Tortas en la Nunciatura; así podría llamarse el local que acaban de abrir las hermanas Nora y María Rosa Longinotti en el edificio que albergó a la primera representación del Estado Vaticano hasta 1952, cuando se mudó a su actual ubicación en la Avenida Alvear. Sin embargo, prefirieron mantener la marca Como en Casa, con la que se iniciaron hace un cuarto de siglo en Belgrano y que prolongaron el año pasado en Barrio Norte. La mansión que fue de la familia Vermer-Rivadeaux fue luego ocupada por la UCA hasta su mudanza a Puerto Madero, y hoy cobija a la Pastoral Universitaria que orienta Guillermo Marcó. Fue justamente este sacerdote -que además hace las veces de vocero del cardenal Jorge Bergoglio-quien convocó a «las Longinotti» (el esposo de una de ellas, Jorge Molina, es viejo conocido de Marcó) para que instalaran en un área de la mansión una sucursal de la casa de té, que se abrió hace algunos días luego de una ardua tarea de remodelación.
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Las únicas dos condiciones: cerrar antes de las 21.30 y habilitar un espacio de lecturas espirituales, en las que conviven textos católicos, judíos e islámicos. El alquiler que le pagan a la Pastoral es usado por Marcó para ayudar a financiar el arduo proceso de restauración de la casona de la calle Riobamba, en la que tres capas de pintura beige ocultan penosamente bellísimos frescos que decoraban casi todas sus paredes. «Para nosotros era un desafío instalarnos acá. Somos una pequeña empresa que vende unas cuatro mil tortas mensuales, y emplea a 50 personas -dice Nora Longinotti-. No tenemos franquicias porque es imposible controlar que -por ejemplo-no compren mercadería de inferior calidad y precio en otro lado y luego la vendan con tu marca. Pero tenemos planes para crecer con locales propios.» Nora sabe de qué habla: con su hermano «Lolo» Longinotti -hoy alto ejecutivo publicitario-crearon la cadena Antojos, que desapareció poco después de que se la vendieran a The Exxel Group. El franquiciamiento casi descontrolado, dice, fue una de las razones de su caída.
La planta desde donde salen esas 4.000 tortas mensuales « parece un quirófano», asegura la empresaria, instrumentista quirúrgica por formación profesional. «Abastecemos también a algunas cadenas y comercios, pero no los dejamos vender las tortas con nuestra marca, justamente por la imposibilidad de controlar temperatura, cuidado, vencimiento... De todos modos, esa parte del negocio representa sólo 15% de nuestra facturación.»
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