El empresario Raúl García reemplazó la metalurgia por la fabricación de zapatillas, y decidió relanzar una marca clásica de los años setenta y ochenta: Dipporto. García la había comprado en u$s 700.000 a fines de la década pasada, apuntando a quedarse con una parte del segmento de las denominadas «segundas marcas», que acapara alrededor de 80% del mercado de indumentaria y calzado deportivo. La empresa fabrica 70% de su producción en dos plantas en la Argentina; el restante 30% lo trae de China. Según García, el objetivo de la marca es llegar a vender 120.000 pares y 150.000 prendas al año; para eso, ya tienen una red de distribución que abarca unos 300 puntos de venta multimarca, sobre todo en el interior del país.
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