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¿Quién es, entonces, el osado que se atreva a objetar este reparto al gobierno Kirchner? ¿Quién es el renegado antiargentino capaz de levantar una palabra contra lo justo que es darles más fondos a nuestras universidades, hacer obra pública -aunque sea chica-para dar trabajo o conceder más planes asistenciales a carenciados, entre otros?
Nadie lo hará en los próximos meses. Será hereje el que lo intente. La sociedad además lo repudiará porque todos nos veremos no mucho mejor pero ni un paso atrás en relación con lo que ahora tenemos.
En un pequeño rincón, donde los que piensan dudan, verán que si tuvimos 42% de inflación el año pasado, menos de 5% este año (algo muy bueno), 10% calculada para el próximo, no permitimos actualizar los balances por inflación y consideramos mayor la ganancia por la suba de precios y cobramos impuestos por esos beneficios ficticios -de donde se proveerá parte considerable de las sumas a distribuir vía presupuesto-habrá que concluir que nos estamos comiendo el capital, la recomposición de la tecnología, el mantenimiento de su modernización. Estamos distribuyendo como dinero lo que debíamos destinar a invertir (debemos invertir por lo menos $ 42.000 millones por año para no descapitalizarnos). Pero no se puede ante la voracidad de este Estado y su carencia de visión de mediano plazo. No capitalizaremos al sistema bancario porque hay otro voraz «impuesto al cheque» que nos cuesta casi tanto como nos pagan de tasa si colocamos en plazo fijo nuestros ahorros. Ni pensar en que al agro le bajaremos las retenciones.
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