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28 de febrero 2002 - 00:00

Retenciones: retroceso y atentado sobre el agro

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Se trata de un claro avance hacia el pasado, por describir de alguna manera esta inexplicable tendencia a repetir errores que llevaron al país a situaciones que deseábamos superadas para siempre. Parece un retorno a la década de 1980, curiosamente llevada adelante por muchos de los propios dirigentes con que el país contaba en aquellos años.

Es un avance hacia el pasado porque otra vez cambian las reglas de juego entre siembra y cosecha. Otra vez no interesa la información que maneja el estudioso, sino la mayor o menor capacidad de presión que pueda ejercer aquel que está cerca de los que deben resolver.

En asuntos como éste, y a esta altura de las circunstancias, es imprescindible ser muy claro: la aplicación de este tributo injustificable equivale a que se saque el dinero a quienes saben producir alimentos (o han venido demostrando por años, contra viento y marea), supuestamente para comprar alimentos que después ni siquiera se es capaz de distribuir adecuadamente.

Para colmo, el nivel de responsabilidad y la trayectoria de algunos de quienes han salido a postular la reaplicación de retenciones lleva a pensar que se busca endilgar primero a la exportación, luego a la cadena agroalimentaria y por último, seguramente, a los productores la condición de culpables de la crisis, una crisis que, dicho sea de paso, es absolutamente lógica mientras se gaste más de lo que se produce.


Unos años atrás, en 1998, la aplicación del IVA diferencial al sector, que implica una expropiación implícita de la renta, provocó un histórico cese total de actividades impulsado al unísono por las cuatro entidades nacionales de productores agropecuarios y las asociaciones que representan a la cadena agroalimentaria. Ahora hablamos de retenciones con intenciones de legitimar su regreso. ¿Será luego el tiempo de volver a los precios máximos?

Para no sobreabundar, queda a mi juicio a la vista la propensión al facilismo que subyace en querer expropiar renta a quienes legítimamente vienen dedicándose toda una vida y saben producir alimentos, con el aparente propósito de distribuir alimentos -previa compra-entre quienes no tienen dinero para adquirirlos.

¿No sería más fácil y mejor que cada cual hiciera lo que sabe?

¿No sería más fácil consensuar con los productores estrategias de producción alimentaria?

¿No sería más fácil, junto a quienes han invertido y arriesgan todo en el país, desplegar una estrategia de conjunto para producir riqueza, exportar y ahí si generar ingresos genuinos de divisas?

¿Será que por ser más fácil, justamente, no se lo hace?

El Presidente de la Nación ha citado recientemente una frase del general Charles de Gaulle: «A la crisis, la racionalidad permite sobrevivirlas, pero sólo la pasión puede vencerlas». Para ser productor en la Argentina de hoy, se necesita, indiscutiblemente, una dosis generosa de pasión.

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