24 de abril 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

¿La historia? No, mejor no lea mucho nuestra historia. O elija bien, de antemano, los pasajes gratificantes. Porque, hay cada historia y cada personaje... que vienen en ayuda de los actuales, en lo que hace a hechos muy poco edificantes, otros muchos que quedan dudosos. Repasar al boleo, intentando una bocanada de aire puro y yendo donde el país estaba en sus pañales, no suponga que es caminar a través de un jardín. Y no por culpa de agresores externos, más bien por gente de aquí que franqueaba la puerta. La verdad, lector, si se huye espantado de la hora que nos toca vivir, mejor que buscar aire en la historia es sumergirse en algún hobby y allí dejar que los acontecimientos nos alcancen (y sean benevolentes con los que seguimos hasta el final...).

En semana, que nuevamente crea el vacío financiero, que arrastra toda actividad posible y convierte al país en un desierto, los únicos peregrinos están haciendo colas en los cajeros automáticos y contestan siempre lo mismo: no le podemos aflojar ni una moneda, pero si desea hacer otra operación... Y a uno le suena a broma pesada, mientras todos saben que están sentados sobre un explosivo llamado BONEX y al que nadie le quería prender la mecha. La deuda externa impagable, la interna revulsiva, batallas perdidas de antemano en los dos frentes y nada que sirva de sostén, a un gabinete que seguía estando allí, en una permanencia que es para ganar tiempo y ver si se abre el cielo y baja un milagro. Si nadie le brinda crédito desde afuera, y la bronca interna hace que menos todavía se pueda obtener confianza y crédito desde adentro, todo lo demás es «cháchara» y mantener la llama encendida a pura fuerza de verba. Las mesas redondas, los invitados, ahora también con apariciones de «mujeres economistas» [una muy enojada, porque según le daban los cálculos el dólar no debe valer más de $ 1,80... (?)]. Lo que demuestra que no todos hemos aprendido mucho de este asunto de la crisis, donde se volvieron a probar los principios clásicos de lo «fiduciario». Y esta es una vieja, y muy explicativa, palabra que antes se usaba mucho en textos de economía y finanzas. Hoy, está como retirada del diccionario del «economista moderno»: que acuden en masa a explicar a la gente distintas valuaciones, siempre en base a números y no a grado de confianza. Por eso las cuentas le dan una cosa y la realidad se las hace pedazos. Y, lo más lindo, se enojan...

Una semana que no se sabe si terminará con actuación o sin ella, o con acumulación de presiones peligrosas. Estamos desde el atalaya del domingo por la noche, frente a nosotros un período que se habrá de contar en una especie de «tictac» distinto de los relojes, en una cuenta regresiva capaz de poner los pelos de punta. Lo mejor, meterse de cabeza en un hobby... y salir después.

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