En esta ya tradicional entrega, el turno del análisis corresponde en esta oportunidad a los economistas Luis Secco y Martín Apaz. Para ellos, el país seguirá creciendo este año, pero bajo el amparo exclusivo de un favorable contexto externo. La Argentina mantiene viejos riesgos, como las restricciones a la capacidadinstalada, la persistencia y el agravamiento de la crisis energética, la mayor dependencia del superávit comercial y el fantasma de una mayor inflación.
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Hace tres años escribíamos un artículo titulado «Los riesgos que enfrenta el escenario base 2005», cuya versión resumida publicó Ambito Financiero, en el que enumerábamos, justamente, los riesgos que amenazaban la continuidad del crecimiento futuro de la economía argentina. Lo positivo es que, a pesar de tales riesgos, la economía se las arregló para seguir creciendo a un ritmo acelerado (entre 2005 y 2007, el PBI real creció a una tasa promedio de 8,7% anual). Lo negativo es que, a pesar del paso del tiempo, los riesgos que hoy se enfrentan son casi idénticos a los de tres años atrás.
Un contexto internacional que se volvió cada vez más favorable para las economías emergentes exportadoras de commodities y la intensificación del sesgo procíclico de las políticas económicas domésticas permitieron que los riesgos no se materializaran en una desaceleración del nivel de actividad económica durante estos tres años. Pero atención, que los riesgos no desaparecieron y, por ende, tampoco lo hizo la vulnerabilidad del «modelo» económico, tal cual está (¿y estará?) planteado.
2 ¿Cuál es el límite del crecimiento industrial?
La industria continuó creciendo en los últimos tres años a tasas sorprendentes. Sin embargo, a la hora de analizar cuáles son los sectores detrás de semejante dinámica industrial, se repite la misma historia de unos años atrás. Si bien existe suficiente inversión como para expandir la capacidad productiva de algunos sectores industriales particulares (situación que permitió que la utilización promedio de la capacidad instalada en la industria se estabilizara en niveles en torno a 75%, a pesar del elevado crecimiento), son los sectores con una utilización de la capacidad instalada relativamente baja los que más «tiran del carro». Y en este sentido, la industria automotriz es el más claro ejemplo (con un elevado crecimiento y una relativamente baja utilización de la capacidad instalada). Si excluimos del cálculo a este sector, la industria en general muestra un crecimiento interanual de 4,7% vs. 6,0% promedio de los últimos dos años. Si además excluimos el sector de la metalmecánica, con un crecimiento de 8,8% y una utilización del orden de 60%, este registro disminuye hasta sólo 3,8% (vs. un registro superior a 6,0% en 2005-06).
En otras palabras, la industria siguió creciendo a un ritmo relativamente elevado, en buena medida gracias a la excepcional expansión de aquellos sectores con elevado margen para aumentar la utilización de la capacidad instalada.
3 ¿Hay alguna posibilidad de sortear la crisis energética?
La escasez doméstica de gas, electricidad y combustibles líquidos (especialmente gasoil) se profundizó durante los últimos tres años (aun cuando hubo proyectos de empresas del sector privado para autoproveerse de energía y así reducir su dependencia a la disponibilidad de oferta a nivel nacional). Sin embargo, el impacto de dicha situación sobre la evolución del nivel de actividad no resultó de magnitud. La razón es sencilla: buena parte de la porción del aumento de la demanda doméstica por combustibles y energía que no pudo satisfacerse con producción interna se cubrió a través de una caída de las exportaciones netas (exportaciones importaciones). La balanza comercial energética acumulada en los primeros once meses de 2007 registró una caída de 23,9% respecto del mismo período de 2004. Esto permitió que las restricciones al consumo interno, si bien en algunos casos de magnitud (especialmente durante el último invierno), no se extendieran por prolongados períodos. Obviamente, dicha situación no resultó gratuita. Todo lo contrario, ya que tuvo importantes costos para las arcas públicas: el incremento durante los primeros nueve meses de 2007 en el monto de los subsidios relacionados con el mercado energético ascendió a nada menos que $ 4.300 millones.
Las medidas enumeradas recientemente en el marco del plan de ahorro de electricidad (cambio del huso horario, instalación de lamparitas de bajo consumo a nivel residencial y en dependencias públicas, restricciones al encendido de vidrieras y carteles luminosos, etc.), si bien pueden reducirmarginalmente el consumo, no representan una solución a la cuestión de fondo. El exceso de demanda energética es el resultado de una oferta insuficiente frente a una demanda que no para de crecer, producto de las distorsiones de precios relativos que existieron (y aún existen). En la medida en que dichas distorsiones sigan presentes, la escasez energética seguirá siendo un factor de riesgo.
