasó de alrededor de 60% a 45% en el mismo período, lo que muestra que las familias productoras dependen cada vez menos de la actividad agropecuaria para sostener su economía doméstica.
La explicación principal de esta reducción, se señala en el informe, "es la transición de muchos miembros del hogar desde tareas no remuneradas en la producción familiar hacia empleos remunerados fuera del hogar", lo cual refleja "un cambio en las estrategias laborales" de los hogares de los productores ante la dificultad de generar ingresos suficientes con la actividad agropecuaria.
Envejecimiento y éxodo hacia localidades mayores
En cuanto a la distribución por edad de los productores familiares y de los integrantes de los hogares dedicados a esa tarea, el documento marca que "en ambas poblaciones se aprecia un proceso de envejecimiento": la edad media de los productores aumenta de 51 a 54 años y la de los integrantes del hogar de 38 a 40 años.
Entre los productores, la disminución es más marcada en los grupos etarios de 14 a 40 años, mientras que el grupo de mayores de 60 años creció en 2023 en comparación a 2006. "La variación en el tramo intermedio (40-60 años) resulta menos pronunciada y más dispersa al comparar ambos años", agrega el estudio.
Este envejecimiento, sumado a la caída en la cantidad de jóvenes dedicados a la producción familiar, plantea serias dudas sobre la continuidad generacional de la actividad, uno de los principales factores de riesgo identificados por el informe oficial.
En el informe también se analizó las variaciones en las zonas de residencia de los productores familiares. Los residentes en localidades de más de 5.000 habitantes presentaron "una caída sostenida a lo largo del período, pasando de aproximadamente 8.000 en 2006 a 5.000 en 2023".
En cambio, los productores familiares en localidades de menos de 5.000 habitantes registraron "un aumento entre 2006 y 2011, seguido por una disminución, aunque a un ritmo más lento que el de los residentes en localidades mayores".
"Al comparar el inicio y el final de la serie, la cantidad total de productores familiares en zonas rurales y en localidades de más de 5.000 habitantes se mantiene relativamente estable en torno a los 30.000 productores, de los cuales cerca de 25.000 residen en áreas rurales dispersas", se señala en el informe.
Políticas para revertir la tendencia
En definitiva, el documento concluye que, dado el "carácter estratégico" de la producción familiar, "resultan pertinentes políticas que promuevan la incorporación de tecnologías, incentiven la inversión, mejoren la inserción comercial y faciliten el acceso y la permanencia de familias productoras jóvenes, para fortalecer ingresos y garantizar la continuidad de la producción familiar".
El estudio de Opypa empleó los microdatos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del Instituto Nacional de Estadística (INE) para estimar la cantidad, los ingresos, la dinámica demográfica y el trabajo de los productores familiares ganaderos (incluida la producción lechera) y agrícolas, lo que le otorga solidez estadística a las conclusiones sobre la crisis estructural que atraviesa este sector clave de la economía rural.


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