De lo deportivo a lo psicológico, así se moldea un adolescente para la alta competencia

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¿Qué hace falta para convertir un adolescente que suele ir al colegio, reunirse con amigos y jugar a la "play" en un deportista de alto rendimiento? Mucho trabajo, sostenido durante un largo tiempo y apoyado en un equipo que se ocupe de diferentes tareas. Siempre teniendo en cuenta los sentimientos e inquietudes de un chico menor de 18 años, tal como lo hacen Juan Carlos Martín, entrenador de natación, y Martín Trejo, técnico de badminton.

Ambos están alojados en la Villa Olímpica de la Juventud junto a sus respectivos grupos y lidiando con los éxitos y las frustraciones. El "Gallego" Martín formó innumerables nadadores y ahora tiene bajo su órbita a Delfina Pignatiello, ganadora de la medalla de plata en los 800m libres, Juan Ignacio Méndez, Delfina Dini, Julieta Lema, María Selene Alborzen y Joaquín González Piñero. Trejo, por su parte, pasa enorme cantidad de horas por día junto a sus dirigidos, y en esta oportunidad conduce a Mateo Delmastro, único exponente nacional y que ya quedó eliminado.

Ámbito.com dialogó con los dos coaches, quienes tienen conceptos casi idénticos sobre algunas bases: la necesidad de entender las edades, la importancia de lo psicológico y que éste es el momento de mejorar los rendimientos personales más allá de los resultados.

Como toda carrera deportiva, para un atleta juvenil (en Buenos Aires 2018 compiten chicos de entre 15 y 18 años) el primer paso es la evolución de su condición. "Primero tenemos una acción técnica, tiene que aprender a nadar correctamente en sus estilos, tiene que prepararse bien físicamente tanto dentro como fuera del agua, tiene que cuidarse de enfermedades, del peso, de lesiones. Y lo más importante, hay un trabajo mental con mucho apoyo de todo el equipo, que incluye al entrenador, el médico, el psicólogo", describe Martín.

"La preparación es compleja desde el punto de vista de la planificación. Se debe contar con la infraestructura, el cuerpo médico, los psicólogos, el apoyo necesario para competencias internacionales. Hay que planificar a corto, mediano y largo plazo con sus respectivos objetivos", acompaña Trejo, quien "los detalles" marcan la diferencia y no se pueden dejar cabos sueltos.

Y comparte en el sentido que expone su colega de la natación, haciendo hincapié en las diferencias de edades y en la necesidad de no apuntar sólo a un resultado: "No es lo mismo preparar a un juvenil que a un adulto. El adolescente está en formación y debe ir cumpliendo metas desde lo técnico, táctico, físico, psicológico y hasta social. Ahora un resultado es importante, pero el chico siempre debe mejorar".

No es nuevo que la parte psicológica sea tan determinante como la técnica o la capacidad física. En los últimos años, muchos deportistas y equipos incorporaron profesionales de esta disciplina para fortalecerse. Tanto para Martín como para Trejo, este punto es vital.

"A esta edad las caídas son bravas, muy difíciles de llevar", indica el "Gallego", y argumenta: "Hay que hablar y escuchar, porque los chicos tienen cosas para decir. Escuchando y respondiendo con nuestra humilde antigüedad en la materia, podemos ayudarlos para poder sacar los aspectos negativos y apoyar los positivos".

Para el especialista en natación, la parte mental es clave porque los chicos "están en constantes cambios, sociales, hormonales, psicológicos, intelectuales, y hay que acompañarlos para interpretarlos y orientarlos en el camino correcto". No soy psicólogo, pero tengo más de 50 años al lado de la pileta y hay que tratar de volcar esa experiencia en función de las mejoras", profundiza.

"Son tantas horas diarias las que se pasan con el deportista, en mi caso nueve en total, más los viajes a los torneos, que son todo el día... A la larga uno termina incidiendo mentalmente, lo quiera o no", elabora el entrenador de badminton. Tal es el nivel de tiempo y enseñanza, que a veces las fronteras se hacen complejas: "Muchas veces me doy cuenta que tengo más incidencia sobre la vida de los deportistas que sus propios padres. Establezco un vínculo con los chicos, pero también marco límites porque no soy amigo de ellos ni de los padres, y no acepto invitaciones ni de cumpleaños".

Tanto Martín como Trejo coinciden en que la diferencia sustancial de preparar a un atleta juvenil y a uno mayor pasa, justamente, por entender sus diferentes edades y sus lógicos rendimientos. A raíz de eso, cada uno elige darle un tipo de consejo distinto a sus jóvenes dirigidos.

"Les digo que es un deporte, no es el fin ni la muerte de nadie, hay que divertirse y gozar con el esfuerzo, el trabajo, la mejoría de las marcas, y cuando venga la malaria, saber aceptarlo. También hay que tener siempre el objetivo bien claro en la mente para poder tener como fin el desarrollo de un plan en pos de algo. Al tener eso, tiene una gran ventaja, porque sabe por qué y para qué hace todo", confía Martín.

"El principal consejo que yo puedo dar, más allá de lo táctico o lo técnico, es que el jugador que quiere llegar a la alta competencia tiene que hacer foco en lo que se llama entrenamiento invisible, la correcta alimentación, el descanso, estar al tanto de lo que ocurre en el primer nivel mundial de su deporte. En el caso del badminton, con el uso de internet, que vean videos, que busquen jugadores modelos. Con todo esto, empieza a ver que el deporte es una de las actividades principales y acomoda todo en función de eso, y ahí se da cuenta que empieza a llegar a la alta competencia", concluye Trejo.

Cientos de chicos menores de 18 años buscarán consolidar la primera parte de su formación como deportista en los Juegos de la Juventud de Buenos Aires. Sus entrenadores han invertido horas de esfuerzo y conocimiento para su permanente mejora.

Por eso ellos también desean que todas las nuevas instalaciones construidas para este evento no queden en la nada. "Estos juegos nos dejan una gran infraestructura. En natación queda una pileta de nivel mundial. Lo único que espero es que no nos pase lo mismo que con los Panamericanos de 1995. Yo era head coach de natación y cuando terminaron los Juegos, la pileta quedó en la nada porque nadie quería mantenerla, y lo mismo pasó con otras cosas. Sería una pena muy grande ver que semejante esfuerzo que ha hecho un país, se abandone, sería criminal", cierra Martín.

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