¿Duhalde lo hizo? Quedará para los historiadores responder. Lo cierto es que las últimas horas han sido dramáticas. El mundo asiste a un espectáculo que espanta más que atraer. Pareciera que pasaron meses del cierre del canje. Fue, en realidad, hace unas pocas horas. Don Alberto no tiene respiro, no llega a festejar ni un córner. La política sigue sin dar tregua. Mientras la sociedad, la economía y los inversores se preguntan hacia a dónde vamos. Ya con cierto hartazgo, figuritas repetidas se desgastan en Zoom y video-charlas, intentando responder qué es lo que viene. Donde quizás, el único punto de encuentro anti-grieta entre los analistas más ortodoxos y los más allegados al Gobierno es que estamos “jodidos”. Desde esta sección se viene machacando sobre la sangría de reservas del BCRA, de modo que solo señalaremos que en las primeras cinco jornadas de septiembre ya se vendieron más de u$s500 millones. Huelgan los comentarios. No hay un mayor drenaje de reservas brutas porque están aumentando los argendólares y por ende sus encajes que son considerados reservas del BCRA. Mucha compra de u$s200 mensuales queda en los bancos. Una especie de puerta giratoria. Claro que en nada ayudan los rumores sobre desdoblamiento cambiario, devaluación y otras genialidades escuchadas por ahí. Aquí hay otra grieta. El BCRA intenta, dentro de lo que puede y lo dejan, tapar las fugas: sacan los plazos fijos dolar linked (para prefinanciar exportaciones). Un economista mediático, que se anoticiaba anoche de la medida, advertía frente a inversores que el problema de este instrumento es que nacía con el riesgo del desdoblamiento y dudaba de sus chances. Mucho ruido sobre el FMI. Que sí, que no, que stand by, que EEF, que reformas sí o no, que desembolsos, etc. Nadie arriesga nada. Está claro, observando el calendario de vencimientos 2021 que no vendría nada mal un aporte adicional del Fondo. Apaciguaría mucho a las fieras porque el descalabro fiscal no será fácil de encauzar sin dolor y en un año electoral. Con ese 4,5% de déficit fiscal para 2021 que lanzó Guzmán, las proyecciones monetarias que presentan los economistas en los Zoom son inquietantes. El stock de pasivos remunerados del BCRA coquetea con los $5 billones. Al respecto, si bien los depósitos privados siguen creciendo por efecto pandemia y cepo, la demanda de dinero (en versión M1, M2 y M3) emite señales de agotamiento. La gente ya no quiere más efectivo. Eso es todo un dato a seguir de cerca.

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