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26 de julio 2004 - 00:00

El sueño argentino terminó en la definición por penales

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La desilusión de Ayala, Mascherano, César Delgado, Sorín, Zanetti, D’Alessandro y el «Kily» González, tras perder en la definición por penales la Copa América ante Brasil.

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Se podría decir que allí perdió Argentina. Ni siquiera hacía falta la ejecución de los penales, porque el nerviosismo de los jugadores argentinos ante tamaña mala fortuna (o injusticia) hacía prever que la suerte estaba echada.

La Selección argentina fue el mejor equipo del torneo y ayer dominó durante gran parte del partido mostrando por momentos amplia superioridad, desde la potencia de Zanetti y Sorín para avanzar por los costados, hasta la categoría de Tevez abriéndose camino ante una defensa que sólo atinó a golpearlo.

Brasil había empezado mejor con Luis Fabiano desbordando a Heinze y creando dos situaciones de gol, pero bastó que Argentina ajustara sus marcas y mejorara la presión en terreno adversario, para tener posibilidades claras y ciertas de definir.

Argentina ganó en el terreno de la lucha y el juego friccionado, pero también lo hizo sobre el terreno, donde los dos González (Lucho y «Kily») se erigieron en generadores de ataques permanentes, ayudados por los desbordes de Mauro Rosales. Se puso en ventaja con un penal de Alex a Lucho González, después de un bonito pase de taco de Tevez y lo justificó a lo largo de todo el primer tiempo con un dominio, que no fue abrumador, pero sí tan insistente como notorio.

Sin embargo, Brasil empató en la última jugada del período, como consecuencia de un tiro libre de Alex que cabeceó con comodidad en el área Luisao ante la pasividad de la defensa y el estatismo de Abbondanzieri.

Lejos de caerse anímicamente, la Selección argentina salió en el segundo tiempo dispuesta a definir el partido. En esta parte del juego el dominio fue abrumador, jugando 30 de los 45 minutos en campo brasileño. No tuvo suerte Tevez -ante un centro de Zanetti- porque conectó defectuosamente una pelota que rebotó en un poste. Pero esa jugada marcó la pauta de la fragilidad defensiva de Brasil y le marcó al equipo de Bielsa el camino de la victoria.

Brasil se dedicó a «aguantar el partido». Retrasó sus líneas y hasta demoró en cada tiro libre favorable, demostrando su conformismo con el empate, que le diera la posibilidad de definir por penales. Argentina fue en forma constante al ataque buscando superar a un seguro Julio César (el mejor de su equipo) y tuvo no menos de seis situaciones favorables para ponerse en ventaja.

El gol del triunfo no llegaba y cuando el partido parecía que se encaminaba hacia la reglamentaria pero injusta definición por penales, a los 42 minutos César Delgado con un remate cruzado -después de un centro de D'Alessandro- logró el segundo gol argentino que le ponía las cosas en su lugar. Ganaba el mejor de los dos y la Copa se quedaba en el país. Brasil atacaba por inercia buscando una pierna salvadora y, cuando faltaban 10 segundos para el final, la encontró.

Después las protestas de los jugadores argentinos a los brasileños por una «presunta cargada» fueron una muestra de impotencia que sirvió para agudizar el nerviosismo de nuestros jugadores ante la situación.

La definición desde el punto del penal mostró el estado de ánimo de cada uno. D'Alessandro anunció su remate, que fue atajado por Julio César. Heinze «pinchó una nube» con el suyo, mientras los brasileños se aprovechaban del nerviosismo de Abbondanzieri que se arrojaba antes que saliera la pelota.

Brasil es campeón de la Copa América, y eso es lo que mostrará la historia. Allí no importarán los merecimientos y apenas si se comentará que fue en definición por penales. La Selección argentina estuvo cerca de meterse en la historia de los campeones, pero se quedó sin tinta cuando iba a firmar...

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