Termina el año y comienzan los quinchos de verano. Sin embargo, la reseña empieza con una reunión bien porteña: la despedida de 2003 de un ex candidato a jefe de Gobierno. Allí se habló de una controversia que involucra a jefes de una fuerza armada, pero también del curioso cambio de deporte de un goleador argentino histórico. En Punta del Este, funcionarios y legisladores ya se reúnen en tradicional bar de la avenida Gorlero; se habla bien de un hotel-casino ya establecido, y no tanto de uno recientemente inaugurado. En una de esas mesas se supo que una embajada -que terminó en manos de un ex presidente- tenía otro destinatario. Otro quincho esteño, esta vez en prestigioso restorán de José Ignacio, sirvió para hacer chistes sobre un «buchón» o «arrepentido» (según quién lo califique) y especulaciones sobre quién será «Pontaquinto». Veamos.
Mauricio Macri despidió 2003 en la sede de su fundación -en el barrio Montserrat- rodeado de punteros porteños y "propia tropa", en un total aproximado de 800. Se le auguraron módicas ambiciones para el año que se inicia.
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• Pero en la fiesta se preocupaban más por la venta de las fábricas de fideos de Franco Macri en Brasil y de la candidatura del hijo, en 2005, a diputado nacional. Ya saben que habrán de pelear contra Elisa Carrió y, tal vez, contra el cubanito Rafael Bielsa, quien para entonces sospecha que mejorará en las encuestas. Afirmaban que Macri quiere ir al Congreso para aliarse con los provinciales y desde allí pelearle la vicepresidencia tercera de la Cámara a Adolfo Rodríguez Saá. Como se advertirá, mucho esfuerzo por premios consuelo cuando, se suponía, Mauricio Macri aspiraba a niveles más expectantes. Tal vez haya seguido los consejos de Carlos Bianchi, quien antes de llegar a Boca primero pasó por Vélez. O sea, el «paso a paso». Igual sorprendían tan modestos sueños. Sobre todo cuando muchos de los asistentes sostenían que la difusión de viejos y controvertidos dictámenes del responsable de Seguridad, Norberto Quantín, apuntan a desalojarlo del cargo para instalar allí a Patricia Bullrich, quien quizás heredó esa inclinación de su ex cuñado Rodolfo Galimberti. Quienes hablaban de este cambio ignoraban la vigencia -o, al menos, no creían en ella- de una frase de Gustavo Béliz: «Yo no seré ministro si Quantín no me acompaña».
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