7 de febrero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Si esta gente tuviera una chacra, fenomenal despiole se le armaría en los rodeos. Porque cuando quisieran sacar algún ejemplar de un corralito, la solución que tendrían sería totalmente inesperada: hacer corrales más grandes. De tal modo, visto desde arriba, se vería un permanente juego de ir pasando de tranquera en tranquera, de alambrada en alambrada, mientras se estaría cada vez siguiente a un intento: en un corral mayor. Las explicaciones que dan en los medios, especialmente los televisivos, acerca de medidas tomadas y fundamentos de las mismas, realmente meten miedo. Porque están arrasando con cuanta norma establecida queda, con todo tipo de ética, con los retazos de sociedad medianamente gobernada por la ley que estaba quedando. Es como si después de destruir absolutamente lo económico, se trata ahora de aniquilar lo legal, más lo social. Para ser sinceros, entre los que entrevistan y lo que salen consultados por teléfono -economistas caminados, desde muchos planes hasta esta parte-, lo que se hace es tejer una malla todavía más fuerte a los corrales. Nada altera, todo parece normal. Que un Estado decida anular la posibilidad de iniciarle juicios por 180 días es cuestión trivial en cualquier país, al parecer. (Ya que estaban lo podían haber sancionado por 180 años. Y listo.)

Los señores legisladores, ahora tan drásticos para realizar juicios políticos a la Corte Suprema, no hallan nunca motivos para realizarlo en casos puntuales y con mil argumentos a la vista. Un gobierno debió ser destituido, expulsado, por la gente directamente, como en la época de los virreyes o en gestas de independencias americanas. Se digita todo, con el atropello de quienes dejan de lado los límites de una democracia y se mueven con la facilidad de gobiernos tomados por la fuerza.


Oír explicaciones infantiles, irritativas, como las de un Todesca diciendo que si la gente se mueve en los límites de nuestro territorio, en realidad, ha ganado dinero con la conversión realizada de dejarle $ 1,40 por cada dólar. Porque las cosas no aumentan en igual proporción... y así. Sale otro al aire, no queremos ni recordar el apellido, y va más lejos: «Si antes compraba ocho sillas con un peso, ahora con 1,40 peso va a poder comprar más sillas, porque no aumentan». Y así... Falta que den algún recetario sobre las «Mil y una cosas que puede hacer teniendo pesos». ¡Olvídese del dólar, como lo hacemos nosotros, caramba!... por eso es que les pedimos a los bancos que nos vendan todos los dólares a $ 1,40. (Porque somos machos.) Falta que un día de éstos, el ministro de Economía termine un discursillo con nuevas normas, diciendo: «¿Y qué?...» No hay que pedir disculpas, la gente que tome esto, porque de otro modo no tendrá nada... y chau. No interesan más ni constituciones, ni firmas, ni contratos; es el nuevo hábitat que se difunde y que los de abajo... aprenden rápido.

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