4 ¿Se mantendrán las restricciones externas?
La favorable dinámica de los precios de las exportaciones (17,3% entre el promedio de los primeros tres trimestres de 2007 y el mismo período de 2004) permitió sostener el superávit comercial nominal en niveles elevados (estable alrededor de los u$s 11.000 millones). Es que la dinámica exportadora, medida a través de las cantidades exportadas, ha sido pobre (con un aumento interanual promedio de 8,9%), sobre todo si se la compara con el crecimiento de las importaciones. Así, entre 2004 y 2007, de no haber sido por la mejora del precio relativo de las exportaciones se habría producido un deterioro del orden de los u$s 5.500 millones del saldo comercial. En otras palabras, el saldo comercial, sin la mejora de los precios que se produjo desde 2004, sería hoy la mitad de lo que es.
Las perspectivas para 2008 en materia de precios de nuestras exportaciones permitirían que la Argentina siga creciendo y aumentando sus importaciones sin que se revierta el signo del saldo comercial. Pero no sólo las condiciones para atraer capital externo no han mejorado, sino que también se ha producido un relativo deterioro de las condiciones financieras internacionales, lo que hace más difícil que pueda financiarse el crecimiento interno con ahorro externo. En la medida en que la dinámica de precios no evite las consecuencias de la dinámica de cantidades exportadas e importadas, el sector externo podría convertirse en una restricción al crecimiento.
5 ¿A los riesgos se suman la inflación y el mantenimiento del tipo de cambio?
Desde fines de 2004 a la fecha, la inflación claramente se ha acelerado. Aquel año, la inflación minorista estuvo en torno a 6,5%, mientras en 2007 se habría ubicado, a pesar de los controles de precios, cerca de 20%. En esto ha sido clave la combinación de una inversión insuficiente con el sesgo proconsumo de la política económica. Una política fiscal expansiva, una política monetaria acomodaticia, aumentos salariales superiores a la inflación (incluso la bien medida) y la continuidad del congelamiento de algunos precios clave (transporte y energía residencial) fueron utilizadas para impulsar el crecimiento del consumo interno (que en los últimos dos años explica 80% del crecimiento del PBI).
Pero a pesar de la aceleración inflacionaria, el BCRA evitó caer en la depreciación nominal del peso para compensar la inflación y mantener el tipo de cambio real. En efecto, el tipo de cambio real multilateral, que toma en cuenta todas las monedas con las que comercia la Argentina, ha permanecido (incluso tomando la inflación verdadera) casi sin cambios desde fines de 2004. Esta política de peso barato o débil (depreciado) pudo mantenerse gracias a la fuerte depreciación del dólar frente a la mayoría de las monedas internacionales. En especial, respecto del real brasileño (el tipo de cambio R$/u$s cayó 33,4%) y del euro (la paridad euro/u$s disminuyó 9,3%).
De cara al futuro, resulta difícil pronosticar una depreciación del dólar a escala global similar a la que hemos tenido hasta aquí, y la inflación domésticapodría entonces erosionarpaulatinamente el tipo de cambio real multilateral. En tal caso, podría resultar más complicado (desde el punto de vista político) para el BCRA mantener el tipo de cambio nominal estable.
6 ¿Cuáles son, entonces, las perspectivas?
A pesar de los riesgos que enfrentábamos, la economía siguió creciendo fuerte durante los últimos tres años. Sin embargo, los riesgos no desaparecieron. Por el contrario, resultan hoy más elevados de lo que eran hace unos años atrás. En comparación con la situación que vivíamos hacia fines de 2004, hoy tenemos mayores restricciones por el lado de la capacidad instalada, menores márgenes de maniobra en materia energética, mayor dependencia de la existencia de favorables términos de intercambio para sostener (en términos nominales) el superávit comercial, y una mayor inflación.
Además, tenemos algunos riesgos «nuevos», como la elevada dependencia del superávit fiscal de la existencia de una presión tributaria cada vez más alta (especialmente sobre el sector formal de la economía). Pero, tal como sucedía hace tres años, en la medida en que el contexto internacional ayude, los márgenes para seguir creciendo relativamente fuerte en el corto plazo continuarán. Sin embargo, y a pesar de ello, utilizar el excelente contexto internacional sólo para maximizar la tasa de crecimiento de corto plazo ( relegando así la búsqueda de soluciones a algunas cuestiones estructurales pendientes) resulta un lujo que no deberíamos darnos.
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