Es difícil establecer la estrategia que emplea el gobierno nacional para -de acuerdo con ella-poder implementar una táctica. Que sirva para el comercio, para el inversor, o para el simple ciudadano que bien desea tener una idea sobre el futuro. Como de un verdadero e indicativo «plan económico» ni hablar, por lo menos venía bien conocer un camino por recorrer y saber que no se apartarían de ello. Pero todo se hace cada vez más movedizo, todo está en plena discusión o negociación, hay medidas que se toman y después se varían o se anulan o generan efectos indeseados. Estamos en un verdadero clima inestable y hostil para cualquier tipo de intención sobre emplear el capital. De lo último conocido, hay algo para poner nervioso al más pintado y es cuando la difusión de los medios el lunes se reducía a mostrar al ministro de Economía o al Presidente en actitud de pedir «ayuda internacional» (de un modo desesperado) y con un concierto de personajes del exterior que les bailan en derredor, pero no se meten la mano en el bolsillo por nada. Esa actitud, manifiestamente suplicante y sin querer decirla en secreto, sino para que se sepa, incorporaba una suerte de «maldición de la momia» echada sobre los supuestos mecenas de nuestra economía; algo así, como: «Miren, que somos la única oportunidad para mantener la democracia...» Con el eufemismo de utilizar las elecciones de 2003, más o menos, el mensaje era éste.
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Cuando los representantes del Fondo se reunieron ese mismo día con los gobernadores, algunos de ellos contaban sintéticamente: exigencias y sugerencias de los funcionarios que dejaban muy lejos todo tipo de idea que poseían los locales... Otra gran preocupación.
«Los argentinos deben prepararse para pasar dos años muy duros.» Pocas palabras en el parte proviniendo de los visitantes, y un Duhalde que quiso sacar pecho diciendo que el país saldría adelante con o sin el Fondo. Esto, claro, después de intentar «pasar la gorra» y viendo que nadie había depositado nada en ella. Muy pero muy intrincado, y con un pronóstico de lluvias fuertes, granizo, por dos años más y hablando de «duros» (como si lo de ahora resultara un valle florido al lado de lo que prometen). Así, está claro, todo proyecto se cajonea. Todo dinero que tendía a querer buscar una alternativa y moverse vuelve a la modorra de una caja local o exterior. El crédito proseguirá borrado, la cadena de pagos convertida en un hilito tan delgado, y a todo esto: ¿hacia dónde vamos? Es la pregunta que nadie quiere hacerse demasiado a fondo, porque teme por lo que le puedan orientar los aparatos de medición que emplee y las señales que reciba. La Bolsa, también. Juega a saltarle al dólar, ver si lo merodea, pero no pasa de un juego de chicos: con muy escasas monedas...
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