Ya sea el actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, o el candidato opositor, Flávio Bolsonaro, quien se corone vencedor del balotaje de este domingo deberá hacer frente a un escenario económico que no estará exento de desafíos en 2027. La próxima gestión deberá lidiar con elevadas tasas de interés y la gran carga fiscal de la administración brasileña, lo que amenaza con un enfriamiento de la actividad económica.
Desaceleración económica y ajuste: el mercado evalúa las perspectivas para Brasil después de las elecciones
El ganador del balotaje de este domingo deberá hacer frente a una economía en expansión, aunque con señales de enfriamiento. Los analistas evalúan el escenario para 2027.
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Incluso con una economía en expansión, el futuro mandatario de Brasil deberá gestionar las elevadas tasas de interés y la presión fiscal.
Se trata de una idea que tiene consenso entre los analistas e inversores. Por caso, BBVA Research sostuvo que el crecimiento "sigue moderándose" y proyectó que alcance el 2,1% en 2026 y el 1,8% en 2027, "con riesgos sesgados a la baja".
En su informe sobre el tema, BBVA agregó: "La desaceleración estaría impulsada por unas condiciones monetarias restrictivas, pese al descenso gradual de la tasa Selic; el impacto de un El Niño más intenso, principalmente sobre el sector primario; y una eventual consolidación fiscal, todavía incierta, tras las elecciones del cuarto trimestre de 2026".
Desde el banco Itaú proyectan que el PBI brasileño cierre el año con un crecimiento de 1,7%, que luego bajaría al 1,2% el próximo año, similar a la de Santander: 1,8% para 2026 y 1,3% para 2027. Por su parte, desde Bradesco son aún más pesimistas: calcularon una suba de 1,3% este año y otra de apenas 1% para el próximo.
Elecciones en Brasil y la preocupación en el frente fiscal
El economista de la consultora Eco Go, Honorio Zabaleta, explicó a Ámbito que la prioridad que deben tener ya sea Lula o Bolsonaro “es presentar un programa fiscal creíble que permita estabilizar la deuda pública y reducir la incertidumbre” en un contexto en que el déficit fiscal financiero es equivalente al 9% del PBI, según sus estimaciones.
Consideró que Lula probablemente se enfocaría “más en el control de los gastos, manteniendo las políticas sociales y la inversión pública”, aunque consideró que le “resultará difícil” de mostrarse creíble frente a los inversores.
Por otro lado, planteó que “es más probable” que Bolsonaro ejecute “una agenda de mayor disciplina fiscal, de reducción del gasto, privatizaciones y reformas estructurales”. De todas maneras, el hijo de Jair Bolsonaro aclaró públicamente que no tiene planes para privatizar Petrobrás, el Banco do Brasil ni la Caixa Econômica Federal.
Zabaleta sostuvo que no importa cuál candidato gane, se va a implementar una moderación fiscal que va a dar lugar a una desaceleración de la economía en 2027. “El consenso del mercado espera un crecimiento de 1,8% para este año y de 1,3% para que el que viene”, argumentó.
El director de la consultora ABECEB, Gustavo Pérego, consideró en diálogo con Ámbito que el candidato que gane va a tener que encarar el problema del déficit porque “ya es insostenible y con muy pocas herramientas”, debido a que aproximadamente el 88% del gasto público en Brasil es “automático”.
Mencionó que para achicar el nivel de gasto, el gobierno del candidato del Partido Liberal (PL) tendría que modificar los cálculos de la actualización de salario mínimo para que dejen estar “por arriba de la inflación”.
Lo mismo debería ocurrir con los cálculos de actualización de las pensiones y jubilados, los gastos en salud y educación, “todo en un contexto donde la inflación ya pasó del 5% anual”, es decir, por encima de la meta fijada por el propio gobierno.
Sin cambios de fondo
De manera complementaria, el economista y docente en el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Federico Vaccarezza, afirmó a este medio que en caso de que gane Lula no espera un cambio sustancial respecto a la gestión económica de su gestión actual. Si gana Bolsonaro, “el eje va a ser disminuir el gasto fiscal”.
Mencionó, sin embargo, una dificultad: “Va a bajar el gasto público y va a querer achicar el déficit, pero va a tener que regular entre bajar el gasto público y mantener la economía creciendo”. Sostuvo que para una economía del tamaño de Brasil, el crecimiento tiene que ser torno al 3% anual para que pueda haber un “ritmo de desarrollo sostenible en el tiempo”.
Por ese motivo, barajó la posibilidad de que Bolsonaro achique el gasto público los primeros dos años de Gobierno para después “potenciar de nuevo el crecimiento”. De todas maneras, argumentó que, a diferencia de Argentina, la discusión económica en Brasil ya está saldada: “El modelo económico de fondo no se cambia”. “A veces puede ser un poco más ortodoxo, a veces puede ser un poco más social-democrático, pero en términos económicos y en términos de relaciones externas está definido”, agregó.
Por su parte, Pérego planteó que si Lula es reelecto, debería gobernar con el Congreso “más a la derecha en la historia de Brasil desde 1998”. “Sería muy difícil para Lula gobernar en un nuevo mandato porque, primero, va a tener la urgencia económica de la gestión y, segundo, va a tener un Congreso que le va a operar en contra no importa si la propuesta de Lula sea buena o mala”, argumentó.
En el caso del hijo de Jair Bolsonaro, consideró que va a tener mayor gobernabilidad, “al menos en la primera etapa de gobierno”. Sin embargo, aclaró que “no hay cheque en blanco para nadie”.
Eso se debe a que con 88% del presupuesto con gastos fijos, ese 12% restante de dinero disponible se reparte de manera casi equitativa entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, lo que le otorga al Congreso una “autonomía presupuestaria” que le permite fijar su propia agenda, al margen de quien esté en Brasilia.
Real, inflación y Selic: qué se espera en 2027
Desde Itaú esperan que el real brasileño cierre el año en torno a los 5,30 de dólar, cifra que subiría levemente a 5,50 en 2027. Santander también espera ese nivel en la divisa brasileña para el próximo año, aunque espera que cierre el 2026 apenas en 5,40. Por su parte, Bradesco espera que la divisa brasileña se mantenga en 5,20 de dólar tanto en diciembre de 2026 como de 2027.
Respecto a la inflación, los tres bancos la ubican en el rango de 5,1%-4,9% al cierre de este año, mientras que para el siguiente el panorama es un poco más heterogéneo: Itaú proyecta un IPC de 4,6%, mientras que Bradesco y Santander la estima entre 4% y 4,1%.
Algo similar ocurre con la tasa de interés Selic, que terminaría en 13,75% para Itaú y Santander, pero en 13,25% para Bradesco. Para el próximo año, ese último banco también fue el más optimista, con una proyección de la tasa de referencia en 11%, muy por debajo de los 12,50% y 12,75% que estimaron Itaú y Santander, respectivamente.
Se trata de una variable sumamente importante para la economía. El director de ABECEB explicó que "más del 50% de la deuda brasileña opera como si fuera una tasa overnight, es decir, a un día". Por lo que si la Selic "baja o sube un poco, impacta directo" sobre los pasivos del país vecino.



