10 de noviembre 2009 - 00:00

25 años no es nada para Pimpinela y sus fans

Los hermanos Galán volvieron a darse todos los gustos en su  show «25 años entre amigos», para solaz de su público fiel que desbordó el Luna Park dos noches seguidas.
Los hermanos Galán volvieron a darse todos los gustos en su show «25 años entre amigos», para solaz de su público fiel que desbordó el Luna Park dos noches seguidas.
«25 años entre amigos». Pimpinela. Con D. Griffo (piano, dir. musical), D. Bergara (bajo), G. Moyano (guitarra), H. Ordanini (batería), P. Pupillo (teclados), V. Barnfather, S. Vitale (coros) y actores. Invitados: Soledad y Natalia Pastorutti, Valeria Lynch y Los Nocheros. (Estadio Luna Park, 6 y 7/11).

Los Pimpinela, vale decir, Lucía y Joaquín Galán, superaron todas las críticas y todos los prejuicios; transitaron estudios y escenarios por muchísimos años (en rigor, son veintiocho, aunque quede más redondo poner veinticinco en el título del show); tienen el suficiente humor como para reírse de sí mismos, y trascendieron ampliamente las fronteras de la música y de la canción para convertirse en personajes del espectáculo mundial.

Es por toda esa historia que pueden darse todos los gustos. Como armar la primera parte de su recital con un pequeño paso de comedia -mucama cubana y secuestro cinematográfico incluidos- en el que se burlan, cantando y también hablando, de sus propias limitaciones. También tuvieron invitados de distintos orígenes que se acoplan perfectamente a su estilo familiar y divertido (Soledad, su hermana Natalia Pastorutti, y Valeria Lynch, el viernes; Los Nocheros, el sábado). Plantearon un show de producción internacional, respaldado por una banda altamente profesional dispuesta en dos niveles y, consecuentemente, con una presencia escénica muy fuerte. Armaron una lista de temas con veintitantos títulos como «A esa», «Ese estúpido que llama», «Qué ganas de no verte nunca más», «Pega la vuelta», «Una estúpida más», etc., que son, en su gran mayoría, hits que pueden recordar aún aquellos que no soportan lo que hace el dúo de hermanos.

La fórmula resiste de sobra y el Luna Park desbordante por dos noches dio cuenta de eso, pese a que Joaquín siga sin poder cantar -en el sentido más literal del término- y se limite como de costumbre a balbucear sus partes, que Lucía no esté en su mejor momento vocal y los agudos empiecen a complicársele en la afinación.

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