No se hará en el Chateau Carreras el acto en el que hablarán Hugo Chávez, Evo Morales y, casi seguramente, Fidel Castro (seguía la incertidumbre ayer sobre su llegada; razones de seguridad, según decían). La multitud no será tan grande y por eso los organizadores prefirieron concentrarse en un ala de la Universidad de Córdoba, sobre una avenida arbolada, con veredas difusas. Esta topografía parece ideal para las organizaciones que llevan adelante la manifestación: entre los árboles, el césped y el formato de la calle nadie podrá calcular con precisión cuánta gente se dirigió hasta el lugar. Importa cuidar esta estética: para los principales animadores de la reunión del Mercosur que se realizará en Córdoba el acto del viernes por la tarde es el tramo más importante de la agenda.
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La realización del acto en la Universidad tiene sus bemoles. Esa casa de estudios, como todas las de su tipo, no admite la entrada de la fuerza pública en sus claustros. Mucho menos de efectivos extranjeros. Y Córdoba hoy luce bastante armada. Entre las discretas brigadas de cubanos y las más ampulosas de «bolivarianos» de Chávez el aparato de seguridad montado en la capital mediterránea luce temible.
Detectar la logística de estas «Cumbres de los Pueblos», como la llaman sus adherentes, supone trazar un mapa de cómo funciona hoy la red política del neopopulismo sudamericano. En la cúspide, por encima de cualquier ONG o agrupación política, funciona una «mesa de embajadores». La expresión es literal: anoche comían juntos en Córdoba el embajador de Bolivia, Roger Ortiz Mercado, su tocayo de Venezuela, Roger Capella y el de Cuba, Aramis Fuente Hernández. Sin embargo, la figura clave de la organización de todo lo que suceda en Córdoba es Francisco «Pancho» Delgado: el hombre de la inteligencia cubana en la Argentina, que circula para la diplomacia como consejero político de la embajada y, para la política, como funcionario de la Sección América del PC cubano.
En la escala local, Kirchner mira a esa mesa con recelo. En principio, no irá al acto de Córdoba. Aunque anoche algunos colaboradores suyos analizaran la conveniencia de una aparición en el palco. Como explicó a su entorno cuando regresó de su último viaje a Venezuela, «yo jamás hablo mal de Bush». Pero eso es casi lo único que sucederá cuando usen de la palabra Chávez, Castro y, casi seguramente, Evo.
Por otro lado, Kirchner no tolera mucho gente hablando (al parecer su esposa tiene restringida esa facultad a sus competencias en el Senado, no en casa) y en Córdoba hay que prepararse para escuchar horas: el dúo Castro-Chávez garantiza medio día de retórica. Si había un factor adicional capaz de impedir que Kirchner se mezclara con sus invitados en este tipo de manifestaciones, ese motivo apareció la semana pasada, al recrudecer la guerra en Medio Oriente. Al parecer tan lejos del conflicto, el Presidente ya sintió cómo esa guerra golpeaba a su puerta: debió postergar la reunión con el Consejo Judío Mundial a raíz del «piquete» que le tenían preparado varias organizaciones piqueteras, filoislámicas y, sobre todo, su madre espiritual Hebe de Bonafini, quien vienepidiendo que el gobierno «ponga las bolas como hay que ponerlas» para denunciar a Israel en defensa de los palestinos. Kirchner calla. En la Casa Rosada y en Córdoba. Aunque ayer recibió a esa entidad judía.
Estrellato
No es un dato al pasar el de Bonafini. Será una estrella en Córdoba. El gobierno, discretamente y a través de varios amigos que la frecuentan, la impulsó como figura máxima para encabezar las manifestaciones de corte ideológico: está a la altura del trío de embajadores ya mencionado. Gracias a ese protagonismo, Kirchner intentará mantener el equilibrio entre las distintas familias que pretenden quedarse con el mérito del acto.
Allí está el Movimiento Evita, aunque Emilio Pérsico fue desplazado en este caso por Pablo Vera, un abogado piquetero simpático a los ojos de Olivos. Patria Libre es otro de los sellos que convocan para la concentración cordobesa. Reporta a Alicia Kirchner pero su motor operativo es el médico y motoquero Sergio Berni (acaso el personaje más curioso de todos los que llegaron con Kirchner desde Santa Cruz). «Una señal a los mercados», también Ricardo « Pacha» Velasco y su Corriente Popular 25 de Mayo estará en Córdoba. Es nada menos que el marido de la ministra de Economía, Felisa Miceli.
