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15 de enero 2004 - 00:00

No hay buen post-Monterrey

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Además, no es comparable el accionar de un país con la estafa empresaria de Enron y es totalmente distinto un inversor que acude con su dinero a una convocatoria de venta de títulos soberanos de una nación a ir a la compra simple de acciones de Bolsa de una empresa.

Tampoco es correcto haberle dicho a Bush, para ameritarse, que estamos «ayudando» con compra de gas a Bolivia cuando, en realidad, nos estamos beneficiando. Igualmente no lo es la comparación de rentabilidad de fondos santacruceños con la de inversores externos en bonos argentinos en años pasados. Fue, eso sí, menor equivocarse porque no se invierte en la Reserva Federal, como aclaró este diario en la edición de ayer. Sí es cierto, aunque no sea en las cifras que dio Néstor Kirchner, que los bonistas actuales del mundo fueron a inversiones de títulos argentinos con muy alto riesgo. Se da siempre cuando se ambiciona elevada rentabilidad. Por eso una quita de deuda es justa. Porque quedaron entrampados, es cierto, pero buscando sextuplicar ganancias con títulos argentinos peligrosos para compensar sus carteras conservadoras, con menos retornos. La mayoría actuó así sin retirarse luego a tiempo o buscando compra a precio vil y pelearla en el tiempo, inclusive judicialmente tras el default. Una quita, entonces, es justa y se concede en estos casos. El 75% que, en realidad, es 92% de quita pagando sólo esos efímeros 8 centavos por dólar no es una oferta racional.

Que Condoleezza Rice haya tenido que asistir (mal) a Bush ante su duda en el ejemplo de Enron-deuda argentina, tampoco agrega sino que resta para el mandatario argentino. Rice es consejera de temas tan decisivos como la seguridad para Estados Unidos, pero no precisamente son su especialidad las finanzas o al menos para un planteo sorpresivo. El mismo martes, Rice convocó a Lavagna.

Esgrimir un superávit primario -como dijo Kirchner a un Bush evidentemente no preparado para detalles- no es tampoco justo. Un presidente norteamericano con más de 500 soldados compatriotas muertos en Irak, en la cabeza sólo está para diálogos macro. Esa cifra de muertos, que sigue en aumento, debe ser la única memorizada por Bush, no los 12.480 millones de dólares comprometidos por la Argentina con el Fondo para saldar deuda en 2004. Aparte, es un superávit no comparable hacia el pasado argentino por sustentarse en impuestos nuevos que no existían antes, como el impuesto al cheque y la decisiva retención a las exportaciones del agro, para mejor en época de jolgorio internacional de precios. Después de pagar -y sólo refiriéndose a la «deuda nueva» tipo BODEN- se vuelve a cero o negativo ese superávit porque, al no haber ajuste presupuestario alguno, el gasto público ni siquiera fue contenido para mantenerlo igual, sino aumentado en 24% al 31 de diciembre.





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