22 de marzo 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Decano secuestrado por alumnos, con la premisa de tener que firmar una resolución. Manifestantes copando la institución que les apetezca, ante la pasividad de funcionarios y fuerzas del orden. Banqueros detenidos, con ingreso policial a buscar gerentes de entidades. Amenaza concreta de cortar vías de acceso a la Capital, en caso de no dejar en libertad a quienes quieren los organizadores de los cortes. Para qué seguir enumerando con que algunas de esas linduras nacionales trascienda en los noticiarios del mundo, el horror por la sociedad que nos toca vivir se habrá multiplicado. Pero, el caso es que a la mayoría de nosotros no nos quitará la digestión, será ver todos los días una película como esa en los diversos programas periodísticos, o en algún canal de noticias. Con la naturalidad que tomarán en Colombia el asesinato de un legislador, o en Afganistán la ejecución de un periodista. O en Israel y Palestina el estallido, casi diario, de una bomba en un lugar céntrico. Y nos retrotrae a zona de los '70, donde también estábamos habituados a los atentados, las represiones, los hechos de violencia. ¿Quién pondrá dinero en los bancos? ¿Quién se animará a instalar una empresa, a capitalizarla, a realizar nuevos aportes, a producir? Se busca ayuda externa, contante y sonante. Ya, con desesperación, buscando agradar al gigante metiéndonos en una nueva guerra que no es totalmente indiferente y sobre la que es difícil argumentar: cuando antes, nadie decía nada.

Jaunarena desempolvando conceptos de otras épocas, mientras se percibe en todos los ámbitos que el orden natural social ha sido superado en unas cuantas de sus vallas y los que deben hacerles frente -de modo profesional-se llaman a silencio y se dedican a contemplar: muchas veces da la sensación de la policía haciéndoles de guardia de honor, cuidando a los depredadores. No deben llegar directivas de arriba, o no se las atiende, pero estamos en el navío de los condenados: dejados en el mar, con el timón roto, algunos víveres y el acompañar de otras sociedades... con el aliento, el sentimiento.


Dan ganas, también, de preguntarse qué es lo que estamos transando en la Bolsa de Comercio.A qué futuro se juega el comprador, qué es lo que debe deducirse de los números y cuánto pesa un concepto como el de Oscar Vicente (ya comentado aquí) para barrer con números y ratios y, dejando una espantosa realidad de: los «inviables».


Acaso, sin saberlo, todos los días compramos y vendemos del panel de las «inviables argentinas»: y todos sabemos qué expresa, en términos empresarios, ese vocablo que el directivo -seguramente-sopesó bien antes de lanzar.


Que llegue dinero fresco... ¿para qué? Alargando los tiempos. No sirve. Mejor que todo se apresure, de una buena vez, y que enfrentemos una senda «viable», dura, pero reconocida como la adecuada: para llegar a alguna parte, segura.

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