Después de hacer otro de sus viajes al «mundo mayor», pero con las carabelas retornando vacías, el dinámico sistema argentino se dirigió a otro ministro principal (más algunos que estaban de adorno). Y se lanza de nuevo la bola loca, para ver en qué nombre de personajes cae y en qué lugar de la bibliografía económica nos toca buscarles parámetros.
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Desfile de personajes por Olivos, algunos que vienen desde la prehistoria del menemismo y aun del alfonsinismo -especialmente, dinosaurios sindicales que siguen haciendo recomendaciones (?)-. Menos mal que la Bolsa no opera, no recoge este rosario de nuevos dislates de un gobierno que se queja amargamente de que no le prestan más dinero, mientras afuera deben repetirse: «Suerte que no les prestamos».
Otra vez la senda que se bifurca, camino que lleva al abismo siguiente -cada vuelta es más profundo-o el que nos aleje, de a poco pero seguros, de los bordes fatídicos. Hay nuevamente que esperar y ver. Que esperar cortando clavos, con otro capítulo que se ha cerrado y una visibilidad cero para que la economía se reanime. ¿Dónde iremos, señor? ¿Qué cabe aguardar? Para el mercado de riesgo, esto que se vive es como estar en la cresta de una ola para repartir mucho, a favor o en contra. Vigilia que se hace tensa, sin saberse en qué momento se volverán a armar las plazas y en base a qué argumentos tratar de fijar precios a los activos. Muy difícil, demasiado.
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