Es reiterativo el exterior con la necesidad de medidas realmente serias en la Argentina para encaminar su reactivación. «Esperemos que las haga para ganarse la confianza», dijo George W. Bush a periodistas latinoamericanos con los que habló sobre el continente. «Van a tener que decidir algunas cosas duras», agregó el mandatario norteamericano.
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«Hay muy poca confianza en el gobierno de Duhalde en su capacidad de llevar a cabo las medidas», señaló Peter Hakim, experto en política norteamericana sobre Latinoamérica.
En el otro extremo, Anne Krueger, la famosa subdirectora gerente del Fondo Monetario, reiteró en Moscú sobre la Argentina: «No podemos conceder préstamos» con la misma situación. Agregó algo más preocupante: no es que en 2 semanas vendrá otra misión negociadora del Fondo a la Argentina, sino que en ese término decidirá si la envían.
Josep Piqué, el canciller español, muy entendido en la crisis argentina, expresó que «no hay alternativa a una política de rigor» por parte del gobierno del presidente Duhalde, aunque le elogió que haya descartado algunas medidas anunciadas inicialmente de «claro contenido populista». Finalmente, aconsejó a la Argentina «ir más rápido» en su plan de recuperación.
Sin embargo, lo que más impactó ayer -aunque todos son duros con el gobierno argentino por no encarar soluciones de fondo con rapidez- fue el hasta ahora siempre solidario presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso. Reiteró que «hay que cuidar a la Argentina», pero dijo que Brasil apoyará «en la medida en que la Argentina avance».
Cardoso es uno de los más preocupados del mundo porque ambiciona, cuando termine este año su presidencia en Brasil, continuar su carrera en las Naciones Unidas y querría llevarse como prenda de logros un fortalecimiento del Mercosur, que hoy se agrieta con esta Argentina destrozada.
La conclusión es que el exterior no cree en el «maquillaje» de ajuste que dispuso el gobierno actual y empieza a impacientarse con la Argentina por la persistencia en no ubicar el camino de la recuperación, no porque no lo conozca, sino porque no se quieren afrontar riesgos de impopularidad en Duhalde, algo no admisible en una nación en crisis terminal.
Ayer fue otra tensa jornada en mercados con un cierre final a $ 2,57 del dólar. El Banco Central esperó hasta las 16 para intervenir en la plaza, y en ese momento, en casas de cambio, la cotización era de $ 2,67. Fueron 95 millones los dó-lares que debió vender de reservas para abastecer la demanda, que ayer fue típicamente de inversores minoristas ya que los bancos tuvieron récords de ventas en sus sucursales.
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