•... que, en tal contexto, y dada la idiosincrasia presidencial, la abrupta suba en los precios de la hacienda del lunes pasado resultó casi «urticante», sobre todo por la característica muy mediática del producto. En enero por los fuertes calores, otro producto muy masivo como la lechuga había aumentado sus precios más de 30%, aunque entonces ningún funcionario se ocupó del hecho. Ahora, sin embargo, ocurrió todo lo contrario y, peor aún, a destiempo, ya que al día siguiente la hacienda volvió a sus niveles habituales, pero ya las declaraciones se habían disparado descolocando al propio presidente Kirchner que, evidentemente desinformado sobre el tema, fue rectificado hasta por los carniceros que negaron que la suba circunstancial de un día terminara trasladándose a los mostradores. Y, ni hablar de la Subsecretaria de Defensa del Consumidor, Patricia Vaca Narvaja, que en un excesivo celo oficialista se sumó a la cruzada y redobló la apuesta: además de la carne, agregó los lácteos, el pescado fresco. ¡Una verdadera dieta! El tema, sin embargo, sigue latente y complica al gobierno que, por un lado, pretende que se suban los salarios privados (para aumentar el consumo y la actividad económica interna), y por otro no puede contener los aumentos de ciertos costos, quiere incrementar las exportaciones (porque necesita la divisas y los recursos fiscales que le generan los impuestos a la exportación), y trata de desactivar la inflación, pero se enfrenta con una producción relativamente alicaída.
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