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11 de abril 2020 - 00:00

El trabajo día a día de un emergentólogo en medio de la padenmia

Los profesionales de la salud que recibimos a pacientes graves sufrimos nuestros propios miedos y conocemos esta enfermedad día tras día. Pero también tenemos la oportunidad de hacer la diferencia.

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Médicos de distintas especialidades se especializan en emergentología frente a contingencia del coronavirus.

Gentileza: Adolfo Savia.

Los habitantes de toda la Argentina se encuentran cumpliendo la cuarentena obligatoria dispuesta (hasta ahora) hasta el lunes 13 de abril. Este enorme esfuerzo, permitió ganar tiempo, aunque el impacto es difícil de medir numéricamente, considerando las proyecciones de mortalidad, nos encontramos en un escenario más optimista que varias de las proyecciones que se vieron en las últimas semanas.

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Al igual que cualquier persona, al final de mi día, me informo a través de portales o canales de noticias y es inevitable conmoverse con impactantes escenas mayormente de otras latitudes, en números de muertos y afectados, sus historias y las de los profesionales que los atienden. Los aplausos, los llantos y las alegrías. Merced de tanta información incluso los que trabajamos en salud pendulamos entre un muy cauto optimismo por lo realizado a tiempo en nuestro país y una profunda sensación de aprehensión por lo aún, a pesar de todo, podría venir.

Si bien se ha repetido incansablemente, esta cuarentena permite continuamente aplanar la curva a través de profundas medidas de distanciamiento social, disminuyendo la propagación local del virus para intentar bajar el volumen de pacientes que requieran atención médica de cualquier complejidad de forma simultánea, especialmente los casos graves porque, difícilmente, cualquier sistema de salud, aún del primer mundo y más sólido que el nuestro, pueda soportar embates como los que actualmente están recibiendo en Italia, España o Estados Unidos.

En estas líneas, quiero contarles a todas las personas que están realizando este enorme esfuerzo en la cuarentena y que tan preocupadas están por la situación, que estamos haciendo con el tiempo que nos han ganado:

La primera línea asistencial en esta pandemia está formada por equipos médicos, de enfermería, bioquímica, kinesiologías, técnicos y de soporte de las áreas de emergencias, clínica médica y terapia intensiva. Durante estos días, nos encontramos entrenando para mejorar nuestra capacidad de manejar pacientes críticos con Covid-19, a medida que vamos conociendo más la enfermedad más conscientes somos de la preparación que necesitamos; acciones rutinarias como vestirnos o intubar un paciente se han modificado de forma sustancial e incluso la anamnesis (entrevista que realiza el profesional de la salud) ahora incluye virtualmente en todos los casos, preguntas que nos orienten si podríamos estar frente a un caso sospechoso.

Se ha hablado mucho de los pacientes que necesitarán ventilación mecánica desde la perspectiva del número de ventiladores o respiradores, pero poco se ha dicho del capital humano necesario para ventilar a un paciente. Un ventilador al lado de una cama entre cuatro paredes, no constituye una cama de cuidados críticos, ya que es el recurso humano es quien le da sentido al término cuidados; no hay cuidados sin cuidadores y quienes cuidan al paciente crítico, en la emergencia y en la sala de terapia intensiva son un recurso especializado, con una preparación técnica, física, psicológica y una capacidad única de empatía que los hace un recurso escaso, difícil de formar, difícil de mantener y muy poco valorado (hagamos la prueba de preguntar a la comunidad cuantas personas saben que en nuestro país la Emergentología es una especialidad que lleva los mismos años de formación que la Clínica Médica, la Neurología o la Infectología); a nadie se le ocurriría pensar que lo que condiciona la realización de cirugías es la cantidad de escalpelos, por lo que difícilmente más allá del déficit que pudiera haber de ventiladores, las necesidades son mucho más profundas.

