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El gas en boca de pozo es un producto que está desregulado y que tiene dos variaciones al año, con un valor para el invierno y otro para el verano, con el criterio de que el precio debe ser más alto cuando hay mayor consumo.
Las productoras de gas, que son las empresas petroleras, tienen contratos con las distribuidoras del producto, que se ajustan según una fórmula que contempla el precio internacional del petróleo y combustibles líquidos, con un piso y un techo para el traslado, que a su vez se ajustan por precios industriales de Estados Unidos.
Pero esos contratos pasaron a estar pesificados a partir de la Ley de Emergencia Pública, abriéndose un período de 180 días para que las partes renegociaran nuevos contratos.
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