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Que el Plan de Seguridad de Béliz es malo lo prueban los continuos tropiezos que está teniendo en las gobernaciones, en las legislaciones provinciales, en el Congreso Nacional, en el Poder Judicial. Todo eso agravado porque este poco respetable ministro de Justicia comete -o acata, lo más probable-planes poco serios como haber decapitado a 107 altos jefes de la Policía Federal cuando oficialmente se admitió que sólo 30 de ellos tenían algún antecedente o sumario comprometedor, además de ser violatorio de todo derecho individual sancionar antes de que la eventual culpa de un su-mario quede dilucidada. Lo contrario sería eliminar -por funcionarios o delincuentes-a policías que no agraden con sólo formularles una denuncia que origine un sumario.
La nueva decapitación de la Policía Federal, entonces, sólo puede obedecer a la intención de que al subsistente jefe de la repartición, comisario Prados, y al cuestionado ministro Béliz se los obedezca con obsecuencia, más allá de la lógica disciplina, por temor a perder el puesto. Un régimen de terror no democrático, ciertamente.
Es lamentable esta purga alocada porque podría afectar algo muy valioso que se ha logrado en el último mes en el país: una notable reducción de los delitos graves, inclusive la nulidad de secuestros relevantes. Esto posiblemente se deba a la extraordinaria repercusión que tuvo el asesinato del joven secuestrado Axel Blumberg, la sorprendente campaña por la vida que lanzó su padre, Juan Carlos Blumberg, más la propuesta de leyes más severas que una a una le va sancionando el Congreso y la adaptación en legislaturas provinciales. Sin contar el tremendo efecto social y de repercusión pública que tuvieron las manifestaciones masivas de este padre tan dolorido que hoy tiene más firmas a favor de sus propuestas que votos que reunió el actual presidente de la Nación para asumir. Eso es lo más positivo hoy para la sociedad y la relativa mayor seguridad de que goza.
La designación de figuras «bravas» (con los subordinados), como León Arslanian en la seguridad bonaerense, o «las purgas» de Béliz suenan sólo como un complemento de aquel contexto para esta mejora casi instantánea de la seguridad. El efecto «purgas» y el maltrato interno a policías, desde el momento que deja heridos innecesarios casi siempre en las fuerzas de seguridad, seguramente hará volver la inseguridad tras el impacto inicial porque afecta poco y nada a los delincuentes. El efecto Blumberg y leyes más severas, en cambio, tienden mejor a remitir el delito a niveles razonables.
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