Incluso los Servicios de Emergencia Prehospitalaria (públicos y privados) constituyen un pilar fundamental de la atención del paciente crítico, que en esta pandemia, se ha erigido con un rol crítico a la hora de centralizar los pedidos de ayuda, atención inicial y traslado seguro de los pacientes a los centros de salud. La preparación que requiere un equipo prehospitalario (médicos, enfermeros, choferes-técnicos y radioperadores entre otros) para desarrollarse en un entorno no controlado (como la vía pública, un domicilio, una estación de subte, etc) y los riesgos personales a los que diariamente se exponen han sido tradicionalmente ignorados y espero sinceramente que luego de lo visto durante estas últimas semanas donde una vez más (como en Iron Mountain, Once, Cromañón , AMIA, Embajada de Israel, LAPA y muchas otras) han mostrado su valía, preparación y compromiso reciban el apoyo y reconocimiento que merecen.

Dicho esto, quienes nos dedicamos al paciente grave, hemos pasado el último mes (y algunas semanas más) entrenándonos en nuestros servicios, a través de diversas plataformas, recursos de sociedades científicas, ministerio de Salud, realizando simulaciones y poniendo a prueba nuestros planes de trabajo. Pero esta primera línea de cuidados críticos es apoyada por el resto de los profesionales y equipos de salud, se suspendieron mayoritariamente los servicios electivos tales como cirugías, estudios programados no esenciales y se han redirigido los recursos humanos y materiales para soportar la atención de emergencias. No es nada infrecuente ver hoy especialistas como Traumatólogos, Obstetras y Cirujanos colaborando con la categorización de riesgo de los pacientes (Triage) en los centros de salud o en la atención de pacientes que si bien son de su competencia como médicos no responden directamente a su especialidad. Es también cada vez más frecuente que estos profesionales entrenen con los equipos de emergencias para asistirlos durante procedimientos críticos.

Muchas instituciones han cambiado por completo su forma de trabajar incluso modificando su estructura edilicia, generando recorridos separando a los pacientes con sospecha de enfermedades respiratorias de aquellos que tienen otras necesidades. Algunas instituciones han anexado facilidades tales como carpas, hoteles, containers, hospitales satélites, etc. para ampliar su capacidad; nuestro sistema está cambiando, y quizá nunca vuelva a ser el mismo que fue hasta hace algunos meses.

El día a día también ha cambiado dramáticamente; la fisionomía de los profesionales de la salud se ha modificado y aprendimos a vestirnos rápidamente con nuestros elementos de protección para estar listos para la emergencia… Y también comenzamos a valorar el uso racional de estos elementos, porque ya no se trata de una cuestión de costos, se trata de una cuestión de abastecimiento, de sustentabilidad del servicio de salud y, por qué no, de supervivencia.

Esta situación nos plantea un desafío enorme, único, que nos confronta contra la realidad de un sistema de salud fragmentado y débil, con trabajadores con escaso reconocimiento en todas las dimensiones (social, económica, profesional, académica, etc.) pero que carga sobre sus hombros la enorme responsabilidad de ser la cara visible de este sistema. Además, los equipos de emergencia viven una relación médico paciente muy particular y asimétrica signada por la necesidad y la toma de decisiones extremas, pero a la vez no siendo elegidos por el paciente que consulta, ese hombre que está en la camilla siendo atendido por un infarto, esa mujer con traumatismos, la anciana con un ACV, no eligieron verme a mí en esa sala de emergencia: simplemente no tuvieron otra opción. Pero nosotros sí, elegimos este camino, día a día, por lo que se espera que honremos a estos pacientes ofreciendo toda nuestra ciencia (y nuestro arte), nuestra destreza y nuestra empatía ante la necesidad.

Aún ante esta enfermedad, nueva y de la que vamos aprendiendo en el día a día, a pesar incluso de nuestros propios miedos, tenemos una increíble oportunidad de hacer la diferencia. La sociedad ha hecho un gran sacrificio y nos ha dado el tiempo que necesitábamos para alistarnos y no tengo dudas que vamos a honrar este esfuerzo ofreciendo lo mejor de nosotros, para el momento más difícil.

(*) Jefe de Emergencias del Sanatorio Anchorena.

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