17 de abril 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Conviene buscar referencias y referentes, no cualquier improvisado o audaz -que los hay muchos- sino los que pueden aportarnos algo para entender la actualidad. Y no ya la Argentina, que parecía un catálogo de hechos inéditos y muy particulares sino agregando bastante de los muchos desarreglos insólitos que están pasando por el mundo. Obviamente, estos hechos de Venezuela y un gobernante derrocado que vuelve al tercer día y se constituye en una especie de leyenda (ya con esto solo, habrá quedado segundo de Bolívar, Hugo Chávez en la historia de los boricuas). Un «Alma Llanera», para reflotar el tema (genial interpretación en nuestro medio, por parte de otro gran olvidado, Gregorio Barrios) que dentro de la música, es el estandarte, «La Cumparsita» venezolana...

Gente que se ha quemado por apresurada, al hablar de inmediato, algún modo de querer arreglar la falsa escuadra diciendo que en la OEA todos estaban para reprobar al golpe dado. Inclusive, Estados Unidos, dicen, pero todos oímos bien cuando Busch comenzó a descargar baterías contra el saliente (y restregándose las manos, seguramente...).

Un revoltijo, mire... ¿Quién puede entender demasiado, de lo que hoy sucede en todas partes? Nos duele mucho más lo nuestro, claro, ya que es lo que debemos vivir y compartir a diario.

Para hoy, nos reencontramos con un
Oscar Wilde en toda plenitud.Y, posiblemente, en pensamiento de los menos conocidos, porque se refieren a política, a formas de gobierno. Y, para no andar con chiquitas, suelta de entrada una: «Todas las formas de gobierno son un fracaso.»

Hacemos la pausa, para que digiera esa contundente frase, y vayamos a su explicación. «El
despotismo es injusto, con todo el mundo, inclusive con el déspota. Y quien, probablemente, estaba hecho para cosas mejores.

«Las
oligarquías son injustas para las mayorías y las oclocracias, son injustas para las minorías. Alguna vez, se fundaron grandes esperanzas con la democracia. Pero, democracia significa, simplemente, el garrote del pueblo, por el pueblo y para el pueblo... esto es lo que se descubrió». Y... ¿qué tal? ¿Ayuda saber, desde lo cáustico de un Oscar Wilde, a qué atenernos con lo que se ofrece en la vidriera política? ¿Habrá otras alternativas, aleaciones, fórmulas compuestas, que lleven a formas de gobierno químicamente... potables? Como para hacer congeniar a capital y trabajo, al empresario con el asalariado, al rico con el pobre. Al político con el sociólogo, al economista con el ecologista, y así... Tal vez lo que hoy suene a broma -el «capitalismo de izquierda», o su versión a la inversa- encuentren un modo de acuñarse y dar una salida, el embrollo de un mundo donde todos resultamos por estos tiempos -no importa la condición, ni los bienes, ni las edades- perpetuamente desgraciados. Y plenamente desconcertados. como en Bolsa.

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