Pese a que América Latina transita un contexto económico más favorable que otras regiones emergentes y países como Argentina comienzan a mostrar señales de recuperación tras profundos programas de ajuste, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que las perspectivas de largo plazo siguen siendo modestas. El organismo estima que, incluso con una mejora del crecimiento de la productividad en algunas economías, América Latina crecerá un 2,7% anual en promedio a mediano plazo. Como consecuencia, y a diferencia de lo que ocurre en varias naciones emergentes de Asia y Europa, “pocos países de la región lograrán acercar significativamente sus niveles de vida a los de las economías avanzadas durante los próximos años”.
Este análisis forma parte del informe sobre las perspectivas económicas del Hemisferio Occidental presentadas por Nigel Chalk, director del Departamento encargado del área del FMI, durante una exposición realizada este jueves en Bangkok (Tailandia).
Dentro de este panorama, Argentina ocupa un lugar destacado en las evaluaciones del organismo. Tanto el discurso de Chalk como el informe regional señalan que el país integra el grupo de economías que están llevando adelante programas ambiciosos de consolidación fiscal y reformas estructurales.
Aunque el desempeño económico argentino de 2026 resultó más débil de lo previsto inicialmente -el organismo estima que el PIB crecerá 2,1%-, el FMI proyecta una recuperación más marcada durante 2027 -3,5%-, impulsada por la desaceleración de la inflación, la recuperación gradual de la demanda privada y la continuidad de las reformas económicas.
El Fondo también destaca las medidas adoptadas para reducir subsidios energéticos y mejorar la sostenibilidad de las cuentas públicas, señalando junto con Ecuador y Bolivia que Argentina se encuentra entre los países que avanzaron en decisiones consideradas difíciles pero relevantes para fortalecer la posición fiscal de largo plazo.
Aun así, los riesgos para la economía argentina continúan siendo significativos. Un escenario de precios energéticos internacionales elevados durante más tiempo podría generar nuevas presiones inflacionarias y afectar la recuperación del poder adquisitivo.
También una eventual suba adicional de las tasas de interés en Estados Unidos o un deterioro de las condiciones financieras globales podría encarecer el acceso al financiamiento para los países con elevados niveles de deuda o importantes necesidades de refinanciamiento.
Con relación a la marcha del área, Chalk sostuvo que “En términos generales, a la región del hemisferio occidental le ha ido bastante bien a medida que navega por el complejo y volátil panorama global”. En tal sentido, dijo que las economías “se están adaptando a estas cambiantes circunstancias mundiales y, al hacerlo, han logrado mantener un crecimiento constante”.
El directivo indicó que “La región se está beneficiando de las mejoras en los términos de intercambio, condiciones financieras favorables, una sólida demanda de los Estados Unidos, fuertes flujos de turismo y remesas, y de estar relativamente alejada de los conflictos en curso”.
Sin embargo, destacó que “El desafío de política económica de cara al futuro será convertir estos vientos a favor actuales en ganancias duraderas”.
Crecimiento
Según el FMI, el continente americano crecerá en torno al 2,25% tanto en 2026 como en 2027, mientras que América del Sur registrará una expansión del 2,1% este año y del 2,4% el próximo.
El principal motor sigue siendo Estados Unidos. El fuerte consumo de los hogares, respaldado por un mercado laboral robusto y por el incremento de la riqueza financiera asociado al crecimiento de los mercados bursátiles, continúa sosteniendo la actividad. A ello se suma una aceleración de la inversión vinculada a la tecnología y a la inteligencia artificial, que está impulsando la productividad y generando efectos positivos sobre sus socios comerciales. México es uno de los principales beneficiarios de esa dinámica, especialmente por la creciente demanda estadounidense de productos electrónicos.
En Sudamérica, en tanto, las economías exportadoras de energía, minerales y productos agrícolas se ven favorecidas por los precios internacionales elevados y por una mayor demanda global de materias primas.
Por su parte, el Caribe continúa aprovechando el auge del turismo internacional, mientras que América Central mantiene una actividad dinámica gracias al ingreso de remesas y a la fortaleza del consumo interno.
El informe destaca además que los mercados financieros siguen otorgando cierto respaldo a la región. A pesar del endurecimiento monetario observado en los últimos años en las economías avanzadas, los inversores continúan mostrando interés por los activos latinoamericanos. La emisión internacional de deuda soberana y corporativa permanece cercana a máximos históricos y los diferenciales de riesgo se mantienen contenidos, favorecidos por la menor exposición regional a los conflictos geopolíticos globales.
Problemas
Sin embargo, el FMI considera que estos vientos de cola externos no alcanzan para resolver los dos grandes problemas estructurales de América Latina: los elevados niveles de deuda pública y la debilidad persistente de la productividad.
Mientras Estados Unidos experimenta una aceleración productiva impulsada por la adopción masiva de nuevas tecnologías, gran parte de América Latina continúa exhibiendo bajos niveles de innovación, inversión, digitalización y creación de empleo formal. Como resultado, la brecha de ingresos per cápita respecto de las economías desarrolladas sigue ampliándose.
Además, la región enfrenta un desafío demográfico creciente. El envejecimiento de la población reducirá progresivamente el crecimiento de la fuerza laboral, por lo que las mejoras de productividad serán cada vez más importantes. Según el FMI, “Sin una aceleración significativa de la productividad y de la inversión interna, América Latina corre el riesgo de quedarse aún más rezagada en la mejora de los ingresos y los niveles de vida”.
Riesgos y oportunidades
Otro foco de atención es la incertidumbre vinculada al comercio internacional. Un deterioro de las tensiones comerciales globales o una desaceleración del ciclo tecnológico internacional podría afectar los flujos de inversión y la demanda global.
Asimismo, el organismo identifica riesgos climáticos asociados a un posible fenómeno de El Niño de mayor intensidad, que podría afectar la producción agropecuaria y generar nuevas presiones sobre la inflación alimentaria en distintos países de la región.
Pese a estas amenazas, el FMI considera que América Latina dispone de oportunidades inéditas asociadas a la transición energética, la inteligencia artificial, la creciente demanda de minerales críticos y la reconfiguración de las cadenas globales de suministro. La región ha comenzado a captar mayores flujos de inversión extranjera directa, especialmente en minería, energía y manufactura, favorecida por su dotación de recursos naturales y por su relativa estabilidad geopolítica.
Para que esa oportunidad se traduzca en un crecimiento duradero, el Fondo recomienda profundizar las reformas estructurales: mejorar el clima de negocios, fortalecer la seguridad jurídica, reducir trabas regulatorias, invertir en infraestructura física y digital, elevar la calidad educativa, fomentar la innovación y promover una mayor integración comercial.