El G-20 sólo prometió dar más confianza a mercados
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Martín Redrado
Esas reformas, declaró, «son primordiales para restablecer la estabilidad financiera global». En ese sentido, indicó que «la crisis actual generó una fuerte demanda por instituciones globales que tengan legitimidad, algo que escasea a nivel mundial».
Argumentó que «en la mesa del G-20 participan todas las regiones del planeta. Los países desarrollados y en desarrollo están representados bajo un adecuado equilibrio. Esto hace que las decisiones del Grupo acerca de cómo se administra y resuelve la crisis tengan una gran influencia».
Además, el titular de la entidad monetaria recaló sobre la necesidad de un mayor financiamiento. «Como la actual capacidad del FMI y otras instituciones resultan insuficientes, es esencial ampliar las fuentes de liquidez internacional con nuevos instrumentos y con fondos adicionales», aseguró.
El ministro de Economía, Carlos Fernández, también participó del encuentro en San Pablo. Tanto en la reunión del sábado como en la de ayer, a Fernández se le escuchó la voz, algo no muy habitual en el ministro. En su discurso de ayer indicó que «la política fiscal expansiva es una de las herramientas centrales para sostener la demanda agregada mundial a corto plazo».
Con este mensaje sugirió que, lejos de recortar el gasto público, en la Argentina se continuará con el empujón desde el frente fiscal con la excusa de amortiguar el impacto de la crisis. Sin embargo, no desestimó la complicada situación financiera local al asegurar que «los países en desarrollo necesitan de la asistencia financiera de largo plazo para asegurar una mayor inversión, motor indiscutible de su crecimiento. La asistencia financiera contracíclica de los organismos financieros internacionales es de fundamental importancia para lograr este objetivo».
La reunión del fin de semana en San Pablo tenía como objetivo preparar la cumbre del G-20 el próximo sábado en Washington, en la que se deben definir acciones colectivas para hacer frente a la peor crisis financiera que vive el planeta desde 1929.
«Nos reunimos en un momento en que la economía global está pasando por su más seria crisis financiera en décadas», indicaron los participantes del encuentro en el comunicado.
«Acordamos extraer las lecciones de la crisis actual y adoptar las medidas necesarias para restablecer la confianza en los mercados y la estabilidad, y minimizar el riesgo de una nueva crisis», declararon los ministros y presidentes de bancos centrales del G-20.
En el comunicado, « subrayan que las instituciones de Bretton Woods deben ser profundamente reformadas para reflejar más adecuadamente los cambios en la economía mundial y ser más eficaces ante desafíos futuros». En esa línea, según el G-20 «los países emergentes y en vías de desarrollo deben tener una mayor voz y representación» en instituciones como el FMI o el Banco Mundial.
Brasil reclamó para los países emergentes «más voz y representación y mayores responsabilidades en la elaboración de reglas y en las deliberaciones de las IFI ( Instituciones Financieras Internacionales)».
El grupo de naciones desarrolladas y emergentes expresó su convicción de que el FMI «debe mejorar su capacidad de alerta con relación a las economías de importancia sistémica», y defendió un «refuerzo de la vigilancia» a las actividades de la institución.
Al analizar las causas fundamentales de la crisis financiera, los ministros del G-20 indicaron que ésta «es el resultado de la adopción de riesgos excesivos y prácticas deficientes en mercados financieros», además de «políticas macroeconómicas inconsistentes».




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