Estas organizaciones son las principales animadoras del «happening» populista de Córdoba, que Kirchner mira de lejos. Aunque sentado a la mesa de los embajadores se pueda encontrar a uno de sus hombres: el secretario de Provincias, Rafael Follonier, acaso el militante con antecedentes más radicalizados con que cuenta la administración actual. Follonier es hoy el viceministro de Interior y fue, en la Cumbre de las Américas, el único hombre de Kirchner que se ubicó junto a Morales y Chávez en el estadio de Mar del Plata. Al lado de Follonier operó desde el domingo, en Córdoba, Darío Díaz, su segundo en la Secretaría de Provincias. Los dos deben, además, preparar el terreno de Aníbal Fernández, quien aterrizará en la provincia mañana.
Si Kirchner mira de lejos al «bolivarianismo» de la Universidad de Córdoba, José Manuel de la Sota pensaba pasar la cumbre envuelto en la bandera de los Estados Unidos. Pero volverá hoy. Estuvo en Washington, negociando créditos para la provincia. Todo un gesto: la visita de los jefes de Estado de casi toda Sudamérica estaba prevista desde hace meses en su provincia. ¿ Regresará? Ayer un coro le aconsejó que lo haga, por más que su agenda norteamericana se extendía hasta la semana que viene. Quienes presionaron a «el Gallego» para que regrese a la provincia no lo hicieron pensando en los buenos modales con los invitados, a pesar de que en Brasilia el gobernador aprendió los rituales de la diplomacia. La aparición de De la Sota resultó urgente para quienes temen que la escena que se montará en la capital provincial sea aprovechada por su rival, el intendente Luis Juez.
Detalles de los que se ocupa el locuaz Néstor Moccia, enviado del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, a «la Docta» (se trata de un cordobés alineado en Patria Libre, que presta servicios en la Casa Rosada).
La competencia entre facciones cordobesas para sacar ventaja de la cumbre se ha puesto al rojo. Por un lado se mueve Jorge Navarro, un funcionario de Juez que tiene arraigo político en el barrio Libertadores, el más populoso de la ciudad. Navarro conoce el Estado desde adentro: también Graciela Fernández Meijide se apoyó en él para anclarse en la provincia. Raúl Hernández, un concejal también subordinado al intendente, controla el Movimiento Popular de Solidaridad (Mopsol, casi una petrolera). Pero también se nota gran actividad en estos días en las cooperativas lideradas por Coopi (Carlos Paz), ligadas al gremio de Luz y Fuerza.
Cuartetero
No son los únicos actores que piensan llevar agua para su molino del « happening». En cualquier momento, junto a Fidel Castro o «el Evo» aparecerá «La Mona» Giménez, estrella del cuarteto obligado a andar bien con el intendente: finalmente es quien habilita o no los locales de bailantas. Además de «La Mona», con todo el atractivo que ejerce sobre el público como para poder rellenar los eventuales blancos del parque, los organizadores de la cumbre detectaron otra cantera valiosa de adherentes: en las afueras de Córdoba viven 6.000 bolivianos, que serán movilizados para saludar al presidente de su país.
Si Kirchner teme quedar atrapado en una retórica inconveniente -de allí que todavía no decida ir a la reunión del viernes-, Lula tiene directamente prescripto cualquier exhibicionismo riesgoso. El diario «El País» de Madrid acaba de publicar un decálogo tan minucioso como peyorativo, a través del cual los asesores de campaña del presidente brasileño tratan de ponerlo a resguardo de los adversarios y, sobre todo, de sí mismo. Vale la pena leerlo, será una de las comidillas de la cumbre cordobesa: 1. No exponer al candidato a situaciones de riesgo, es decir, de enfrentamiento directo con sus adversarios; 2. Evitar los viajes a los Estados con divergencias entre los actuales aliados del gobierno; 3. Evitar dar entrevistas, ni siquiera colectivas; 4. Hablarcon los medios de comunicación sólo cuando se trate de un tema concreto; 5. No comentar ningún tema negativo para el gobierno, dejando eso para los ministros; 6. Hablar siempre de temas positivos y nunca negativos; 7 No participar en ningún debate público para evitar improvisar. Esto es algo que le encanta a Lula, pero en lo que suele resbalar, como cuando en una campaña de alfabetización se le escapó decir que él había sentido que su madre «naciera analfabeta»; 8. Explotar más su condición de presidente de la República que la de candidato electoral; 9. Evitar su presencia física en el comité que organiza la campaña para mantenerlo lejos de la financiación electoral; 10. Intentar enfriar la campaña ya que la oposición se encargará de calentarla sacando a relucir los escándalos de corrupción que salpicaron al gobierno y perjudicaron al PT. Para ello, tendrá que aparecer lo menos posible en público y limitarse a discursos escritos.
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