“Acá hay mucho intelectual crónico”

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«Es muy difícil acceder al teatro sin el respaldo de la televisión. Ese es un padecimiento que conozco bien porque soy actriz, aunque ahora estoy más abocada a la dirección y para actuar, sólo acepto papeles que me gusten mucho», dijo a este diario Alicia Zanca, quien se dispone a estrenar dos espectáculos, justamente como directora. Para el viernes 20 de febrero se anuncia el debut de «Prueba de amor» de Roberto Arlt en la sala Beckett, y para el 21, el de «El jardín de los cerezos» de Anton Chejov en el Teatro El Vitral.
Además, Zanca volvió a ser convocada por el Complejo Teatral de Buenos Aires (donde ya dirigió varios títulos, entre ellos «El zoo de cristal», «Romeo y Julieta» y «Arlequín servidor de dos patrones»,) para dirigir una nueva versión de «La cocina» de Arnold Wesker en el Teatro Regio que se estrenaría en julio. También está en conversaciones con el productor Julio Gallo para traer a Buenos Aires «una obra para cuatro actrices que tuvo mucho éxito en Francia», de la que todavía prefiere no anticipar mucho más.
Periodista: Está estrenando dos obras muy diferentes en la misma semana. ¿Cómo hizo?
Alicia Zanca: En los dos casos, trabajé con gente de mi taller de actuación durante todo un año. Son actores muy bien preparados.
P.: Y por fin se animó a dirigir un Chejov...
A.Z.: Sí. Es mi autor predilecto. Después de «el zoo de cristal», Kive Staiff me había ofrecido dirigir «El jardín de los cerezos», pero en dos meses. No lo creí posible. Necesitaba dedicarle más tiempo, porque Chejov requiere de una interpretación actoral absolutamente verosímil. Estoy muy conforme con los resultados y el vestuario de época es bellísimo. Pertenece al Teatro San Martín y nos lo cedió muy amablemente Hernán Lombardi, porque esta obra se iba a ofrecer los domingos en el botánico con entrada gratis, pero al final no se pudo. También tenemos tres músicos del Colón tocando en vivo.
P.: ¿En eso también colaboró el ministro de Cultura Lombardi?
A.Z.: No, fueron los músicos los que dijeron: «queremos estar ahí». Les encantó la obra.
P.: «El jardín de los cerezos» habla de una profunda crisis social y de grandes cambios que se avecinan ¿Encuentra algún punto en común con la sociedad actual?
A.Z.: Chejov se plantea una utopía y dice: «Si yo no puedo lograr mi propósito, otros lo verán». Porque él vislumbraba un mundo mejor. También en «Tío Vania» insiste en que la humanidad va a mejorar.
P.: Hoy esos pensamientos no tienen mucha circulación.
A.Z.: Hay otras coincidencias. En la obra los intelectuales hablan y hablan y no hacen nada, lo mismo que pasa en la Argentina, donde hay mucho intelectual crónico. Otro punto en común, hay una clase que muere. Tal vez no sea la misma que en Chejov, pero así como en la obra hay una aristocracia terrateniente en decadencia; en la Argentina, es la clase media la que está por morir. En otro momento, el estudiante Trofímov, dice: «Odio a la gente bruta» y mira hacia la platea. «Todo nuestro país es un jardín y en cada hoja del jardín hay una mirada que nos juzgará». Y el esclavo dice: «Antes estaba mejor». ¿Cuándo? «Antes de la liberación». Dígame si esa frase no la escuchamos hasta el cansancio en la Argentina. Por algo Chejov es inagotable.
P.: ¿Y qué me dice de Roberto Arlt?.
A.Z.: ¡Ah, esta historia es una joyita! La estrenó en 1932. Trata de un hombre obsesionado en comprobar los verdaderos sentimientos de la mujer que ama. Y cuando él la pone a prueba es ella la que termina rechazándolo. Es interesante la vuelta de tuerca que le da Arlt al amor y al matrimonio. Ella está desesperada por casarse y él está muy bien económicamente y sin embargo. no sucede lo que uno esperaría.
P.: ¿No cambió mucho la noción de matrimonio desde la década del 30?
A.Z.: Las mujeres de hoy siguen soñando con casarse, aunque tengan independencia económica. Mientras que los hombres cuando se casan siempre se sienten un poquito...
P.: ¿Atrapados?
A.Z.: Sí. No olvidemos que el matrimonio es una institución ancestral que servía para unir tierras y propiedades y, bueno, algo de eso quedó. Por eso a mí me parece mucho más sincero no casarse por la ley. Porque, además, cada vez que te divorciás, perdés. Yo perdí varias veces la mitad de lo que tenía. Merecido o no, fue un desastre.
P.: ¿Adaptó «Prueba de amor» al mundo de hoy?
A.Z.: Voy a cruzar las dos épocas, ya que el tema trasciende el marco histórico. Por eso incluí al comienzo de la obra un video que le va a encantar a la gente. Es un trabajo que hicieron en Canadá con gente de todas partes del mundo hablando sobre el amor. Los testimonios son magníficos.
Entrevista de Patricia Espinosa

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