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23 de julio 2002 - 00:00

La Libertad, demasiado sola

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¿Quién defiende el derecho del ciudadano a circular por calles y rutas cortadas con prepotencia? ¿Y más de 130.000 comerciantes que quebraron por suma mayor a las retenidas en el «corralito» o simples propietarios -«burgueses» si se quiere- que tienen sus activos como inmuebles, automotores, miniempresas caídos a 50% de su valor?

La Libertad ha perdido hoy demasiados voceros y algunos de los que aún la invocan en el país acarrean tanta falta de ética que facilitan el trabajo de quienes la atacan. Como «quintacolumnistas», al estilo que le dio al término Francisco Franco al sitiar Madrid: tengo cuatro columnas de ataque y una «quinta» dentro de mis propios enemigos.

A Alvaro Alsogaray y Rogelio Frigerio -desarrollista con fórceps, pero en Libertad- los silenció la edad. A Domingo Cavallo, sus resultados. A Roberto Alemann, el patoterismo callejero. Le atacaron la casa. Lo acusaron de «procesista» cuando sólo fue ministro 5 años después de las tragedias de 1976/77 y en la dura tarea de manejar la economía durante la Guerra de Malvinas. Con el barbarismo contra Alemann se cumplió el deseo de la izquierda, que sintetizó tan bien Jorge Lanata deseándole «la muerte civil», que viva pero que no hable porque, además, razonaba impecablemente e influía. Por supuesto hay hombres de izquierda con verdadera sangre encima que hablan libremente.

A los políticos que la sienten los silencia, en esta época de cosechar votos, atreverse a enfrentar la dialéctica que busca estigmatizar la libre empresa y la iniciativa privada. Como si hubiera lugar en el mundo -salvo en microrrepúblicas más Cuba y aquí está el resultado- donde rigiera otra forma político-económica aun atenuada como en China Continental.

A los empresarios los silencian sus deudas. A los banqueros, la imposibilidad técnica de restituir depósitos.

Me preguntan por qué acepto más visitas a medios televisivos y llamados radiales, por qué firmo más notas cuando escribí casi todos los días sin interesarme por la rúbrica. Por eso, porque es necesario que vean también voceros de la Libertad. Que no queden solos algunos audaces comentarios editoriales de «La Nación». Notas valientes de un banquero como Emilio Cárdenas. Desde donde lo dejan Bernardo Neustadt. Sin frecuencia expertos como Carlos Rodríguez y Ricardo López Murphy. Aunque obligado a oscilar, también Mariano Grondona pero con visible trasfondo de Libertad. Luego quienes sólo pueden ser futuro hoy en brotes, regalando los canales de TV abiertos y atiborrándose más en el público de cables, que tiene más defensas contra el ahogamiento ideológico.



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