4 de abril 2026 - 14:30

La UCA reconoció que la pobreza bajó pero advierte por un "un problema de realismo de esas mediciones"

El investigador Agustín Salvia afirmó que es una "ficción que no llega al bolsillo". Señala cierta levedad en los datos.

La UCA cuestionó el índice de pobreza.

La UCA cuestionó el índice de pobreza.

El director del Observatorio de la Deuda Social Argentina, Agustín Salvia, puso en duda la interpretación lineal de la reciente baja en los indicadores de pobreza y advirtió que los números no logran expresar la realidad cotidiana de los hogares. Desde su perspectiva, el descenso registrado incluyó un componente de “ficción metodológica” que distorsionó la lectura del fenómeno.

El especialista explicó que la reducción de la pobreza existió, pero remarcó que su magnitud resultó engañosa. “Hay cierta ficción en los datos o cierta levedad. Es muy difícil decir un sí rotundo”, afirmó.

En ese marco, descartó cualquier tipo de manipulación política sobre el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), y atribuyó las inconsistencias a problemas estructurales en la forma de medición. “Hay un problema de medición y de realismo de esas mediciones”, indicó en una entrevista radial.

Según planteó, las estadísticas oficiales no lograron captar con precisión la pérdida de poder adquisitivo. Señaló que la percepción social se mantuvo distante de los números: “La gente no está sintiendo en el bolsillo que tiene más capacidad de consumo que hace un año. Por el contrario, se te bajan los consumos de lácteos, de yerba, cae el consumo general”.

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Agustín Salvia cuestionó la medición de la pobreza.

Agustín Salvia cuestionó la medición de la pobreza.

El gasto en servicios

Salvia describió un cambio en la estructura del gasto de los hogares. Explicó que los servicios básicos ganaron protagonismo dentro del presupuesto mensual, lo que redujo la disponibilidad para otros consumos.

“La luz, el agua, el gas, el transporte y la comunicación ocupan una parte importante del gasto, y el componente disponible para otros consumos baja significativamente”, sostuvo.

En ese sentido, advirtió que el alivio estadístico no implicó necesariamente una mejora real en las condiciones de vida, sino una redistribución del ingreso hacia gastos fijos.

Canastas desactualizadas y distorsión de resultados

Uno de los principales cuestionamientos del sociólogo se centró en las herramientas de medición utilizadas. Según explicó, las canastas de consumo que sirven de referencia para calcular la pobreza permanecieron ancladas en parámetros de hace dos décadas. “Estás considerando valores con parámetros del 2004 y 2005, con estructuras de consumo de ese momento”, señaló.

De acuerdo con su análisis, en aquel entonces los hogares destinaban una mayor proporción de ingresos a alimentos, mientras que en la actualidad el peso de las tarifas resultó mucho más significativo. “La gente deja de ser pobre porque puede pagar servicios, pero no porque tenga más capacidad de consumo”, sostuvo.

A esta situación se sumó el uso de índices de precios que también conservaron ponderaciones antiguas. “Se actualiza con un índice que también está desactualizado, con ponderadores del 2004 y no con los actuales”, explicó.

Esta combinación, afirmó, generó resultados que “parece extraordinaria” pero que no reflejaron el escenario real dada la situación económica actual.

pobreza indigencia
Según el INDEC, la pobreza cayó a un 28,2%.

Según el INDEC, la pobreza cayó a un 28,2%.

El investigador destacó que otro factor incidió en la caída de la pobreza: la mejora en la captación de ingresos por parte del organismo estadístico. “Al medir mejor cuánto ingresa y compararlo contra una canasta desactualizada, te da caídas de la pobreza que parecen extraordinarias”, afirmó.

No obstante, reconoció que existió un componente genuino vinculado a la desaceleración de los precios en alimentos. “La caída de la indigencia es más realista que la caída de la pobreza”, puntualizó.

Un consumo estancado y señales de retroceso

En términos de capacidad de compra, Salvia sostuvo que los hogares se ubicaron en niveles similares a los registrados tras la pandemia. “Estamos como en 2021 o 2022, nada más que con un contexto inflacionario distinto”, indicó.

Incluso advirtió que hacia el final del período analizado los indicadores mostraron un leve deterioro. “El cuarto trimestre ya estaría cerca del 30% de pobreza”, afirmó.

El análisis también puso el foco en la clase media baja, que apareció como uno de los sectores más golpeados. Según explicó, este segmento redujo gastos cotidianos para afrontar el incremento de tarifas. “Está achicando sus gastos corrientes y teniendo que pagar más tarifas, lo cual baja el consumo de productos básicos”, señaló.

Además, alertó sobre el ajuste en áreas clave para el desarrollo social. “La gente no mejora su casa, reduce gastos en salud y educación y se siente más ajustada”, describió.

El empleo precario y la pobreza estructural

Finalmente, el sociólogo vinculó la persistencia de la pobreza con la debilidad del mercado laboral. Indicó que el empleo privado se mantuvo estancado, mientras que el sector público se contrajo y creció el trabajo informal: “El empleo privado está estancado, el público cae y hay más empleo informal y precario”.

“No hay una crisis alimentaria, pero tampoco hay una tendencia a mejorar. Estamos cristalizando un 25% o 30% de pobreza estructural”, concluyó que el país atraviesa un proceso de estancamiento social.

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