26 de noviembre 2014 - 23:36

Diez años después, River tuvo su revancha ante Boca y va por todo

Gutiérrez y Vangioni festejan, emocionados, de cara a su gente.
Gutiérrez y Vangioni festejan, emocionados, de cara a su gente.
River quebró la paternidad de Boca en torneos internacionales, le ganó con justicia por 1 a 0 y se consagró finalista de la Copa Sudamericana, instancia en la que se enfrentará con Atlético Nacional de Medellín, tras un partido de escaso brillo, mucha pierna fuerte y un alto contenido emotivo.

Leonardo Pisculichi, a los 16 minutos marcó el único gol del Superclásico, que apenas en el comienzo tuvo un pico emocional altísimo con el penal que sancionó Germán Delfino a los 18 segundos del comienzo en el estadio Monumental, pena malograda por Emmanuel Gigliotti con un mal remate que desvió Marcelo Barovero.

Sobre el final fue expulsado Daniel Díaz, ya en el descuento, una prueba del nerviosismo que envolvió al equipo dirigido por Rodolfo Arruabarrena en la serie que comenzó con un 0 a 0 en La Bombonera.

Esa carga emocional que se manifestó rápido con el penal que sancionó Delfino por infracción de Ariel Rojas a César Meli, la mala ejecución de Gigliotti, la feliz intervención de Barovero, determinó el rumbo del partido.

Porque de lo que pudo haber sido el 0-1 con grandes chances de eliminación River pasó a controlar el medio juego, aunque sin llegada, pero con el ánimo en alto por el susto superado.

Pese a ese control del balón la mejor chance para convertir volvió a ser de Boca, pero Gigliotti reafirmó que no estaba en una buena noche, no pudo aprovechar el rebote de Barovero ante un remate de Meli y permitió una muy buena tapada del uno local.

Y para redondear el contraste entre la orientación de uno y otro en el juego, River dijo presente con dos buenas jugadas colectivas, la primera terminó con un remate desviado de Sánchez y la segunda significó la apertura del marcador.

Una serie de toques en el que intervinieron varios derivó en una subida de Leonel Vangioni, un centro preciso facilitado por una marca a distancia, y el zurdazo como venía de Pisculichi para ubicar la pelota abajo, junto al palo derecho de Agustín Orión. Una definición exacta para el 1 a 0.

La cuestión anímica, tantas veces ponderada en el fútbol, terminó de afianzar a River, que manejó el desarrolló el juego, pero sin profundidad y apelando a veces al juego brusco cuando perdía el balón.

En los últimos minutos Boca se "puso otra vez en partido" con mucho de ganas y muy poco de fútbol, ya que Fernando Gago jugó prácticamente el primer tiempo en "una pierna" luego de una fuerte infracción de Pisculichi y sintiendo la falta de otro jugador que le diera fluidez al traslado, con Gonzalo Castellani y, sobre todo, Adrián Cubas en el banco. Pero por Gago entró José Fuenzalida.

Pero esa recuperación de Boca encontró otra vez a Gigliotti como definidor y la consecuencia fue cero. En la primera acción le cobraron mal una posición adelantada y en la segunda eligió cabecear al arco cuando dos compañeros esperaban para empujarla en la boca del arco.

Y sobre el cierre casi aumenta River luego de otro centro de Vangioni, el cabezazo de Teófilo Gutiérrez y la atajada de Orión.

Se llegó así al descanso con un River que no demostró ser superior pero que tuvo un poco de aplomo en un partido con una gran carga de nervios.

El segundo tiempo fue todo del equipo de Núñez, que manejó mejor la pelota, tuvo en Leonardo Ponzio al patrón del medio campo, aprovechó las bandas con las llegadas de Vangioni y, en especial, de Carlos Sánchez, y contó con la seguridad de Barovero, la inteligencia de Pisculichi y los pincelazos de talento del delantero colombiano.

Y si ese dominio territorial, futbolístico y psicológico de River no se tradujo en el segundo gol fue porque hubo demasiado apuro en el último pase y las numerosas llegadas limpias que tuvo no se tradujeron en situaciones netas de gol.

Boca fue la contracara. La circulación de pelota de River desnudó que el de Arruabarrena era un equipo partido en dos y sin creación. Con jugadores con pulsaciones a mil y ninguna cabeza con la frialdad necesaria para darle destino cierto al balón. Apenas las corridas de Federico Carrizo, el único elemento de desequilibrio en la visita. Demasiado poco para su pretensión de ser finalista y demasiado poco para aspirar a cualquier conquista importante.

River fue legítimo ganador del Superclásico, un finalista lógico y ahora lo espera el próximo miércoles la tórrida Medellín para comenzar a hacer realidad su sueño copero.

= Síntesis =

River Plate: Marcelo Barovero; Gabriel Mercado, Germán Pezzella, Ramiro Funes Mori y Leonel Vangioni; Carlos Sánchez, Leonardo Ponzio, Ariel Rojas y Leonardo Pisculichi; Rodrigo Mora y Teófilo Gutiérrez. DT: Marcelo Gallardo.

Boca Juniors: AgustíOrión; Leandro Marín, Juan Forlín, Daniel Díy Nicolás Colazo; Federico Carrizo, Fernando Gago, Cristian Erbes y César Meli; Jonathan Calleri y Emmanuel Gigliotti. DT: Rodolfo Arruabarrena.

Gol en el primer tiempo: 16m. Pisculichi (RP).

Cambios: en el primer tiempo, 40m. José Fuenzalida por Gago (BJ); en el segundo, 23m. Andrés Chávez por Fuenzalida (BJ), 37m. Augusto Solari por Pisculichi (RP) y 40m. Castellani por Erbes (BJ).

Incidencias: en el primer tiempo, 2m. Gigliotti (BJ) ejecutó un tiro penal desviado por Barovero; en el segundo, 45m. +5 expulsado Díaz (BJ).

Amonestados: Mercado, Ponzio, Vangioni y Rojas en River; Díaz, Carrizo, Forlín, Fuenzalida y Chávez en Boca.

Árbitro: Germán Delfino.

Estadio: Monumental.

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