Hay arrestos de mercado que son muy difíciles de explicar, golpes de banda a banda que dejan huellas muy marcadas en el índice ponderado. Y con notorios saltos individuales. Lo que no parece estar a la vista es un hilván, para darle coherencia a lo que suena como una orquesta desafinada y que ataca con «Mano a Mano» y se empalma con «La Cumparsita». ¿Qué pasa, muchachos? Se les cayó la partitura del atril, tienen que salir a improvisar como sea porque todos los días hay que estar en el escenario, o es que la estrategia de no tener ninguna es -a la vez-una estrategia para confundir a la fuerza contraria. En tal caso, estaría esto en línea con el «estilo» que está de moda en el país: no mostrar ninguna estrategia, confundiendo a propios y a extraños. La rueda del día siguiente a los festejos, con esa caída a pique que casi se iba a pintar de «corrida», no tuvo nada que ver con lo que pasó en la sesión del miércoles. Un repunte de 2,5%, que supo estar más arriba todavía. Casi como para un viaje completo y volver al punto de partida, que no tenía asidero en el conjunto. Porque lo primero podía ser reflejo de un quebrarse de expectativas ante el mensaje oficial, en tal caso: ¿a qué vino lo segundo? Lo otro, sería suponer un mal paso o mala lectura, en la baja, que debió salir a zurcirse en la rueda consecutiva. Quedaría una tercera ponencia, muy utilizada en todo tiempo y con cualquier gobernante: la de una suerte de apoyatura, saliendo a comprar, como para que no quedara en evidencia esa fecha tan mala. Y no hiciera irritar al ámbito oficial, una caída notoria después del mensaje. Todo está dentro de la misma olla, pero nos quedamos sin poder sacar la tapa y mirar... Mitad de julio y la tendencia sigue siendo una incógnita, la que vale -la de fondooculta debajo de los cascotes que llueven todos los días, de cada semana, y que hacen de los resultados parciales una tómbola. Si acertaste con los más y los menos, con el tiempo y forma, con aquello de ganar mucho cuando se tienen buenas cartas. Y perder poco, con las malas, podés ser un privilegiado que le gane a esta Bolsa «volada». Y que tanto hace un gesto fiero después de un presidente, como se arrepiente compungida a la rueda siguiente. Los muchachos de la orquesta, los que operan, mejor que recojan la partitura que se cayó del atril. Porque los inversores, como los melómanos, se ahuyentan ante las grandes desafinadas.Y ya que estamos en zona de festejos, por la conmemoración de «Pichuco», podríamos sintetizar en una gráfica de los bandoneonistas, estos momentos de mercado que le pifia a las teclas: «No está en dedos» (es cuando el músico percibe que ese día no bajó la inspiración para su mejor tocar). Más de uno, en estas ruedas debe pensar: «No estoy en dedos». Y le pega a la tecla de al lado...
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