5 de agosto 2002 - 00:00

A un mes de su debut, nadie utiliza la factura de crédito

A un mes de su debut, nadie utiliza la factura de crédito
A más de un mes del comienzo del sistema de Factura de Crédito (FC), y cuando las primeras operaciones con este régimen ya deberían haberse concretado, el uso efectivo del instrumento es por ahora casi nulo. Se concretaron menos de 5 por ciento de las operaciones que en teoría están alcanzadas por este documento. En 95 por ciento de los casos en lugar de estas FC, que junto con la devaluación y la pesificación representan la herencia del paso de Ignacio de Mendiguren por el gabinete de Eduardo Duhalde, el mercado creó toda una serie de artilugios para evitar la obligación de operar con esta factura. Para muchos defensores del sistema, el problema actual de la FC es sistémico y se debería a la falta generalizada de crédito que sufre la Argentina.

En teoría todas las transacciones de más de 500 pesos que se paguen a un plazo mayor a 30 días, deben efectuarse obligatoriamente con estos documentos.
Como el régimen comenzó a regir desde el lunes 1 de julio, todas las operaciones realizadas luego de esa fecha que tengan un vencimiento posterior al viernes de la semana pasada y que superen el límite de los 500 pesos, tendrían que haberse efectuado con este instrumento. Sin embargo, no hay prácticamente ningún rastro en la economía real que demuestre que alguien usó estas facturas.

• Objetivo

La idea del gobierno al lanzar el régimen, era facilitar el acceso al crédito para las PyMEs. A esto se llegaría porque cuando una empresa difiera el pago de una transacción estaría obligada a recibir una FC, emitiendo un recibo que el proveedor podría utilizar para acceder a préstamos o entregar a un banco, que a su vez se encargaría de su cobro. Las empresas que no acepten el uso de las FC están penalizadas con la imposibilidad de computar el crédito fiscal para el IVA en esas operaciones, además de no poder deducir de los gastos en el Impuesto a las Ganancias. Legalmente sólo quedaban excluidas del uso de las FC algunos sectores como el cerealero, droguerías, diarios y revistas, seguros, contratistas de obra pública, hotelerías y telefonía celular, entre otros. Esto implica que más de 50 por ciento de las transacciones habituales de la economía argentina, sobre todo en las que están comprendidas las PyMEs, estarían alcanzadas con este instrumento.

Sin embargo, este efecto no se produjo. La principal causa del momentáneo fracaso del sistema es que actualmente el plazo de pago actual, luego de la devaluación del peso, es de menos de 48 horas.
Las operaciones a más de una semana de liquidación prácticamente son las mínimas y vinculadas a grandes compañías entre sí, o a relaciones comerciales entre empresas y clientes de muchos años de vigencia. Entre PyMEs y proveedores, la relación comercial posdevaluación es al contado. Según Vicente Lourenzo, contador de CAME, el poco uso de las FC se debe a que «no hay crédito en la Argentina», ya que «nadie espera 30 días para cobrar», ante el temor de perder el dinero en manos de la inflación.

En el caso de los supermercados, que antes de las FC eran prácticamente los únicos que operaban con pagos superiores al mes, los jefes de compras de las grandes cadenas y tiendas obligaron a sus proveedores, vía comunicación escrita, a colocar en las facturas un plazo menor a los 30 días para no entrar en la obligación. Sin embargo, el pago se realiza en los tiempos habituales. Para esto se abre una cuenta corriente y el proveedor debe esperar que el supermercado le efectúe la liquidación.

• Cheque diferido

Otro mecanismo utilizado, fundamentalmente entre las grandes empresas y sus proveedores, es que en lugar de las FC el comprador emitirá un cheque de pago diferido cuando reciben la mercadería. A su vez está aumentando el mercado secundario de ventas de estos cheques, precisamente la operación que quería limitar Economía con este tipo de instrumentos.

Para el presidente de la
Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA), Raúl Lamacchia, la aplicación del régimen es positivo y estaría bien reglamentado, pero «el problema de fondo es que en la medida en que los bancos no reconstruyan el crédito este instrumento está bastante limitado».

• Sin pedidos

Por el lado de las imprentas, las encargadas de confeccionar los formularios de estos instrumentos, prácticamente no recibieron órdenes para emitir las FC. Por ahora, las pocas empresas y proveedores que eligieron utilizar estas facturas, prefieren imprimir factura por factura desde la página oficial de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), antes de contratar una imprenta para que confeccione un formulario.

Como para dar una idea de la falta de fe que el propio gobierno tuvo en este esquema de FC, están obligadas a recibir las FC todas las empresas del país (salvo las actividades exceptuadas), pero no el Estado nacional, las provincias, municipios y el Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires.

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