El negocio de los muebles usados, que se limitaba hasta hace poco a casas de segunda mano y anticuarios, está a punto de tomar un nuevo perfil por imperio de la crisis: algunas de las principales fabricantes y distribuidoras de mobiliario de oficina están «recomprando», «reciclando», «refabricando» y «revendiendo» (más algún otro «re» que pueda ser de aplicación) las instalaciones que alguna vez le vendieran a clientes en mejor situación que la actual.
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La que hizo punta con este flamante negocio hijo de la depresión económica es Buró, la empresa que fundó y todavía capitanea el arquitecto Fernando Leiro, que agobiada por llamados de antiguos compradores desesperados por desprenderse del mobiliario sobrante, decidió encarar el negocio del «remanufacturing». • Llamados
Los ejemplos de esta situación provocada por el achique sobran; una gran empresa alimentaria decidió restringir su presencia en una conocida torre del centro: de los cinco pisos que ocupaba pasó a dos (tres pisos enteros de muebles sin destino); un fondo de inversión pasó de ocupar tres pisos en una torre de la avenida Del Libertador a uno y medio (un piso y medio de mobiliario ocioso); otra alimentaria decidió mudar todo su «back office» a su planta en el norte del Gran Buenos Aires y cerró sus dos pisos en el microcentro, llevándose la cuarta parte de las instalaciones. «Empezamos a recibir llamados, muchos y muy frecuentes, de clientes pidiéndonos devolver los muebles que no usaban, o revendérnoslos, porque no querían afrontar el costo de un guardamuebles o un depósito. Al principio les decíamos que no podíamos hacer nada por ellos, pero después nos pusimos a estudiar el negocio y decidimos lanzar los 'remanufacturados' como una marca, y le pusimos Top For Less», dice Eduardo Fernández, de Buró. • Acuerdo
Si todos se achican, ¿cuál es entonces el mercado para los usados puestos a nuevo? «Y, por ejemplo, una empresa que necesite no un piso completo sino cinco posiciones de trabajo», dice el ejecutivo. Pero su propia empresa también se recicló: la nueva marca funcionará en la planta de Lomas del Mirador, hoy casi inactiva. «Además, claro, teníamos ese gran espacio libre, y sumamos dos más dos...» El costo, obvio, será «precio crisis»: entre 30% y 40% del valor original.
De todos modos, dice Fernández, están cerrando un acuerdo con la alemana Voko para producir sus muebles en la Argentina y sustituir importaciones. «Algo hay que hacer para seguir vendiendo y no dejar a la gente en la calle», dice Fernández. También acordaron con la italiana Trau (parte del grupo Fiat) traer matrices para fabricar sillas de oficina. «En principio será un solo modelo; todavía no sabemos bajo qué figura llegarán esas matrices: podría ser alquiler o asociándonos con ellos. Comprarlas, en cambio, sería impensable: hoy no habría forma de amortizar semejante inversión».
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