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17 de diciembre 2007 - 00:00

Dicen en el campo...

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Raúl Rivara
... que varias fueron las reuniones de los últimos días en Coninagro, en CRA, en el ABC que reúne a la mayoría de los frigoríficos exportadores, en el CARI donde alternan diplomáticos y ex funcionarios, en un campo de Monte donde la Fundación Vida Silvestre cerró los festejos por sus primeros 30 años de vida, y hasta hubo una presentación técnica sobre los últimos maíces aprobados en la Argentina (ahora ya con genes «apilados»). Pero, en todos los casos, «los temas» del momento fueron el conflicto lechero que llegó incluso a algún principio de desabastecimiento, hasta donde podía haberse contagiado esa « tirantez» a otros rubros del campo, y la cada vez más difícil relación interna entre los propios funcionarios del gobierno. Si bien sobre el fin de semana los principales conflictos parecieron bajar un tanto los decibeles, incluida la confusa «intervención» a la Secretaría de Agricultura que disparó los más variados comentarios y especulaciones, lo cierto es que nadie se animaría a asegurar que ahora las aguas «están calmas» y, más vale, se espera un fin de año con tanta incertidumbre y malestar como el que viene caracterizando los últimos meses. De hecho, fue muy llamativa la ausencia total de funcionariosnacionales, en todos los festejos de los últimos días. A su vez, el rango del malestar del campo quedó bien manifestado durante la marcha que cerca de un millar de productores y dirigentes realizaron a la Basílica de Luján (con misa incluida), organizada por la combativa CARBAP, que preside Pedro Apaolaza, aunque esta vez contó con la asistencia de dirigentes de otras organizaciones, y hasta del titular de CRA, Mario Llambías. Así, mientras algunos sostenían que «lo único que nos queda es rezar», otros murmuraban un: «A Dios rogando, y con el mazo dando».

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... que éste es, justamente, el conflicto que enfrentan hoy las principales organizaciones del sector: por un lado, los que quieren poner un compás de espera para el supuesto «nuevo» gobierno de Cristina Kirchner, y los que creen que ya no hay margen para esperar, especialmente, porque se trata del mismo gobierno, aunque ahora sea «ella y no Néstor, la que aparece más en las fotos». En el medio, los dirigentes no saben hacia donde orientar sus esfuerzos y, en algunas entidades ya comenzaron las fracturas, ante lo que consideran algunos la falta de representatividad de sus propias organizaciones. La intranquilidad se acentúa con el paulatino debilitamiento que se percibe en los funcionarios del área, tanto los que siguen, como los nuevos, por ejemplo de la provincia de Buenos Aires, y que hacen prever una ausencia aún mayor de interlocutores oficiales en el año que está por comenzar. «No aflojemos que nos comen con fritas», se desesperaba un productor en la Red Tambera, aunque varios burócratas del área no están mucho mejor. Por caso, el académico Fernando Vilella que, finalmente, aceptó asumir como secretario en el devaluado Ministerio de Asuntos Agrarios bonaerense, y bajo la órbita de Débora Giorgi (que, dicen, no le tiene mayor confianza), ya activó la bomba de los gremios públicos al asegurar que «en 6 meses volvemos a ser ministerio». No se sabe si lo dijo porque tiene alguna información, o sólo para justificar su propio retroceso, pero, lo cierto, es que ya el personal de planta comenzó la cuenta regresiva de los 6 meses. Para colmo el hombre parece que comenzó mal: por un lado, habría comprometido 10 direccionespara su secretaría,cuando sólo cuenta con 4 y, encima, también le impusieron un supervisor, aparentemente de confianza de Giorgi. Por el momento, y a pesar de todo el malhumor que desplegó no consiguió mayores avances en ninguno de los dos sentidos.

Mucho mejor ánimo se le nota al saliente ministro Raúl Rivara. De hecho, es muy comentado el nuevo mensaje que tendría en su contestador: «Si usted busca a Rivara llame al teléfono xxxxx; ahora, si lo que usted quiere es comunicarse con el Ministerio de Asuntos Agrarios, olvídelo: ya no existe».

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... que, a nivel nacional, la cuestión no es mucho mejor, especialmente, por la ratificación del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, que viene embretando a Javier de Urquiza en la SAGPyA, y no sólo porque le pisa temas de su órbita. El hecho es que en la cartera agropecuaria cada vez resulta más difícil explicar las decisiones oficiales, y políticamente están siendo erosionados por su propio gobierno que los coloca en posiciones de debilidad e incómodas. Casi la misma incomodidad que enfrentan los funcionarios de la Cancillería cuando deben intentar defender internacionalmente los intereses locales. «Miren, la resistencia de los consumidores de algunos países europeos ante los organismos genéticamente modificados es equivalente a la creencia argentina de que tienen derecho a consumir energía y alimentos baratos, sin importar lo que pasa en el resto del mundo», señaló días atrás un diplomático del G-7, con una ironía imposible de ocultar, aún si hubiera querido (y no quería). El hecho es que ya resulta imposible tratar de hacer aparecer coherente el reclamo internacional (contra las ayudas, subsidios, etc.) con el daño que causa la propia política interna en los sectores que, supuestamente, dicen que intentan defender, o con las políticas que oficialmente se sostiene en público. Y, de hecho, el caso más patético es el de la «defensa» del comercio exterior, cuando se aplican retenciones a las exportaciones y crecientes recortes a las posibilidades de vender afuera (cupos, permisos restrictivos, etc.) en los rubros más competitivos que tiene la Argentina, como son los alimentos y productos agroindustriales. De todos modos, ya entre los analistas más serios se prevé que «este próximo año, se va a tener que exportar más». Lo que no parece aún claro es cómo pretenderá entonces el gobierno compatibilizarlo con la demanda interna.

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